Aceiteros pelea bono salarial en un año donde el complejo agroexportador tuvo una de sus peores performances

Que si, que no. El gremio pide premio de fin de año y las empresas alegan haberlo abonaron durante el año. Los números de 2017, para la industria sojera, no fueron los mejores

El complejo sojero atravesó un 2017 muy complicado, convirtiéndose en uno de sus peores balances de las últimos años, ya que en la mayoría de sus productos y subproductos, sea porotos, harinas, aceites y biodiesel, las ventas resultaron menores a las del año pasado. Y en medio de este panorama, el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) insiste con que se pague un premio de fin de año que las empresas venían aportando a modo de “gratificación anual”, tal como lo señalan desde el gremio, aunque los industriales prefieren denominarlo tal como es, un premio.

Esta ocasión es atípica, pues el empresariado se niega a abonarlo y explica que con el aumento salarial en paritarias estaba incluido ese valor. Desde el gremio, está claro, lo niegan, y mientras insisten con que se trata de un derecho adquirido, aunque no incluido en el convenio colectivo de trabajo, los industriales intentan mantener firme su posición y explicar que, precisamente, se trata de un premio y que este año, por 2017, no fue un período de “bonanza” para el sector.

Si uno se adviene a los números y estadísticas, no dejan de tener algo de razón.

Los datos oficiales últimos datan al pasado 31 de octubre, y todo indica que durante los últimos meses del año pasada, nada varió en esa tendencia, incluso, la profundizó.

Los porotos tuvieron una disminución interanual del 17% en los primeros 10 meses del año, y hasta el 31 de octubre, el total exportado devengó 2.635 millones de dólares.

Una caída interanual similar tuvo la harina de soja, que cayó un 14,5%, al bajar a 7.125 millones de dólares.

Menor fue la merma con el aceite de soja, que bajó sólo 1,15% en los valores exportados, hasta alcanzar los 3.189 millones de dólares.

Lo del biodiésel merece un capítulo aparte, pues la restricción del mercado norteamericano marcí un antes y un después. Lo cierto es que también tuvo una caída en volumen, en este caso, del 4,1%.

Durante los últimos años, a excepción de 2015, donde se mezcló el proceso electoral presidencial, cada período cerró con un incremento en el volumen exportable, tanto en cantidad como valor (también hay que exceptuar 2009, el año en que la sociedad se dividió por las retenciones móviles al campo), lo que hizo que el sector se sostuviera, a pesar de las “dificultades” que el empresariado decía hallar con la política impuesta por el kirchnerismo para con este sector productivo en particular.

A saber: en 2008 se exportó por 21.919.850.891 dólares; en 2009, 16.198.645.201 (lo dicho, el año de las disputa entre el gobierno y el campo); en 2010, 22.228.931.266; en 2011, 25.133.393.782; en 2012, 23.069.014.717; en 2013, 23.208.541.446; en 2014, 24.143.756.928; en 2015, 19.963.406.485; en 2016; 23.910.393.560; y en 2017, 21.399.084.083 dólares.

La variación, entre 2016 y 2017, fue, en grueso, de casi el 12 por ciento. El récord sigue inamovible y se sitúa en 2011.

Sobre mediados de 2016, y tras un compromiso asumido por las agroexportadoras para adelantar divisas en concepto de retenciones, todo parecía indicar que el sector tendía a una reactivación. Y para eso, se sucedieron los anuncios de inversiones, de las cuales varias están en pie.

Los anuncios de nuevos rindes en cosechas y la línea trazada por el nuevo gobierno los alentaban. Sin embargo, cerrado 2017, los resultados no fueron los deseados.

Es cierto que obraron razones fortuitas, como el siniestro sucedido en la planta que Cofco posee en Puerto San Martín, y otras devenidas de una política internacional en el que Argentina no puede dejar de inmiscuirse, como la retracción de China, el gran comprador mundial, en los productos criollos o en la decisión de los norteamericanos de bajarle el pulgar al biodiesel fabricado mayormente en esta región del país.

Así y todo los empresarios son optimistas y apuestan a revertir este cuadro. Hoy la industria aceitera y la de todos los subproductos que giran alrededor de la soja, son una pata indispensable para el sostenimiento del trabajo y el crecimiento comercial en el Cordón Industrial. Por eso, la importancia para revertir este cuadro y recuperar los “rindes” de años anteriores.

 

 

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