El número refleja el fuerte deterioro productivo que atraviesan el centro y sur de la región pampeana, especialmente el sur de Santa Fe y el centro-este bonaerense, zonas que vienen padeciendo déficit hídrico. Sin embargo, el impacto negativo está siendo compensado por el buen desempeño del oeste, el centro norte y el norte argentino, donde los cultivos muestran rindes por encima de la media.
Días decisivos para la soja
El cultivo transita un período crítico. Lo que ocurra con las lluvias en los próximos 10 a 15 días será determinante para sostener el piso productivo y evitar nuevos recortes en las áreas más afectadas.
En la franja este del país —con foco en el sur de Córdoba, sur de Santa Fe y centro-este de Buenos Aires— se necesitan al menos 40 milímetros en los próximos siete días y otros 40 mm adicionales en la semana siguiente para estabilizar la situación. En paralelo, las tormentas deberían consolidarse sobre el oeste y centro norte de Córdoba y Santa Fe, además del norte argentino, donde los cultivos mantienen mejores condiciones.
Las precipitaciones comenzaron a aparecer con mayor frecuencia durante febrero, tras el desplazamiento del centro de alta presión que afectaba a la región núcleo. Si bien se trata de lluvias aisladas y erráticas, los acumulados han ganado intensidad en la última semana y los pronósticos mantienen una tendencia alentadora, aunque con elevada volatilidad.
En Entre Ríos, por ejemplo, la situación sigue siendo delicada, con rindes proyectados en torno a 19 qq/ha, aunque con posibilidad de mejora si se concretan las tormentas previstas.
La soja de segunda, la más comprometida
El panorama es particularmente complejo para la soja de segunda. El antecedente de un “supertrigo”, con rindes excepcionales, dejó perfiles de suelo muy exigidos en humedad, lo que profundizó el impacto de la sequía.
En muchas zonas del centro del país el cultivo “no supera la altura del rastrojo”, según describen asesores técnicos. Los rindes potenciales muestran caídas de entre 20% y 60%, y se estima un área no cosechable de 310.000 hectáreas.
El rinde promedio nacional se calcula en 30,8 quintales por hectárea, cifra que permitiría alcanzar las 48 Mt. De concretarse ese volumen, la producción sería 1,5 Mt inferior a la campaña pasada, que cerró en 49,5 Mt.
Comparación con el ciclo anterior
A diferencia de la campaña 2023/24, las temperaturas fueron más moderadas y no se registraron múltiples olas de calor consecutivas. Además, la siembra comenzó con perfiles cargados e incluso con recuperación de napas en varias zonas, lo que marcó una diferencia estructural respecto del año anterior.
En 2024, tras dos meses prácticamente sin lluvias, la recuperación hídrica se produjo a partir de mediados de febrero y permitió un salto productivo histórico: la estimación pasó de 46 Mt a una cosecha final de 49,5 Mt.
Ese antecedente mantiene abierta la posibilidad de una mejora si las lluvias se consolidan en las próximas semanas.
Santa Fe encabeza los rindes
Pese a la sequía que todavía afecta el sudeste provincial, Santa Fe lidera el ranking de rindes con una estimación de 35,2 qq/ha, cifra similar a la del ciclo anterior. Las buenas lluvias en el centro y norte provincial compensan las pérdidas en la zona de influencia del Gran Rosario y Casilda.
Le siguen Córdoba, con 31,5 qq/ha y margen de mejora, y Buenos Aires, con 31,2 qq/ha, donde el resultado dependerá del comportamiento climático en el sudeste.
Para el complejo agroexportador del Gran Rosario —que concentra la mayor capacidad de molienda y embarque del país— el número final de la soja será determinante para el ingreso de divisas y la dinámica logística en los puertos del Up River.
Maíz: se sostienen las 62 Mt
En paralelo, la estimación de maíz se mantiene en 62 millones de toneladas, sin cambios respecto del mes anterior. Las lluvias previstas serán claves para la floración de los maíces tardíos, especialmente en Córdoba y Buenos Aires.
En el norte argentino se detecta presencia de chicharrita, aunque en niveles históricos y bajo monitoreo, sin señales de alarma como en campañas previas.
Con un área sembrada de 9,75 millones de hectáreas y 8,05 millones destinadas a grano comercial, la producción maicera representaría un crecimiento interanual del 24%.
El clima vuelve a ser el árbitro de la campaña. En un escenario de lluvias erráticas y alta volatilidad, la soja argentina todavía tiene margen para consolidar su piso productivo, pero el desenlace dependerá de lo que ocurra en las próximas dos semanas.







