Historia y presente

Aceiteros: de la marginación al centro del escenario, una historia de lucha y reconversión regional

Aceiteros: de la marginación al centro del escenario, una historia de lucha y reconversión regional

Hace tres décadas, los trabajadores del cordón no eran más que un engranaje olvidado en un sistema que los tercerizaba. Hoy, son el motor de un hub agroexportador único en el mundo. Un repaso por la historia de quienes, desde el silencio y el barro, construyeron el presente del Cordón Industrial.
26-06-2026 09:32 AM
Hace tres décadas, los trabajadores del cordón no eran más que un engranaje olvidado en un sistema que los tercerizaba. Hoy, son el motor de un hub agroexportador único en el mundo. Un repaso por la historia de quienes, desde el silencio y el barro, construyeron el presente del Cordón Industrial.

Por Nicolás Carugatti

Mirar el presente del sector aceitero sin entender su pasado es imposible. No hace tanto tiempo, los empleados del sector eran, en muchos casos, trabajadores con salarios magros, atomizados en gremios ajenos como Comercio, UOCRA o SUPA. En la década de los 90, bajo el alero de las privatizaciones de Menem que habilitaron la explosión de los puertos privados, la tercerización era la norma: el 80% de la mano de obra era eventual, atada a los vaivenes de la cosecha gruesa.

La era de las “tres espadas” y el silencio empresario

En aquel entonces, la pelea era desigual. La industria aceitera se movía bajo el mantra del silencio. El presidente de CIARA de aquellos años, Alberto Rodríguez, era un hombre al que nadie le conoció la voz públicamente. Ese era el clima: empresas que reinaban desde la sombra y un gremio que, para sobrevivir, tuvo que forjar su propio camino.

Fue en ese escenario donde tres nombres se plantaron como las espadas de una resistencia necesaria: Reguera, Succi y López. Aquel gremio, con una visión audaz, decidió tomar distancia de la Federación de Aceiteros, entendiendo que la realidad del Cordón Industrial no se entendía desde un escritorio en Buenos Aires. Luchaban con poco poder y nula visibilidad, pero con la convicción de que el trabajador aceitero merecía otro destino.

El contraste: la potencia regional vs. el olvido nacional

A partir de 2005, el boom de los commodities y las inversiones privadas transformaron la región en un hub agroexportador líder a nivel mundial. Sin embargo, este crecimiento tuvo una paradoja dolorosa: el sector creció a pesar de las políticas nacionales.

Mientras Brasil y Estados Unidos duplicaban su capacidad productiva, aquí sufrimos la negligencia de un Estado que nunca acompañó con infraestructura real. La licitación de la Hidrovía se prorrogó por casi 20 años en un limbo administrativo, y el transporte ferroviario quedó en el olvido. La producción de soja se estancó, no por falta de capacidad, sino por falta de visión estratégica de quienes gobernaban el país.

Los actores del territorio: la gestión real frente a la teoría

En esta historia hay matices que la historia oficial suele omitir. Mientras las cámaras apuntaban a la Bolsa de Comercio de Rosario —que durante años se obsesionó con un “Plan Circunvalar” de viabilidad nula, donde los únicos beneficiados fueron los consultores que cobraron millones—, hubo otros actores que ponían el cuerpo.

La Cámara de Comercio de San Lorenzo, en los tiempos en que no había flashes ni alfombras rojas, coordinaba con Nextel en mano el caos de camiones que saturaba la zona. Y ni hablar de los intendentes, que dieron la batalla política para liberar a las ciudades del cepo de los camiones, logrando obras fundamentales para los accesos a la autopista Rosario-Santa Fe. Ellos fueron quienes hicieron posible que San Lorenzo y la región siguieran siendo vivibles.

Valorar el presente

Hoy, en medio de una negociación paritaria que ocupa las primeras planas, es fundamental poner en perspectiva lo que estamos viendo. No se trata solo de un porcentaje salarial. Se trata de una lucha que viene desde el barro de los 90, que resistió a la precariedad y que hoy, con la conducción de los actuales dirigentes, busca cerrar una brecha que durante décadas fue un abismo.

Valorar la lucha aceitera es reconocer a quienes no solo pelearon por el salario, sino a quienes se plantaron para que esta región deje de ser un puerto de paso y se convierta en un lugar con dignidad para vivir. La paritaria de hoy tiene un legado detrás: la historia de un gremio que se hizo a sí mismo cuando nadie daba nada por ellos.