Comenzó al juicio al violador que se hacía pasar por policía


“Le dije que no, que no; que le daba el celular, la plata que tenía encima, pero que no me hiciera nada”.

El llanto acompañó todo el relato de A. R., la chica de 22 años que tenía 18 recién cumplidos cuando fue víctima de Luis Marcelo Escobar, el sindicado abusador serial de 42 años que se hacía pasar por policía para subir chicas a su auto y someterlas, entre 2014 y 2016.

La víctima fue la primera en la seguidilla de casos que investigó la Unidad Fiscal de Delitos Sexuales, desde abril de 2014. Ayer, se sentó frente al tribunal presidido por la jueza María Isabel Mas Varela y relató el hecho que le “arruinó la vida”. Hoy, vende ropa por su cuenta porque tiene miedo de salir a buscar trabajo, de subirse sola a un remis y hasta de ver a sus amigas.

“Vengo a contar lo que me pasó porque no quiero que le pase a otra chica; quiero que se haga justicia”, reclamó la joven que aquel día esperaba el colectivo cerca de donde vivía, en San Martín y Garibaldi.

La fiscal Carla Cerliani pidió la pena de 50 años de prisión por 11 abusos sexuales con acceso carnal agravados por el uso de arma de fuego; otros dos sin arma; dos, en grado de tentativa; dos abusos simples agravados por el uso de arma y abuso simple. También le achacó amenazas de muerte a su suegra, desde el penal de Coronda. A pedido de las partes, el Tribunal no permitió que la prensa tome imágenes del imputado, como está permitido en la mayoría de los juicios orales y públicos.

Escobar vivía en San Nicolás, donde tenía un programa de radio local y hacía algunos trabajos de locución. “Gordo, petiso, de ojos color miel y barba candado”, describían las víctimas de las zonas sudoeste y noroeste de Rosario, sobre el agresor sexual que decía ser policía para llevarlas a la dependencia de drogas peligrosas, porque seguía una investigación donde podrían estar implicadas.

“Se frenó donde yo esperaba el colectivo. Se bajó y cruzó, vestido de policía: tenía zapatos y toda la ropa negra, arma y esposas en la cintura, y un handy en la mano. Me preguntó si había visto a dos chicos en moto y una chica que les vendía droga. Le dije que no. Me pidió el DNI y me mostró una credencial. Dijo llamarse Diego, y que lo tenía que acompañar a drogas peligrosas; pero yo le pedí que me deje llamar a mi abuela, porque vivía con ella. El tenía el handy por donde hablaba con otra persona a quien le pasó mis datos. Me pidió el fijo de mi abuela y habló con una mujer, pero no era ella. Yo creí que era mi abuela. Le decía que se quede tranquila, que me iban a llevar a comisaría y después a la casa. Mientras, me hizo seña de que me suba al auto. Confié porque pensé que era policía. No se escuchaban casos como ahora de muertes de chicas”, sollozó.

Una vez en el auto, dobló en San Martín y le preguntó si tenía novio. “Le dije que no y que no venía al caso. Dijo que era para tener tema de conversación hasta llegar. Dobló en Uriburu, pasó Grandoli y frenó. Ahí me dijo ‘vamos a arreglar entre nosotros’; y yo le pregunté ¿qué cosa? Le ofrecí plata, el celular. Dijo que me bajara del auto, que apague el celular. Yo no podía abrir la puerta porque estaba hecha mierda. No podía salir corriendo, lo intenté. Me abrió la puerta con el arma en la mano. Dijo que era una zona peligrosa y que iba a sacar el gato del auto para que parezca que lo estaba arreglando. Yo le decía que por favor no me haga nada, que le daba plata, mi celular. Me agarró el brazo, forcejeando. Le dije que no. Me dijo que me apurara y me subió a empujones a un tapial; que me saque la remera para revisar si tenía droga. Le dije que no. ‘Dale que soy de pocas pulgas así que apurate’, me dijo. Me manoseó toda y dijo que me bajara el short, que me iba a tocar a ver si tenía droga dentro mío. Yo le decía que no, que no”, declaró la piba frente al público estremecido. “De vuelta le ofrecí plata, el celular. Pero dijo que quería 10 minutos conmigo, que lo disfrute un ratito y me penetró”, dijo antes de romper en llanto.

“Confié porque pensé que era policía.

No se escuchaban casos como ahora de

muertes de chicas”, dijo la víctima”

La víctima relató que sin saber cómo logró salir corriendo y vio que el agresor agarró el arma. “No sé si para pegarme un tiro”, dudó. “Me escondí y esperé. Cuando me asomé ya no estaba, me cambié y me fui a Grandoli, a los Fonavi, corriendo. Le dije a un hombre que tenía remis que me habían robado, que tenía poca plata, que me disculpe, pero si me podía llevar a la casa de una amiga que estaba cerca. A ella también le dije del robo, no le pude contar hasta la hora de dormir, me daba vergüenza, pero me pidió que confiara y con su mamá llamaron a mis padres que me fueron a buscar para hacer la denuncia.

RevictimizaciónA. describió otro maltrato que tuvo que padecer. “En la Comisaría de la Mujer me trataron re mal. Estaba incomunicada. Me dijeron que me iban a preguntar lo que pasó a ver si yo estaba diciendo la verdad. Yo no quería tener esa ropa encima, no podía hablar con mis papas. Entró una policía, le conté lo que pasó y me dijo ‘ahora va a venir otra a preguntar lo mismo’. Fueron como 4. Hasta que les pregunté cuántas veces, si todas trabajaban ahí; y dijeron que querían saber si yo mentía. Después me revisaron y tomaron muestras. Después fuimos al lugar del hecho con una policía y mi mamá. Yo le mostré dónde fue, pero ya era de día y no podía indicar bien por dónde corrí después, entonces la policía me dijo ‘trata de acordarte porque sino lo damos por falso’; pero les expliqué que no podía pensar, estaba muy nerviosa”.

La víctima aseguró que su vida cambió. “No tengo más amigos, solo estoy con mi familia. Se me acerca un hombre y me da pánico. Si veo un policía quiero salir corriendo. No puedo dormir pensando que se me va a aparecer él. Esa cara nadie me la va a borrar. No quiero que a nadie más le pase. Gracias a mí, todas las chicas están hablando”, se esperanzó. 

Acusación. Cerliani habló de “hachos atroces” y dio una por una las fechas, nombres y edades de las víctimas, y el tipo de ataque que sufrieron por parte de Escobar. El último fue el del 16 agosto de 2016, a las 18.15 cuando una nena de 14 años salía de la escuela de barrio Acindar. La llevó a Rouillón y Maradona y allí la abusó. Unos días después el agresor fue arrestado y las pruebas evidenciaron otros 17 casos de “extrema violencia” que provocó un “quiebre en la vida” de las jóvenes víctimas. A lo largo del mes, una por una declarará frente al Tribunal. Todas menos una, pidieron hablar sin la presencia del acusado en la sala, que puede ver los testimonios a través de una pantalla en una habitación contigua.

Fuente: Rosario 12

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