La situación en Ricardone sumó un capítulo de extrema gravedad técnica y humana. En una vivienda de calle Bianchi al 600, se constató un acto de crueldad utilizado como mensaje directo: el gato de la propietaria fue asesinado y colgado de una sombrilla de paja en el patio trasero. Sin embargo, lo que más inquieta a la comunidad es la precisión con la que se planificó el hecho para garantizar la impunidad.
Una maniobra coordinada
Según consta en el parte policial, la víctima y sus vecinos denunciaron una falla masiva y sospechosa en sus sistemas de vigilancia. Todas las cámaras de seguridad del sector dejaron de registrar actividad entre la 01:00 y las 07:00 de la mañana.
Lo que descarta un desperfecto común es que:
- No hubo corte de energía: El suministro eléctrico fue normal durante toda la madrugada.
- No fue un fallo de red: Los vecinos cuentan con diferentes empresas prestadoras de internet, por lo que una caída técnica generalizada queda prácticamente descartada.
Mensaje de impunidad
Esta interrupción coordinada de la tecnología de vigilancia sugiere que quienes ingresaron al domicilio contaban con los medios para inhibir o sabotear los sistemas de seguridad de forma masiva. La maniobra permitió que los atacantes saltaran el tapial, cometieran el acto de crueldad y se retiraran sin dejar registro fílmico.
El hecho se da en un clima de fuerte reclamo hacia la fiscalía de San Lorenzo. Los vecinos aseguran que la falta de peritos y de medidas de protección para los testigos ha dejado la zona vulnerable, permitiendo que quienes buscan silenciar las denuncias por el crimen de “Negrita” actúen ahora con una sofisticación que supera cualquier hecho de vandalismo común.







