San Lorenzo

A pesar del esfuerzo de los industriales, la molienda de soja cayó y crece el embarque de grano sin procesar

Menos productos con valor agregado = más capacidad ociosa fabril + encarecimiento de costos - sobrante de personal ¿El Sindicato Aceitero advierte lo puede llegar a venir?


El complejo sojero de la región, integrado por las fábricas y puertos instalados en San Lorenzo, Puerto San Martín y Timbúes, es uno de los más destacados del mundo. Sumando a las terminales en otras localidades al sur de Rosario, como Villa G. Gálvez, General Lagos y Arroyo Seco, ratifican su posición.

A pesar del esfuerzo de los industriales, la molienda de soja cayó y crece el embarque de grano sin procesar

El plan de inversiones que viene sucediéndose desde hace un par de décadas al presente potenció al sector como uno de los más importantes del país, especialmente por la posibilidad de exportar en cantidad y generar el grueso de las divisas con las que cuenta la Argentina; ergo, es un área estratégica para el Estado, independientemente de quien sea el signo político que gobierne.

Para el productor agropecuario es el destino final de sus cosechas, para el país, tal lo dicho, el centro neurológico generador de dólares, y para la clase trabajadora un mojón que genera miles de puestos de empleo.

Sin embargo, la industrialización del poroto de soja viene en caída libre. Los datos volvieron a reflejar que durante los primeros siete meses del año, la venta de productos con valor agregado, esto es harina o aceite, cayó 21 por ciento respecto a igual período del año anterior, que también tuvo una considerable baja respecto a 2018.

En contrapartida creció la exportación del grano sin procesar: 16,4 por ciento, en igual período comparado al año anterior.

Estos números demuestran la tendencia que está evidenciando el complejo sojero agroindustrial respecto a la primarización de sus embarques.

En otras palabras significa que las firmas radicadas en la región utilizan sus muelles para cargar cada vez granos de soja y cada vez menos harina o aceite; ergo, se retracta su industrialización, crece la capacidad ociosa de las fábricas, se encarecen los costos de producción y, en algún momento, la ecuación dará que sobran empleados.

El principal damnificado serán los trabajadores encuadrados dentro del convenio aceitero, ya que las otras ramas vinculadas a esta cadena de comercialización no tendrían por qué verse afectadas: los portuarios seguirán cargando barcos, los de SOMU manejando sus lanchas, los prácticos subiendo a bordo y guiando a los buques de ultramar, los recibidores de granos trabajando como siempre y así con el resto de los encuadramientos laborales.

Hoy, en el Sindicato Aceitero que conducen Pablo Reguera y compañía esta ecuación parece no existir. Al menos, no hay hecho exposición alguna a una situación siquiera de preocupación, más allá de la que se vive alrededor de Vicentín, pero por otros motivos.

Con la retórica de siempre y poco agiornada a los tiempos que se vive, estos sindicalistas no ven el bosque, tan sólo el árbol.

Vale señalar que esta industria está lejos que quebrar y mucho menos desaparecer, pero su reconversión, en algún momento, tendrá que darse: menos venta de bienes con valor agregado, trabas para la exportación de biodiesel (e imposibilidad de vender dentro del mercado local), aumento de la capacidad ociosa fabril y, por ende, encarecimiento de costos. para peor, el precio internacional de la oleaginosa no ayuda (salvo un repunte extraordinario entre ayer y hoy) y las retenciones impositivas siguen al tope.

En números, todo esto se traduce en los 17 millones de toneladas de productos industrializados exportados desde enero hasta julio pasado, contra los 19,6 de igual período en 2019.

Los más de 2 millones de toneladas perdidos se contaron en harina y pellets, mientras que el aceite se dejó de embarcar algo más de 200 mil toneladas.

La capacidad ociosa fabril es, hoy, cercana al 50 por ciento, es decir que se usa sólo la mitad del total adecuado para trabajar.

Las retenciones impositivas altas a la producción del poroto impulsa a que los empresarios apuesten a embarcar granos; a igual cargo tributaria, se ahorran los costos de su proceso productivo.

“El actual contexto ha llevado a que el procesamiento o ‘crushing’ de los porotos de soja en la industria nacional se encuentre en el volumen más bajo de los últimos 7 años, sólo por detrás del fatídico 2018 cuando una severa sequía diezmó la producción nacional de la oleaginosa”, señaló la Bolsa de Comercio de Rosario.

Una carta que el sector está esperando es la puesta en marcha del acuerdo suscripto con China para vender animales de engorde en nuestro país. Eso posibilitará que el grano que hoy se exporta sin valor agregado, quede en el país como alimento del cerdo que luego será faenado y embarcado al lejano oriente, posibilitando así hacerlo otra vez con valor agregado.

Sin embargo, aunque las perspectivas económicas de ese negocio aparecen como muy viables, para la región del Cordón Industrial no tendría mucho efecto, ya que los establecimientos rurales para la cría de los animales deberán estar, precisamente, en áreas rurales y no urbanas ni industriales.

Los aceiteros son hoy uno de los gremios más importantes de la zona, con la mayor cantidad de trabajadores incluidos en dicho convenio colectivo de trabajo. Y los sueldos que cobran no son nada despreciable.

Sin embargo, ese período de extrema bondad podría ingresar en dificultades, en base a lo analizado. No será la primera vez que esta zona observa un proceso de transformación. Ya pasó con los cermaistas, un sindicato casi en extinción en la zona, o con los jabones, que directamente desapareció. E igual le pasó a los petroleros o a tantos otros que no supieron adelantarse a lo que se les venía.

 

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