La región necesita una concertación que contenga y venza los latigazos de la crisis económica nacional

Poderío industrial, generación de puestos de empleo y alta capacidad laboral son ítems indispensables para el desarrollo, que el Cordón Industrial posee. ¿Y por qué seguimos padeciendo conflictos?

Los coletazos de la crisis financiera y económica que padece el país comienzan a tener algunas réplicas en la región.

La caída en los índices de producción y la baja en el consumo, por un lado, más la decisión de reimplantar retenciones tributarias a la exportación de granos y subproductos, por el otro, generaron un marco de incertidumbre en el empresariado y de inseguridad entre los trabajadores.

Aunque no hay masividad, algunos despidos comenzaron a sucederse en la región, aunque la mayoría de ellos sean producto de situaciones coyunturales que por un mal económico generalizado. Pero son despidos al fin. Y lo mismo ocurre con algunas suspensiones o cargas laborales subsidiadas que nadie asegura hasta cuándo durarán.

Traducido en hechos pueden citarse las cesantías en Fabricaciones Militares Fray Luis Beltrán y la de los municipales de esta misma localidad, más atada a una razón política que económica; o la docena que se produjeron en Dow y que al final acabaron por canjearse en retiros voluntarios. También están las que se dieron en Nidera entre fines del año pasado y principio del actual y que respondieron a un proceso de reestructuración empresarial (junto a Noble hoy se transformaron en Cofco) y a la terrible explosión de toda una planta de despacho.

A ello puede sumarse las suspensiones en Guerrero Motos, la empresa sanlorencina dedicada al ensamblado de piezas en dos ruedas que viene perdiendo, desde hace algunos años, presencia en el mercado. O las cesantías de una veintena de empleados de la fábrica de electrodomésticos Liliana, de Granadero Baigorria, de los que el gremio (UOM) no dijo una sola palabra, aunque sí lo hicieron integrantes de una comisión interna de facción opositora.

Mención aparte para el cierre de Ar Zinc, ocurrido poco antes de la asunción del actual gobierno y a consecuencia de una política de desinversión empresarial y vuelco de las variantes de la comercialización internacional del mineral. Todo un combo que estaba preparándose para estallar, y así ocurrió, catapultando casi trescientas cargas laborales a la calle.

Otro asunto que merece mucha atención es el futuro de Buyatti, la aceitera de Puerto San Martín que quedó fuera del circuito industrial a razón de las dificultades de la actual comercialización de granos (algo similar al proceso de Ar Zinc) y, especialmente, por no ser una industria integrada. Desde hace años, sus dueños apostaron por alquilarla junto a todo su personal, y ello duró, con diferentes inquilinos, hasta este año cuando no renovaron contrato y ya no hubo nadie más interesado. La planta está cerrada desde hace meses y hay doscientas personas con una enorme incertidumbre laboral que por ahora cobran un porcentaje de sus salarios más un subsidio.

Este es el caso más complejo de todo el Cordón Industrial ya que concentra al grueso de los obreros caídos en desgracia.  El resto de los casos mencionados, en total, no llega al centenar.

Si se compara la situación con el resto del área del Gran Rosario, o con la provincia toda, las diferencias son abismales.

La titular del Ministerio de Producción de Santa Fe, Alicia Ciciliani, confirmó que hay entre 180 y 200 empresas que están en proceso preventivo de crisis, y que esa coyuntura “afecta a 15 mil trabajadores”.

Por su parte, el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Guillermo Moretti, coincidió en una mirada poco entusiasta del presente y futuro santafesino al destacar que, desde 2015 a la fecha “cerraron 400 industrias, de las que 240 lo hicieron este año”.

Por ello, anticiparse a un escenario harto conflictivo es una obligación que debe fijarse la clase dirigente local, sea política, empresarial, sindical y/o social, no solo para prever este tipo de situaciones, sino también para contener y corregir ese malestar que trasmiten algunos sectores, como el gremial, que la semana pasada impulsó un paro regional con relativo éxito y acatamiento.

Sostener la región con producción y empleo no es tarea sencilla, pero tampoco imposible.

Hoy se visualizan esfuerzos individuales en pos de mantener la paz social que bien podrían encauzarse en un plan programático que esté a la altura de las circunstancias y proyectado sobre la base de un consenso entre los principales actores de este juego.

Esa acción es, y vale la insistencia, obligación de nuestros dirigentes. Ya es hora que alguien comience con esa tarea que evite perder un tiempo precioso para conservar el potencial económico de esta región.

 

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