La Fundación Dalí pone en manos de abogados las máscaras de ‘La casa de papel’

Hasta ahora había que tener valor para atusarse el bigote a la manera de Dalí; a partir de ahora quizá habrá que tener también un dinero previsto para las posibles consecuencias.


Y es que la Fundación Gala-Salvador Dalí ha puesto en manos de sus servicios jurídicos la utilización de una máscara inspirada en la chiflada decoración pilosa del artista en la serie ‘La Casa de Papel’, producida por Atresmedia Corporación y que luego adquirió Netflix. Según ha avanzado el diario ‘El País’ y ha confirmado la fundación, esta está trabajando para “regularizar los usos del derecho de imagen” del pintor ampurdanés. Una regularización que en la práctica pasa por pedir una autorización para utilizar su imagen.

Las negociaciones se están haciendo a dos bandas tanto con Atresmedia Corporación (que produjo la serie en colaboración con Vancouver Media) como con Netflix y la voluntad es, según la entidad, llegar a un acuerdo. La máscara, que se ha popularizado en internet, es la que utilizan el grupo de atracadores de la serie para esconder sus identidades. Según el diario, los responsables de la serie defienden que no tienen que pedir permiso porque “es una caricatura”.

Dalí creó en 1983 la fundación que lleva su nombre y el de su musa Gala con el objetivo de “fomentar, proteger y defender el legado del artista”. La institución también tiene asignada la gestión “en exclusiva” en España de los derechos inmateriales derivados de la obra y del propio Dalí. Según fuentes de la fundación, cuando se tiene conocimiento de que “estos derechos se han vulnerado”, se intenta “reconducir la situación exigiendo que se regularicen los usos no autorizados”. Y esto es precisamente lo que está haciendo con Atresmedia Corporación, productora de la serie ‘La Casa de Papel’ y Netflix, que adquirió la producción y la distribuyó por todo el mundo. El grupo de atracadores de la serie utilizan una máscara inspirada en el genio con los particulares bigotes que caracterizaban Dalí.

Según ‘El País’, los responsables de la producción creen que no tenían que pedir permisos para que la máscara es una “caricatura” del pintor pero la fundación no lo ve así y lo ha puesto en manos de sus servicios jurídicos.

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