Xiomara fue diagnosticada a los dos años de vida y, desde entonces, atravesó un largo camino de consultas con neurólogos, estudios y distintos esquemas de medicación sin lograr controlar completamente las convulsiones. Durante los momentos más críticos, llegó a sufrir entre 20 y 30 crisis diarias, lo que generó un profundo impacto en su desarrollo neurológico.
Como consecuencia de la enfermedad, la niña perdió el habla, presenta microcefalia, dificultades severas en el desarrollo y requiere asistencia permanente para alimentarse y realizar actividades básicas. Actualmente, pese a los tratamientos en curso, continúa registrando entre tres y cuatro convulsiones diarias.
Ante la falta de respuestas efectivas dentro del sistema de salud tradicional, madre e hija fueron seleccionadas para acceder a un tratamiento alternativo con Cytotron en la ciudad de Monterrey, México, una terapia que podría reducir significativamente la frecuencia de las crisis y mejorar su calidad de vida.
El principal obstáculo para concretar el viaje es económico. Los costos de traslado, estadía y tratamiento superan ampliamente las posibilidades de la familia, por lo que Magalí decidió apelar a la solidaridad de la comunidad y dar a conocer el caso a través de redes sociales.
Para reunir los fondos necesarios, la familia anunció que organizará rifas, bingos, torneos solidarios y distintas actividades comunitarias, al tiempo que solicita difusión y colaboración para poder llegar a destino cuando se confirme la fecha del tratamiento.
“Creemos que este tratamiento puede ayudarla mucho y darle una mejor vida”, expresó la madre, quien remarcó que cada aporte y cada difusión suman para acercar esta oportunidad.
El caso generó una fuerte repercusión en redes sociales y vuelve a poner en evidencia el valor del acompañamiento comunitario frente a situaciones de salud complejas, donde la esperanza muchas veces se construye gracias a la solidaridad colectiva.







