La magnitud de la riqueza que genera el suelo argentino suele medirse en dólares o en toneladas, pero en el Gran Rosario la verdadera escala se percibe en la saturación del asfalto. Al promediar mayo de 2026, los registros oficiales confirman que 850.000 camiones ya descargaron sus granos en las terminales del cordón, consolidando una marea logística que desafía cualquier lógica de infraestructura previa. Para dimensionar este fenómeno, basta un ejercicio geográfico: si estacionáramos esas 850.000 unidades una detrás de otra, la fila resultante se extendería por 17.000 kilómetros, uniendo físicamente la ciudad de Ushuaia con el corazón de los Estados Unidos. Esta “serpiente de acero” representa la potencia exportadora del país, pero también expone la fragilidad de un sistema que opera al límite de sus posibilidades.
Este movimiento incesante, traccionado principalmente por el avance de la cosecha en la Región Núcleo, ha transformado a las rutas de San Lorenzo, Puerto General San Martín y Timbúes en el escenario de una tensión diaria. El contraste es brutal: mientras el sector privado proyecta infraestructuras de vanguardia, como el Complejo Portuario Industrial Molinos Timbúes, que demandará una inversión de USD 800.000.000 aprobada recientemente por la Ordenanza Comunal 051/2026, los transportistas deben navegar por arterias nacionales y provinciales que carecen de mantenimiento básico. Las denominadas “trampas mortales”, como las Rutas 34 y 65, concentran hoy un tráfico central que llega desde el NEA y el NOA bajo condiciones de seguridad vial deplorables, con calzadas sin marcación y baches que convierten el traslado de la cosecha en una actividad de altísimo riesgo.

La paradoja del sistema se profundiza al analizar el consumo energético de esta logística monumental. Se estima que la cadena granaria demandará este año más de 2.500 millones de litros de combustible, de los cuales la mayor parte se destina al transporte por camión. Sin embargo, mientras el país quema divisas importando gasoil para mover esta fila de 17.000 kilómetros, las plantas de biocombustibles instaladas en la misma región operan a niveles mínimos. Según denuncias del sector aceitero, la normativa vigente mantiene la capacidad productiva del Gran Rosario utilizada en apenas un 7%, impidiendo que los propios granos que llegan en esos camiones se transformen en la energía limpia y soberana que el transporte necesita para bajar costos y reducir el impacto ambiental.
En este escenario de luces y sombras, la apuesta de Molinos Agro en Timbúes aparece como un faro de previsibilidad. El proyecto, que prevé generar al menos 350 puestos de trabajo directos , contempla la construcción de muelles aptos para buques de gran calado y una capacidad de molienda que posicionará a la localidad como el centro de oleaginosas de mayor escala global. La sanción de la ordenanza por parte de la gestión de Antonio Fiorenza no solo habilita una obra civil, sino que ratifica al Cordón Industrial como el epicentro estratégico del comercio exterior argentino. El desafío para el resto del 2026 y de cara al 2027 será lograr que la inversión pública en caminos y una nueva ley de biocombustibles acompañen este empuje privado, para que la “fila continental” de camiones deje de ser una anécdota de colapso y se convierta definitivamente en el motor de un desarrollo sostenible y seguro para toda la región.







