La Argentina posee una de las redes fluviales y marítimas más extensas del hemisferio, con miles de kilómetros de litoral costero sobre el Atlántico y la Vía Navegable Troncal del Paraná conectando los centros productivos del interior. Sin embargo, el transporte de cargas domésticas por agua —el cabotaje nacional— continúa siendo una oportunidad desaprovechada. Así lo determinó un informe especial publicado en el Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza las causas del estancamiento del sector y el impacto que tendría su reactivación para la competitividad económica.
El estudio detalla que, mientras el comercio exterior argentino se canaliza casi en su totalidad por vía acuática, el movimiento de bienes entre puertos nacionales muestra una participación marginal en la matriz de cargas, dominada de forma abrumadora por el transporte automotor incluso en distancias superiores a los 800 o 1.000 kilómetros, donde el agua y el ferrocarril resultan naturalmente más eficientes.

Una matriz logística desbalanceada: el predominio del camión
El diagnóstico de la BCR subraya la distorsión del esquema logístico argentino en comparación con otros países de dimensiones territoriales similares:
- Concentración del modo carretero: Más del 80% del tonelaje de cargas domésticas se mueve por camión, saturando corredores viales, acelerando el desgaste del pavimento e incrementando los costos operativos por tonelada/kilómetro transportada.
- Marginalidad del transporte por agua: A excepción de hidrocarburos y combustibles líquidos, el cabotaje de granos, subproductos, manufacturas industriales, insumos de la construcción y contenedores entre provincias ribereñas es prácticamente inexistente.
- Pérdida de competitividad para el interior: Las economías regionales del Norte Grande y de la Patagonia soportan sobrecostos logísticos de hasta un 30% a 50% para abastecer los grandes centros de consumo o ingresar insumos a las terminales agroexportadoras del Gran Rosario.
Las barreras que traban el desarrollo del cabotaje
El informe identifica que el freno al transporte fluvial y marítimo no responde a la falta de demanda ni a limitaciones geográficas, sino a un entramado regulatorio, impositivo y operativo que encarece los costos en puerto y a bordo:
- Régimen de reserva de bandera y disponibilidad de bodega: Las restricciones para operar con embarcaciones de bandera extranjera en tráficos de cabotaje, sumadas a la escasez de flota nacional disponible, reducen la oferta de bodegas y elevan las tarifas de fletamento.
- Sobrecostos portuarios y de navegación: Servicios como el practicaje, remolque, tasas de amarre y peajes fluviales mantienen esquemas tarifarios que diluyen el ahorro de escala que ofrece el barco frente al flete terrestre.
- Carga tributaria y asimetrías de combustible: La disparidad en el tratamiento impositivo del combustible naval respecto a otros modos de transporte encarece la operación continua de remolcadores de empuje, barcazas y buques feeder (alimentadores).
El impacto estratégico para el Cordón Industrial y los puertos del Paraná
La revitalización del cabotaje representaría una palanca de desarrollo directo para el entramado portuario de San Lorenzo, Puerto General San Martín, Timbúes y Rosario. La llegada regular de convoyes de barcazas con producción proveniente del NEA y NOA permitiría descongestionar los accesos terrestres durante las semanas pico de cosecha, reduciendo la fricción vial en rutas clave como la RN 11, RN 34 y la AO12.

Asimismo, la BCR remarca que el cabotaje abre la puerta a servicios intermodales para cargas contenerizadas, vinculando las industrias radicadas en el sur santafesino con los puertos del sur bonaerense y patagónico sin necesidad de depender exclusivamente del tránsito carretero.
Avanzar hacia una desregulación inteligente, la baja de costos en servicios conexos y la modernización de los regímenes de abanderamiento constituyen, según la entidad rosarina, las claves indispensables para que el transporte por agua deje de ser un potencial teórico y se convierta en una herramienta real de reactivación económica.







