El PJ en San Lorenzo se fue de vacaciones y sigue sin definir candidaturas para la intendencia

El movimiento local atraviesa uno de sus peores momentos luego de las últimas y sucesivas debacles electorales. Hoy no tiene militancia, conducción, movilización y convocatoria

El movimiento local atraviesa uno de sus peores momentos luego de las últimas y sucesivas debacles electorales. Hoy no tiene militancia, conducción, movilización y convocatoria

Un movimiento político sin conducción, convocatoria y movilización está destinado al fracaso.

Hoy el justicialismo sanlorencino está sumido en una apatía casi absoluta y atraviesa uno de los peores momentos institucionales que se le recuerda en los últimos años.

Sus militantes más viejos recuerdan el post 2007 que posibilitó el arribo de Leonardo Raimundo a la intendencia y el alejamiento de Armando Traferri a la conducción local. Fue un momento complicado para el ex intendente que perdía su senaduría, y su esposa la intendencia; el traferrismo se corría y el PJ enfrentaba un nuevo modelo de conducción tras casi 20 años del modelo que supo encabezar solo un hombre.

El resultado fue lapidario porque después de mucho tiempo, desde las épocas de la proscripción, el partido se quedaba sin representación parlamentaria: en 2009 el oficialismo arrasó con tres de las cuatro bancas en juego, mientras que la restantes se la adueñó alguien de raíz peronista, Pedro Rodríguez, pero postulándose por fuera del partido.

Sin embargo, en ese entonces había algo de rebeldía en algunos que intentaban reconstruir el histórico movimiento venido a menos. Las pruebas mostraron que las buenas intenciones no alcanzaron y que cierta ingenuidad en aquellos que tomaron las riendas partidarias les hizo pagar un precio caro.

Después, Traferri regresó a la arena política, recuperó su banca en el Senado y retornó como referente indiscutido del peronismo en San Lorenzo, liderazgo que sostiene hasta hoy y a pesar de cada sucesivos fracasos electorales de los postulantes.

Desde ese 2007 hasta la fecha, el PJ logró una banca en el Concejo Municipal para Mariani (que repitió en 2011), otra para Reynaldo Díaz y una tercera y última para Alejandro Cabral, en 2015. Y en la intendencia se perdió con Mónica de la Quintana, con Roque Caballero y con Hugo Bruscaglia. Demasiado poco para un partido político como el PJ.

¿Cómo es posible que después de sujetar la conducción de la ciudad desde la recuperación de la democracia (también la gobernada antes del golpe cívico-militar de 1976) no pueda recomponerse y reasumir el liderazgo político y preferencia del electorado?

Quizás falte más voluntad, conducción, militancia y convocatoria, cualidades que el peronismo sanlorencino parece haber perdido.

Tras la figura de Traferri, dispuesto a disputar el frente provincial, nadie se atreve a sugerir una alternativa. Ni siquiera las organizaciones sindicales que, en varios casos, disponen de estructura, afiliados y poder económica como para jugar cualquier interna. Pero el movimiento obrero local y regional también está en una marcada línea de crisis dirigencial.

Por ello se entiende que en las últimas campañas se haya recurrido a personajes extra partidarios, con alguna simpatía mediática (Díaz, Bruscaglia, Cabral, De los Ríos y ahora Volpe) y con estrategias erróneas para seducir a un electorado que demostró, en más de una ocasión, que no le interesa que camiseta llevan puestas, sino que resuelve a base de resultados y conveniencia.

Cabe preguntarse, luego de todo esto, si el PJ de San Lorenzo ya tiene candidatos lanzados. Y la respuesta es negativa, a pesar que falten días para el cierre de listas. Todo lo contrario a lo que sucede en la provincia con tres postulantes lanzados: Omar Perotti, Marcos Cléri y María Eugenia Bielsa, cada uno representando a una línea distinta del movimiento.

Si se toma la performance de la última contienda, el partido repitió la historia de 2009 cuando no alcanzó banca alguna y encima acabó en un tercer lugar; en esta caso la primera minoría la encabezó Marcelo Remondino, un peronista que jugó por fuera de la estructura y que con una campañita austera y a base de constancia y militancia le arrebató ese sitio a la candidata del traferrismo.

¿Volverá Mónica de la Quintana a postularse? Fue la última que más voto recogió a favor del PJ. Y desde entonces pasaron doce años con una ciudad que creció en su número de electores. ¿Será el mediático Bruscaglia quien intente repetir lo del 2015 cuando repuntó con algunos puntos la pobre campaña de 2011 y 2013? ¿Qué resolverá Traferri?

A días del cierre de listas, la conducción partidaria sigue sin convocar a reuniones de sus referentes para establecer alguna estrategia electoral. Y no se entiende semejante inacción sino desde una crisis dirigencial.

Hasta ahora, el PJ local no mostró evidencias para querer revertir una historia de derrotas que viene escribiendo desde hace más de una década.

 

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