La noche del sábado 6 de mayo de 2023 , un allanamiento simulado en Barrio Mitre de la ciudad de San Lorenzo rompió el silencio de la noche. A las 20:10 horas , una ráfaga de detonaciones proveniente del interior de una vivienda ubicada en las inmediaciones de Rivadavia 1310 —identificada en los registros de llamadas también bajo la arteria 7 J Jefes 1831 — no representaba un hecho aislado de inseguridad urbana, sino el desenlace de una feroz y sistemática disputa territorial de narcocriminalidad.
Allí, un hombre de la tercera edad, Vicente del Valle Silvera, de 75 años , caía desplomado en el suelo de su propio dormitorio principal tras recibir cinco impactos de bala. A pocos metros, su nieto, Agustín Tomás Silvera, un menor de apenas 13 años , se debatía entre la vida y la muerte con un proyectil incrustado en el tórax.
Durante tres años, el expediente penal que investigaba este asesinato pareció deambular en los laberintos de la justicia camino a la impunidad. Sin embargo, en mayo de 2026 , la investigación penal preparatoria dirigida por el fiscal de la Sede San Lorenzo del Ministerio Público de la Acusación (MPA), Dr. Aquiles Balbis, dio un vuelco definitivo. El funcionario judicial logró sentar en el banquillo de los acusados a Joana María Monzón y a su pareja, Darío Rubén Correa, alias “Beco”, desnudando una de las tramas criminales más complejas, despiadadas y detalladas de la historia criminal de la región.
La pieza clave no solo radicó en los testimonios presenciales de las víctimas que sobrevivieron a la masacre , sino en una monumental recopilación de evidencias técnicas que incluyó peritajes forenses, filmaciones bancarias , análisis de dispositivos móviles donde los sicarios ensayaban los crímenes y, fundamentalmente, la transcripción de escuchas telefónicas en tiempo real captadas desde las cárceles de Coronda y Piñero. Estos audios revelan con precisión milimétrica cómo la cúpula de una organización dedicada a la venta de estupefacientes ordenó vaciar la casa de las víctimas, armar a los ejecutores y simular un operativo de las fuerzas de seguridad para perpetrar el exterminio de sus rivales.
El hecho: crónica de una ejecución con chalecos antibalas policiales
Aquel 6 de mayo de 2023 , la familia Silvera se encontraba en el interior de su vivienda. En la propiedad estaban Vicente Silvera, su hijo Jorge Raúl Silvera y el pequeño Agustín. La rutina familiar se interrumpió de golpe cuando un estallido violento sacudió la puerta de acceso principal. Al menos tres hombres jóvenes derribaron la abertura de una patada. Llevaban colocados chalecos tácticos, gorras con la inscripción de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) y esgrimían armas de fuego de grueso calibre.
Para anular cualquier capacidad de reacción y ganar segundos fundamentales, los atacantes ingresaron al grito ensordecedor de “¡Policía, Policía!”. Jorge Raúl Silvera, al percatarse de la violencia de la irrupción, reaccionó por puro instinto de supervivencia: se arrojó al suelo y logró deslizar su cuerpo debajo de un sillón de la sala de estar. Desde esa posición oculta, observó cómo el grupo armado avanzaba sin detenerse directamente hacia el sector de los dormitorios.
Los delincuentes, munidos con pistolas calibre 9 milímetros , abrieron de forma intempestiva la puerta de la habitación principal. Sin mediar palabra, comenzaron a gatillar de manera indiscriminada. En total, abrieron fuego en al menos nueve oportunidades dentro del cuarto.

Vicente del Valle Silvera recibió cinco impactos de proyectil que perforaron su región lumbar, la pelvis, el dorso y sus miembros inferiores. Su nieto Agustín, buscando escapar de las balas, intentó guarecerse debajo de la estructura de la cama, pero uno de los plomos lo alcanzó de lleno en la región pectoral, con un orificio de salida en la zona escapular.
Una vez cumplido el objetivo de la ráfaga, los falsos policías emprendieron la fuga a pie hacia la calle. Jorge Raúl Silvera salió detrás de ellos y pudo certificar visualmente que no se trataba de efectivos de ninguna fuerza de seguridad. Los sicarios subieron a un vehículo utilitario de color blanco, presumiblemente una Renault Kangoo o Peugeot Partner. No obstante, la logística del escape sufrió un desperfecto técnico imprevisto: a los pocos metros del lugar del hecho, el motor de la utilitaria se detuvo por completo.
Ante la emergencia, los ejecutores descendieron rápidamente y abordaron un segundo automóvil de apoyo que aguardaba en las inmediaciones: un Toyota Corolla de color gris. Con las cubiertas ardiendo sobre el pavimento, el vehículo aceleró con rumbo desconocido, dejando atrás un escenario de muerte y desolación.
Vicente Silvera y su nieto Agustín fueron trasladados de urgencia en primera instancia al Hospital Granaderos a Caballo de San Lorenzo por el personal del Comando Radioeléctrico Central. Debido a la extrema gravedad de su cuadro clínico, el anciano fue derivado de inmediato al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Sin embargo, los esfuerzos médicos resultaron estériles: Vicente Silvera falleció pocas horas después. Por su parte, el menor sobrevivió milagrosamente tras permanecer internado en estado crítico en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI).
El trasfondo: narcocriminalidad y disputa territorial de clanes
La hipótesis del caso presentada formalmente por el fiscal Aquiles Balbis sitúa este homicidio calificado en el marco de una violenta y sangrienta disputa por el control territorial de las bocas de expendio de sustancias estupefacientes en el Barrio Norte de San Lorenzo. La investigación determinó que los imputados Joana María Monzón y Darío Rubén Correa forman parte activa de una organización criminal de corte familiar dedicada al narcotráfico a gran escala. Esta banda está liderada desde las sombras por la madre de Joana, Luciana Monzón, y cuenta con ramificaciones operativas compuestas por otros miembros del clan familiar como Carlos Daniel Herrera Fernández (apodado “Daniel” o “Monzón”) y Esteban Manuel Monzón, alias “Chaqueño”.
De acuerdo con las evidencias recolectadas en el legajo fiscal acumulado, la hostilidad entre el clan Monzón y la familia Silvera venía escalando en intensidad desde hacía varios meses. El origen directo de la discordia se remontaba a actividades vinculadas con la venta de drogas en la zona, donde Jonatan y Rodrigo Silvera —sobrinos de las víctimas del homicidio— prestaban servicios operativos para la estructura delictiva de “Los Monzón”. En ese contexto, los jóvenes habrían contraído una abultada deuda económica con Darío Rubén Correa, el encargado de la recaudación y la provisión de las sustancias a las distintas barriadas.
A este trasfondo financiero se le sumó un fuerte componente de venganza de sangre. En el entramado carcelario del sur santafesino circulaba el rumor de que otro integrante de la familia Silvera, identificado como Ángel Silvera, había asesinado en el interior de un pabellón penitenciario a Alan Monzón, hijo de Luciana y hermano de Joana y del “Chaqueño”. A partir de ese suceso, la consigna de la organización criminal pasó a ser el exterminio de los Silvera o su expulsión definitiva del barrio mediante ataques con armas de fuego.
El primer hito de violencia extrema quedó registrado el 18 de abril de 2023, aproximadamente a las 22:00 horas. En aquella oportunidad, Carlos Daniel Herrera Fernández se hizo presente en la intersección de las calles Rivadavia y Álamos de San Lorenzo, acompañado por un sujeto llamado Gonzalo Díaz y un menor de edad, Lautaro Antony Páez. Utilizando una pistola calibre .22, Herrera Fernández abrió fuego en al menos 14 ocasiones contra la fachada y la puerta del domicilio de Rivadavia 1309. En el interior de esa vivienda se encontraban Jonatan Ezequiel Silvera, su pareja Andrea Silvana Zendra, su pequeña hija Abigail y Alexis Diosnel Domínguez.
Aquel ataque de abril tuvo como finalidad exclusiva amedrentar a los integrantes de la familia Silvera para forzarlos a abandonar el territorio. A raíz de este hecho violento, las fuerzas policiales lograron la detención de Carlos Daniel Herrera Fernández, dictándosele la medida cautelar de prisión preventiva efectiva. Sin embargo, lejos de aplacar los ánimos criminales de la banda, el encarcelamiento de uno de sus miembros clave precipitó una nueva fase de planificación delictiva.
La planificación sangrienta desde los penales de Piñero y Coronda
Con Carlos Daniel Herrera Fernández alojado tras las rejas y Esteban Manuel “Chaqueño” Monzón cumpliendo condena en la Unidad Penitenciaria de Piñero, la organización delictiva no detuvo su marcha. Las escuchas telefónicas obtenidas de forma legal en el marco de una causa paralela por infracción a la ley de estupefacientes e investigación de balaceras demostraron que los reclusos mantenían el control absoluto de las operaciones en el territorio mediante el uso de teléfonos celulares ingresados ilegalmente a los pabellones.
El jueves 4 de mayo de 2023, las antenas de telefonía captaron una crucial comunicación entre la líder barrial de la organización, Luciana Monzón, y su hijo detenido, Daniel. La urgencia del clan Monzón radicaba en neutralizar las declaraciones de los testigos y de las víctimas de la balacera del 18 de abril, con el objetivo explícito de que modificaran sus dichos ante la Fiscalía de San Lorenzo para lograr la libertad y la impunidad de Herrera Fernández.
Sin embargo, ante la negativa de los Silvera de ceder a las intimidaciones iniciales, la cúpula de la banda resolvió ejecutar una medida definitiva y letal: la organización de un ataque armado directo al corazón del clan familiar rival, planificado minuciosamente para el sábado 6 de mayo. El plan criminal requería una articulación logística perfecta que involucró de manera directa a Joana María Monzón, desde el territorio, coordinando el flujo de armas y vehículos con su pareja Darío Rubén Correa.
Un obstáculo de carácter interno complicaba la ejecución del atentado: Guillermo Monzón, otro de los hijos de Luciana y hermano de Joana, se encontraba conviviendo en concubinato con Morena Silvera en una de las viviendas del predio familiar de los rivales. Para la banda, perpetrar el ataque con Guillermo dentro del inmueble implicaba un riesgo inaceptable de “fuego amigo”. Por esta razón, desde el viernes 5 de mayo, Joana Monzón, Luciana Monzón y el detenido Carlos Daniel Herrera Fernández comenzaron a coordinar presiones y amenazas directas para forzar la salida inmediata de Guillermo del interior de la casa de Rivadavia 1310. Una vez que lograron retirar al joven del lugar, la zona quedó liberada para el ingreso de los sicarios armados.
El detalle de las escuchas telefónicas: frialdad y crueldad expuesta
Las desgrabaciones de los audios interceptados por la justicia penal son escalofriantes. Exponen la total ausencia de empatía, el lenguaje netamente carcelario y la planificación activa del asesinato de Vicente Silvera como si se tratara de una transacción comercial ordinaria.
En una comunicación del 6 de mayo de 2023 a las 12:06 horas , apenas ocho horas antes de la ejecución de la masacre, Luciana Monzón dialoga desde su domicilio de San Lorenzo con su hijo Carlos Daniel Herrera Fernández, preso en una celda de detención. En el transcurso de la llamada telefónica, se acopla a la conferencia a través de otra línea Esteban Manuel “Chaqueño” Monzón desde el penal de Piñero, conformando una siniestra cumbre familiar tripartita:
DANIEL: ¿Tenés? ¿Tenés los dos fierros allá? LUCIANA: Sí los tengo, los dos fierros, lo tengo. DANIEL: ¿Y bueno, qué no tenés bala? LUCIANA: Sí tengo. DANIEL: Y bueno, hacela re corta mujer. ¿Qué estás esperando? Ponelo a Ojo y Medio. (…) Ponete arriba del techo y le tirás.
En esa misma llamada, el “Chaqueño” interviene para confirmar que las armas de fuego de grueso calibre que posee la organización se encuentran bajo la custodia directa de Joana Monzón y Darío Rubén Correa:
CHAQUEÑO: Ahí hable con Beco, hable con la Joana. (…) Sí, porque quiero que le tiren, ¿no ves que salió el Vaca? (…) No digas nada, pero con la Joana estamos haciendo que a Guillermo lo vamos a subir a un auto, y lo vamos a hacer corte así como que se secuestra, pero así entre nosotros. LUCIANA: Jaja. CHAQUEÑO: Para que no vaya más para allá. LUCIANA: Bueno dale jaja. Está bien, está bien, no digas nada jaja. (…) La Joana lo habló al Negro para que nos mande un auto y para que lo podamos subir a Guillermo. Para que lo podamos subir y dale un par de tortazos, corte asustarlo.
El nivel de detalle criminal escala de manera exponencial horas más tarde. En una segunda llamada captada a las 14:33 horas de ese mismo sábado , Luciana Monzón vuelve a comunicarse con su hijo Daniel. En medio de la conversación, un automóvil frena frente a la vivienda de calle Fournier en San Lorenzo. Es Joana María Monzón, quien ingresa de urgencia al domicilio y toma el teléfono celular de su madre para hablar directamente con su hermano preso:
LUCIANA: Ay no, ¿quién es? Ah, la Joanita loco. DANIEL: ¿Está la Joana ahí? LUCIANA: Sí, está acá. DANIEL: A ver, pasame. (…) ¿Qué onda? JOANA: Le van a caer a los Silvera hoy a la tarde. No sé cómo sacarlo a este guacho yo. DANIEL: Bueno, andá y decile. (…) JOANA: No, no, no. Porque no… no pueden saber, porque se va a coso… no puede sabe nadie. Tengo que sacalo ya de ahí, ya, ya.
Esta conversación técnica e irrefutable, grabada de forma oficial, sitúa a Joana María Monzón como la organizadora principal y la instigadora directa del ataque en el territorio. Ella misma confirma que la escuadra de sicarios ya está provista de armamento y tiene la orden explícita de “caerle” a la propiedad de las víctimas a la caída del sol.
Las escuchas post-crimen: la celebración de la muerte
La confirmación del éxito del plan de ejecución quedó plasmada en las comunicaciones telefónicas registradas inmediatamente después de las 20:10 horas del sábado 6 de mayo de 2023. A las 21:16 horas, apenas una hora y seis minutos después de que Darío Rubén Correa, alias “Beco”, y el menor Lautaro Antony Páez acribillaran a Vicente Silvera dentro de su dormitorio , Luciana Monzón se comunicó nuevamente con la Unidad Penitenciaria para transmitir las novedades a Carlos Daniel Herrera Fernández:
LUCIANA: Ey Daniel, ¿me escuchás? Nada, mataron a dos acá a la vuelta boludo. Mataron a dos acá a la vuelta. DANIEL: ¿A quién? LUCIANA: A los Silvera. (…) Vicente creo que ya se murió. DANIEL: ¿Los mataron? Jajaja. LUCIANA: Sí, ya se murió Vicente. Y el… ¿cómo es el otro guachi? El Agustín. DANIEL: ¿En serio? LUCIANA: En serio te estoy hablando. No es joda boludo. (…) Nos gritaban a nosotros “padre por madre”. O sea que a Vicente lo mataron y a mí me quieren matar ahora. DANIEL: ¿Está la Joana ahí? LUCIANA: No está. No está. No está. DANIEL: ¿Con los fierros? LUCIANA: Sí, con los dos. DANIEL: Ah. LUCIANA: El Maikol no está. Ese hijo de re mil puta no está. Si Maikol estaría acá seríamos cuatro boludo. (…) DANIEL: Así que le mataron a dos… LUCIANA: Por eso le van a coler por el culo ahí, y la Joana tiene que empezar a los tiros. DANIEL: Y ahora sí, olvidá, más vale que sí.
La desgrabación judicial continúa al día siguiente, el domingo 7 de mayo a las 18:40 horas , cuando Guillermo Monzón se comunica telefónicamente con su padre biológico. Angustiado por haber sido utilizado por sus propios familiares y consciente de que su pareja, Morena Silvera, acababa de perder a su abuelo Vicente en el ataque , confiesa con precisión el rol fundamental que tuvo su hermana Joana en la autoría intelectual del asesinato masivo:
GUILLERMO: No nada. Ayer mandaron a matar uno de acá a la vuelta, ¿viste? Y lo mataron, al papá de todos los hijos, que son quince hijos que están con todo, uno más peligroso que el otro y lo mataron, ¿viste? (…) Y esa fue la Joana. Y ahora yo no estoy peleado con ella, porque yo necesito favores… pero cuando coso, yo voy a agarrar, voy a hacer la denuncia, porque no puede ser boludo, mi hermana, mi propia hermana, es un diablo. PADRE: ¿Que Joana mandó a matar a alguien? No entiendo, ah, ¿a los Silvera? GUILLERMO: A los Silvera, sí, sí, esos. Mi propia hermana, siendo que yo tengo mi novia ahí… No le digo nada, porque me quieren dar 7 mil pesos para hacer todo el cosa de la moto, ¿viste? PADRE: Pero escuchá, otra cosa, ¿cómo sabés vos que fue tu hermana? ¿Cómo la vas a acusar? GUILLERMO: Porque me lo dijo, me lo dijo a mí. Y me amenazaron todo el tiempo, porque si yo no salía de ahí a la vuelta, me iban a tirar a mí, y me tuve que ir, porque la tengo a mi novia, mirá todo lo que hicieron.
La caída de los imputados y la investigación técnica reveladora
El andamiaje de coartadas defensivas presentado inicialmente por los acusados comenzó a desmoronarse gracias al trabajo técnico de entrecruzamiento de datos desplegado por el MPA. El imputado Darío Rubén Correa, alias “Beco” , pretendió desvincularse de la ejecución del homicidio aportando como evidencia de descargo un ticket de compra emitido por la panadería “Sabores” , ubicada en Avenida San Martín al 1200 de San Lorenzo, con fecha del sábado 6 de mayo de 2023. Según su estrategia defensiva original, él se encontraba realizando compras comerciales junto a Joana Monzón al momento exacto del crimen.
Para contrastar esta versión, el fiscal Aquiles Balbis comisionó un exhaustivo relevamiento de las cámaras de videovigilancia públicas y privadas de la zona comercial a la Dra. Nair Pescatore Díaz. El informe técnico final destruyó la coartada de los sospechosos:
- 19:45 Horas: Las filmaciones internas del local comercial “Sabores” registran a la pareja conformada por Correa y Joana Monzón saliendo del establecimiento tras efectuar la compra.
- 19:56 Horas: Los domos de seguridad de la sucursal del Banco Macro (Avenida San Martín 1298) captan de forma nítida a ambos imputados cruzando la calzada a pie.
- 19:58 Horas: Las cámaras del Banco Galicia (Avenida San Martín 1262) registran a Correa y Monzón alejándose definitivamente del corredor comercial, doblando por calle Richieri con dirección hacia el área residencial interna.
Utilizando herramientas de geolocalización satelital y cartografía digital mediante la plataforma Google Maps, el peritaje técnico determinó que el trayecto peatonal a pie desde esa última posición bancaria hasta el domicilio de los imputados en calle 7 Jefes 1800 demanda un tiempo estimado de traslación de apenas 4 minutos. En consecuencia, a las 20:02 horas, Correa y Monzón ya se encontraban en su base operativa , contando con un margen temporal para retirar las armas de fuego calibre 9 milímetros almacenadas en la vivienda y abordar el vehículo utilitario para irrumpir a las 20:10 horas en la casa de la familia Silvera.
Otra evidencia de carácter científico que sepultó la estrategia defensiva fue el análisis forense informático realizado sobre el teléfono celular marca iPhone secuestrado al menor Lautaro Antony Herrera Páez , el coejecutor material del homicidio junto a “Beco” Correa. El peritaje ordenado por el Juzgado de Menores de San Lorenzo extrajo un archivo de videograbación registrado el mismo sábado 6 de mayo a las 16:50 horas —es decir, tres horas y veinte minutos antes del crimen—.
En la filmación casera se observa al menor Lautaro Páez con parte de su rostro cubierta con un pasamontañas, simulando portar una pistola de puño. En el video peritado se constata cómo el adolescente ensayaba la mecánica delictiva del asesinato: aguardaba agazapado en el pasillo exterior de una habitación para luego ingresar de forma intempestiva, golpeando violentamente la puerta de una patada al grito coordinado de “¡POLICÍA, POLICÍA!”. Esta pieza fílmica representó la prueba inequívoca de la premeditación y el planeamiento milimétrico del modus operandi implementado por la banda para concretar la ejecución de Vicente Silvera.
El doble procesamiento: drogas, armas y las fotos de la venganza
El cierre definitivo de la investigación criminal sobre el clan de “Los Monzón” se materializó mediante la ejecución de una serie de órdenes de allanamiento simultáneas libradas por la justicia penal de San Lorenzo. El operativo más importante se diligenció en una vivienda de calle Fumagalli, entre Aldao y Brigadier López, propiedad utilizada como el último aguantadero residencial de Joana María Monzón y Darío Rubén Correa.
Al percatarse de la llegada de las fuerzas de seguridad federales pertenecientes a la Gendarmería Nacional Argentina (GNA), los imputados intentaron deshacerse de sus dispositivos móviles arrojando dos teléfonos de alta gama —modelos iPhone 11 y iPhone 13— por encima de los muros de contención traseros del patio del inmueble. Los aparatos fueron recuperados de inmediato por el personal perimetral de la fuerza de seguridad.
De manera simultánea, las brigadas operativas irrumpieron en un segundo domicilio ubicado en calle Ayohuma 313 de San Lorenzo, lugar de residencia de un estrecho colaborador logístico de la banda identificado como Joaquín Silva, alias “Gordo Burni”. En esa locación se procedió al secuestro de un arma de fuego tipo pistola de fabricación casera (“tumbera”) calibrada para disparar munición calibre .9 milímetros —coincidente con el material balístico recolectado en la escena del crimen de Vicente Silvera — y dos réplicas exactas de armas cortas de aire comprimido utilizadas para las tareas de amedrentamiento en el Barrio Norte.
El fin de un imperio de terror en el Cordón Industrial
La doble audiencia imputativa celebrada en los Tribunales Provinciales de San Lorenzo marca el desmantelamiento definitivo de una de las estructuras de narcocriminalidad organizada más violentas del cordón industrial. Los elementos de prueba reunidos por la fiscalía del Dr. Aquiles Balbis resultaron abrumadores e inapelables.
Bajo las precisas directivas del Artículo 80, Inciso 6 del Código Penal Argentino , el fiscal formalizó la imputación penal contra Joana María Monzón en carácter de Instigadora del delito de Homicidio Calificado por el Concurso Premeditado de Dos o Más Personas. Por su parte, su pareja Darío Rubén Correa, alias “Beco”, fue imputado formalmente en carácter de Coautor Material del mismo delito criminal de sangre. Ambos procesados afrontan la única pena en expectativa posible para esta calificación legal en el ordenamiento jurídico nacional: la prisión perpetua de cumplimiento efectivo en un establecimiento penitenciario de máxima seguridad. El Juez Carlos Gazza otorgó una prisión preventiva por 120 días para que se concrete una nueva audiencia.







