Décadas de improvisar

“Argentina no tiene un plan estratégico para el agro”: la dura advertencia de Soledad Aramendi sobre el futuro del sector

“Argentina no tiene un plan estratégico para el agro”: la dura advertencia de Soledad Aramendi sobre el futuro del sector

En una entrevista con Marcelo Fernández para Fisherton Plus, la vicepresidenta de la Sociedad Rural de Rosario analizó el "salto cuántico" que dio Brasil frente al estancamiento local. Reclamó una reforma tributaria integral, mayor infraestructura hídrica y denunció la complicidad judicial ante el aumento de los robos de ganado en la región.

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En una entrevista con Marcelo Fernández para Fisherton Plus, la vicepresidenta de la Sociedad Rural de Rosario analizó el "salto cuántico" que dio Brasil frente al estancamiento local. Reclamó una reforma tributaria integral, mayor infraestructura hídrica y denunció la complicidad judicial ante el aumento de los robos de ganado en la región.

En una entrevista de fondo con Marcelo Fernández para el canal Fisherton Plus, María Soledad Aramendi, vicepresidenta de la Sociedad Rural de Rosario, trazó un diagnóstico severo sobre la falta de rumbo estructural que padece el sector agropecuario argentino. La dirigente advirtió que, a pesar de las expectativas que genera el actual rumbo económico hacia la unificación cambiaria, el país carece de un plan estratégico de largo plazo que permita al sector despegar de la misma forma que lo hizo Brasil en las últimas décadas.

El espejo de Brasil y la necesidad de una reforma tributaria integral

La brecha con el país vecino fue uno de los ejes centrales de la charla, donde Aramendi explicó que Brasil dio un salto cuántico gracias a una política de Estado orientada al desarrollo de la producción y el arraigo en el territorio. Mientras que en Argentina el campo ha sido tratado históricamente como una fuente de recursos para financiar al Estado, Brasil invirtió en infraestructura hídrica, vial y ferroviaria, además de implementar desgravaciones impositivas para la inversión en tecnología que hoy marcan la diferencia en el stock ganadero y los rindes agrícolas.

En materia tributaria, la representante de la Rural de Rosario fue categórica al solicitar una reforma que vaya mucho más allá de la baja de retenciones. Según detalló, es imperativo terminar con los saldos técnicos de IVA y los anticipos de ganancias que hoy funcionan como un subsidio forzado de los productores hacia el Gobierno. Aramendi subrayó que estos recursos deben quedar en manos del productor para reinvertir en la actividad, señalando que la burocracia impositiva actual es una de las principales trabas para la microeconomía del sector.

Logística, seguridad y el rol político del empresariado santafesino

La infraestructura logística también ocupó un lugar destacado, enfatizando que la hidrovía es una pieza clave para la competitividad del Gran Rosario, ya que sus costos inciden directamente en el precio que recibe el productor. Criticó que no se esté encarando el tema con la profundidad técnica necesaria ante una licitación que se proyecta a 30 años, y planteó la necesidad de usar el agua dulce del río Paraná para riego y consumo humano mediante obras estratégicas que hoy están ausentes.

El clima de inseguridad en las zonas rurales fue otro de los puntos de mayor preocupación, donde la dirigente denunció el reciente robo de 190 animales en Santa Teresa. Este hecho de magnitud excepcional evidencia un sistema donde la justicia parece ser cómplice por su inacción, ya que existen denuncias con nombres puntuales que no prosperan. Esto genera un sentimiento de desprotección total en el productor que debe decidir si seguir invirtiendo o abandonar el campo por la falta de garantías mínimas.

Finalmente, la vicepresidenta de la Sociedad Rural de Rosario hizo un llamado a la participación política del empresariado local, citando como ejemplo el poder de organización del G7 en Córdoba. Instó a los productores de Santa Fe a unirse para dejar de ser espectadores, considerando que la construcción de políticas públicas transversales es el único camino para garantizar que los cambios económicos se transformen en una política de Estado que trascienda los colores políticos de turno.