El portal 11 Noticias, que funciona en las instalaciones del propio sindicato aceitero, anunció en los últimos días con tono triunfal que Luciano Mandón había “ganado las elecciones” para continuar al frente de la Mutual de los Trabajadores Aceiteros. No obstante, en los pasillos de las fábricas del Cordón Industrial la noticia no generó entusiasmo sino sorpresa e indignación entre las bases: nadie vio urnas, nadie convocó a los trabajadores a votar y nadie pudo presentar una lista opositora.
La explicación a este insólito proceso no responde a un trámite electoral genuino, sino a una arquitectura jurídica diseñada minuciosamente para clausurar la participación de los verdaderos dueños de los recursos: los trabajadores aceiteros que aportan mes a mes de sus salarios.
El cerrojo estatutario: una entidad blindada para las bases
El mecanismo que sostiene la perpetuidad de la actual conducción tiene su raíz en la propia redacción del estatuto de la entidad. Diseñado en su momento por el propio Mandón y la dirigencia gremial que integraban Pablo Reguera y Daniel Succi, el texto consolidó una estructura impenetrable para cualquier afiliado común.
De acuerdo a la normativa interna, solo poseen derecho a elegir autoridades y a integrar el Consejo Directivo quienes ostenten la categoría de “socios activos”. Sin embargo, esa condición no se adquiere con la antigüedad ni con el aporte continuo: el estatuto reserva exclusivamente la condición de socio activo a quienes formen parte de la Comisión Directiva en ejercicio o hayan sido miembros de comisiones anteriores.
El resultado práctico es la exclusión total de las bases:
- Los miles de afiliados aceiteros no tienen derecho a emitir un solo voto.
- Ningún trabajador raso puede armar una lista para disputar la conducción del Consejo Directivo.
- El padrón total con derecho a voto se reduce a un círculo microscópico de aproximadamente 50 personas en toda la región.
Bajo este sistema, quien maneja la conducción del gremio retiene el control automático de la entidad. Al contar con los votos de los miembros de la comisión directiva en funciones, el oficialismo parte con una mayoría automática garantizada que torna matemáticamente inviable cualquier intento de disputa por parte de sectores disidentes o conducciones pasadas. La elección anunciada como una victoria popular fue, en rigor, un trámite a puertas cerradas resuelto entre un puñado de dirigentes.
La caja electoral: 1 millón de dólares para buscar quedarse con Puerto San Martín
La urgencia por blindar la conducción de la Mutual no es casual ni responde a una vocación de servicio social para las familias aceiteras, cuyos afiliados suelen cuestionar la falta de beneficios concretos y prestaciones reales de la institución. En el tablero político regional, la Mutual representa la principal herramienta de financiamiento y logística para el proyecto electoral más ambicioso del sindicato: la candidatura de Luciano Mandón a la intendencia de Puerto General San Martín.
Mandón se consolidó como el ariete territorial de Daniel Succi para intentar disputar el poder municipal en la principal ciudad portuaria del polo exportador. Sin embargo, sostener una carrera electoral que abarque primarias y generales en una plaza con ese volumen económico exige recursos astronómicos: a valores de mercado, una campaña de semejante envergadura demanda un piso no menor a 1 millón de dólares.
El interrogante que circula con fuerza en el sector agroexportador es inmediato: ¿de dónde salen los fondos para financiar gigantografías, movilizaciones, asesores y despliegue territorial si no es de las estructuras satélites del gremio sostenidas con el sudor de los afiliados? La utilización de las cajas mutuales para subsidiar la arena política partidaria no solo compromete el patrimonio de los trabajadores, sino que desvía el foco de atención de la dirigencia, que pasa más tiempo diseñando estrategias electorales que gestionando los intereses laborales y las condiciones de trabajo de sus representados.
El espejo de Herme Juárez
El derrotero que transita hoy la conducción de Daniel Succi remite de forma inevitable a una figura emblemática de la historia reciente del Cordón Industrial: Herme “Vino Caliente” Juárez. Durante décadas, Juárez construyó un imperio concentrando el poder gremial, el control corporativo a través de la Cooperativa de Trabajos Portuarios y la influencia política en la ciudad.
Aquel modelo, celebrado inicialmente por algunos sectores como una demostración de poderío regional, terminó implosionando con el paso de los años y demostró con el diario del lunes que no constituyó un círculo virtuoso ni para la ciudad ni para los propios estibadores.
La tentación de Succi de erigirse simultáneamente en gremialista, financista y armador político amenaza con repetir los mismos errores históricos. Cuando los sindicatos confunden la defensa del convenio colectivo con las aspiraciones personales de poder y transforman los fondos mutuales en un trampolín partidario a espaldas de los afiliados, las consecuencias siempre terminan erosionando la legitimidad gremial y perjudicando a toda la comunidad productiva.






