El escenario para la campaña de trigo 2026 se presenta con desafíos estructurales que obligan al productor a recalcular cada paso. Según un reciente informe de la consultora FyO, el precio de la urea ha quebrado la barrera de los 900 dólares por tonelada, impulsado principalmente por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y la volatilidad en el suministro desde la región del Golfo. Este encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados, que dependen fuertemente de los costos energéticos, no da señales de tregua en el corto plazo.
La mayor preocupación radica en el deterioro de la relación insumo-producto. Los datos de la consultora revelan que hoy se puede comprar un 70% menos de fertilizante con la misma cantidad de trigo en comparación con el año pasado. Esta pérdida drástica de poder de compra del cereal sitúa a los márgenes operativos en una zona crítica, transformando la variable del financiamiento en el principal motor de los negocios, incluso por encima del precio de venta.
Frente a esta “asfixia” de costos, el informe de FyO destaca que el mercado ya no espera bajas inminentes, lo que está forzando un cambio de paradigma productivo. Ya no se trata únicamente de aplicar mayores cantidades para asegurar rinde, sino de priorizar la eficiencia fisiológica del cultivo y optimizar el uso de cada kilo de nitrógeno. En este contexto, la tecnología y el enfoque en la nutrición de precisión se vuelven herramientas de supervivencia ante un mercado internacional que sigue tensionando la logística y la previsibilidad financiera del agro nacional.








