Exposición temprana y prolongada

Advierten por el impacto de las pantallas en menores de 5 años: sueño, lenguaje y atención, entre las principales preocupaciones

Advierten por el impacto de las pantallas en menores de 5 años: sueño, lenguaje y atención, entre las principales preocupaciones

Imagen ilustrativa.
Un estudio realizado por la Universidad Austral y el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires reveló que celulares, tablets y televisión ya forman parte de la rutina de crianza de los niños pequeños. El informe alerta sobre posibles efectos en el sueño, el lenguaje, la atención y la tolerancia a la frustración, y destaca que el acceso a límites saludables también está condicionado por la situación de cada familia
28-08-2026 10:55 AM
Un estudio realizado por la Universidad Austral y el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires reveló que celulares, tablets y televisión ya forman parte de la rutina de crianza de los niños pequeños. El informe alerta sobre posibles efectos en el sueño, el lenguaje, la atención y la tolerancia a la frustración, y destaca que el acceso a límites saludables también está condicionado por la situación de cada familia

Las pantallas se incorporaron de manera cotidiana a la vida de los chicos: aparecen durante las comidas, en viajes, mientras esperan, ante un berrinche o cuando los adultos necesitan unos minutos para cocinar, trabajar o realizar otras tareas. Esa realidad fue analizada en el estudio “Estrategias y recursos en las prácticas de cuidado y crianza de niños y niñas en la primera infancia”, elaborado a partir de 10 grupos focales en los que participaron 78 personas, principalmente madres, además de padres, abuelos, niñeras y otros cuidadores.

Uno de los principales hallazgos fue la preocupación de las familias por los efectos de una exposición temprana y prolongada. En los testimonios aparecen referencias a problemas de sueño, dificultades en el desarrollo del lenguaje, falta de atención, ansiedad y menor tolerancia a la frustración. También se señala que el uso de dispositivos puede desplazar actividades fundamentales durante la primera infancia, como el juego, el movimiento, la conversación y la interacción cara a cara.

El informe retoma investigaciones científicas que vinculan la exposición a pantallas durante los primeros años con dificultades en el lenguaje y las habilidades de comunicación, además de posibles efectos sobre la atención, las experiencias sociales, la resolución de problemas y la interacción con otras personas.

El celular como herramienta para “resolver” la rutina
El estudio muestra que, en muchos hogares, las pantallas no son utilizadas simplemente como entretenimiento. Se convierten en una herramienta para resolver situaciones cotidianas.

Los participantes contaron que recurren al celular o la tablet para conseguir que los chicos coman, se queden quietos, se dejen peinar o permitan que los adultos puedan realizar otras actividades. Una de las madres entrevistadas lo resumió de manera contundente: “De a ratitos pongo videos en el celular, es mi salvación”.

Por eso, los especialistas remarcan que la discusión no debería centrarse únicamente en cuánto tiempo pasan los chicos frente a una pantalla, sino también en qué contenido consumen, en qué momento se utiliza el dispositivo, con qué finalidad y si existe acompañamiento adulto.

El problema aparece especialmente cuando el celular se transforma en una respuesta automática frente al aburrimiento, el llanto o el enojo. En esos casos, puede resultar más difícil desarrollar otras estrategias para que los niños aprendan a regular sus emociones.

La desigualdad también influye
Otro de los aspectos centrales del estudio es que no todas las familias cuentan con las mismas posibilidades para limitar el uso de dispositivos.

En los sectores socioeconómicos más vulnerables, las pantallas aparecen asociadas con mayor frecuencia a la falta de redes de apoyo, la sobrecarga de una única persona cuidadora —habitualmente una mujer— y la necesidad de resolver tareas básicas en contextos de mayores dificultades materiales.

Casi la mitad de las madres del estrato socioeconómico bajo manifestó no contar con otra persona que pudiera ayudarlas con el cuidado de sus hijos. En los sectores medios, en cambio, fueron más frecuentes las redes de apoyo integradas por familiares u otras personas cuidadoras.

La diferencia también se refleja en los límites. Mientras algunos adultos intentan restringir el uso, otros familiares pueden permitirlo para evitar conflictos. El estudio registra, además, escenas de llanto, enojo y berrinches cuando se intenta retirar un dispositivo.

Qué recomiendan los pediatras
La preocupación por el uso de pantallas durante la primera infancia también aparece en las recomendaciones de organismos sanitarios.

La Sociedad Argentina de Pediatría sostiene que la sobreexposición puede desplazar experiencias esenciales para el desarrollo, como el juego, la actividad física, la vida al aire libre y la interacción socioafectiva. La recomendación es evitar las pantallas antes de los 2 años y limitar su utilización a alrededor de una hora diaria entre los 2 y los 5 años, priorizando contenidos adecuados y acompañamiento adulto.

En la misma línea, una guía oficial difundida recientemente en el Reino Unido recomendó evitar las pantallas en menores de 2 años, salvo cuando se utilizan junto a un adulto, y limitar a una hora diaria o menos su uso entre los 2 y 5 años.

El objetivo es evitar que los dispositivos desplacen actividades fundamentales para el desarrollo infantil: dormir adecuadamente, jugar, moverse, crear y conversar.

El informe de la Universidad Austral y el Gobierno porteño no establece por sí mismo una relación causal entre el uso de pantallas y problemas de desarrollo, ya que se trata de una investigación cualitativa basada en grupos focales y no de un estudio clínico de gran escala. Sin embargo, sus resultados reflejan una preocupación que ya atraviesa a numerosas familias y que coincide con advertencias presentes en investigaciones científicas y recomendaciones pediátricas.

La conclusión es clara: el desafío no pasa solamente por sacarles el celular a los chicos, sino por generar condiciones familiares y sociales que permitan reemplazar la pantalla por juego, movimiento, conversación y vínculos humanos, especialmente durante los primeros años de vida.

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