En una historia que parece salida de las crónicas de realismo mágico, Carlos Garat, un escribano de Rosario, supo ver en la tierra marginal un futuro que nadie imaginaba. A finales de los años 90, el acceso centro de San Lorenzo era poco más que un descampado, un paisaje dominado por dos vías de tren y el camino al cementerio. Pero donde otros veían abandono, Garat vio oportunidad. Mediante el uso de usucapión, un mecanismo legal que permite obtener la propiedad de un terreno tras ocuparlo ininterrumpidamente durante un tiempo, fue apropiándose de grandes extensiones de tierra y dándoles un nuevo destino: la construcción de un country privado.
Lo que comenzó como una idea disparatada, con caminos de tierra y una ubicación inhóspita, tomó forma con la inauguración de la bajada de la autopista de calle Urquiza en 2013, convirtiendo a Portal del Sol en un barrio codiciado. Nuevas familias llegaron con la promesa de terrenos amplios, seguridad y todos los servicios, comprando parcelas que, según la página web oficial del barrio, contaban con infraestructura completa.
Sin embargo, la realidad fue muy distinta.
El engaño detrás de la urbanización
Desde su fundación, Portal del Sol funcionó con un solo medidor de obra, una solución temporal que nunca fue reemplazada por la infraestructura definitiva. Carlos Garat, en lugar de garantizar la instalación de un transformador para un servicio estable, se convirtió en un intermediario eléctrico improvisado, cobrando tarifas a los vecinos de manera arbitraria y con criterios poco claros. La situación era tan precaria que algunos propietarios terminaron vendiendo y huyendo del barrio.
La falta de escrituración de las propiedades sumó otro problema grave. La mayoría de los vecinos no pudieron obtener títulos de propiedad y se encontraron atrapados en un limbo legal, mientras Garat recurría a maniobras judiciales para bloquear cualquier intento de regularización.
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Además, la instalación de la estación de servicio YPF en la entrada del barrio fue otro punto de conflicto, no solo por el impacto visual en la entrada del country, sino porque evidenció que el desarrollador priorizaba sus negocios personales sobre las necesidades básicas de los residentes.
El hartazgo de los vecinos y una protesta histórica
Después de años de reclamos sin respuesta, la paciencia de los vecinos se agotó. Cansados de vivir con cortes de luz constantes y de pagar facturas sin transparencia, decidieron cortar el acceso a la YPF propiedad de Garat, bloqueando la entrada de vehículos en protesta.
El reclamo no era solo por la electricidad. Era un grito de indignación por las promesas incumplidas, por la ausencia de escrituras, por la falta de infraestructura y por haber sido engañados durante casi treinta años.
La protesta dejó en evidencia las irregularidades que rodean el desarrollo de Portal del Sol y encendió alarmas sobre la falta de control en los proyectos inmobiliarios de la región.
¿El fin de la impunidad?
Lo que comenzó como un desarrollo visionario en tierras olvidadas, hoy se enfrenta a un conflicto legal y social que pone en jaque su futuro.
La pregunta es si Carlos Garat finalmente regularizará la situación del barrio o si continuará aferrándose a maniobras legales para sostener su imperio construido en la sombra de la usucapión y la precariedad.
Lo único seguro es que los vecinos de Portal del Sol han decidido no callar más.