Agroindustria: la baja en el precio de los commodities y la suba de costos complican al sector

Ni la recuperada cotización de la soja ayuda a superar el delicado momento del complejo sojero. Las estimaciones señalan que las exportaciones de granos y subproductos caerán, este año, en 3.500 millones de dólares


Las razones son variadas, pero todas concluyen en que 2015 no será el mejor año para el complejo agroexportador que tiene su centro neurálgico y logístico en San Lorenzo, Puerto San Martín y Timbúes. Y tampoco asoma una recuperación para 2016.

A tiempos difíciles, el empresariado estudia adoptar algunas medidas correctivas, en especial, para controlar el aumento de costos, entre los que el pago de salarios, hoy, tiene un peso importante; quizás no lo haya sido años atrás cuando la abundancia de ganancias (con una soja cotizada en 600 dólares por tonelada), permitía subas por sobre la media inflacionaria, pero ahora, sí.

Si bien durante estos últimos días la suba en la cotización de la oleaginosa se recuperó trepando a lo mejor del año (superó la barrera de 380 dólares), ello no alcanza aún para avizorar un equilibrio en  sus cuentas. Otros cereales en la misma situación son el maíz, con contratos para diciembre a u$s177,84 por tonelada, y el trigo, que para septiembre se situó en u$s211,55 por tonelada (no es el mejor precio del año, pero sigue siendo superior a 2014),

De hecho, para este año, las divisas ingresadas por el sector sumarían 25.600 millones de dólares frente a 29.100 millones de 2014 y 32.000 millones de 2013, esto es, 12 y 20 por ciento menos, respectivamente.

Ello es consecuencia de la retracción en la cotización granaria, por un lado, y la retención del productor agropecuario, por el otro, a vender hasta tanto no tenga una real necesidad, especulando a que en Chicago, los valores mejoren. Aquí no incide una probable merma en el área sembrada ni en sus rinden, que asoman similares a los de la campaña última.

«Todos los productos del complejo sojero (soja, aceite de soja, harina de soja y biodiésel de soja) se proyectan con precios a la baja, con un ajuste de entre el 14% y el 25%», indicó Juan Manuel Garzón, un analista especializado del Ieral (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana) de la Fundación Mediterránea, especificando que en el caso del trigo “será de 24 por ciento” y para el maíz “la caída registrará un 18,3 por ciento».

Pero los costos no solo crecieron para los industriales, sino también para los productores. «En el medio han aumentado los costos y no lo hicieron en relación con los precios, al productor se le ha hecho una situación más ajustada, los costos generaron falta de rentabilidad y al trabajar sobre la productividad del campo, se percibe que va a haber un reacomodamiento en el arrendamiento», señaló Gustavo López, de la consultora Agritrend, a Noticias Argentinas (NA).

En este sentido, López habló de precios que en lo interno fueron de 150 dólares para la tonelada de soja y el trigo que llegó a pagarse nada más que 60 dólares. Ahora, la soja cotiza valor Fob (puesto en puerto) en 380 dólares y el trigo puede llegar a 250 dólares la tonelada. La diferencia de valores, es notable.

Otra opinión fue la de la periodista especializada e ingeniera agrónoma Susana Merlo, quien declaró a Ámbito Financiero que los costos de implantación de los cinco principales cultivos (maíz, soja, girasol, sorgo y trigo) implicarían para los productores 9 mil millones de dólares, cifra que se elevaría a 11 mil millones si se toman en cuenta el resto de los productos cultivables.

El panorama aparece más preocupante si se analiza un informe que elevó, recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre su sobre las perspectivas económicas mundiales.

Es que, para el año en curso, contempla una reducción de casi el 16 por ciento en los precios de las materias primas (excluido el petróleo), una desaceleración en el crecimiento de China y una profundización de la recesión en el principal socio comercial del país, Brasil, cuya economía retrocedería un 1,5 por ciento.

El gigante asiático, que es el mayor demandante de commodities, viene perdiendo impulso en su tasa de crecimiento. Tras avances de casi el 10 por ciento en las últimas décadas, en los años recientes redujo su crecimiento, a punto que el FMI espera una expansión de sólo un 6,8 por ciento para 2015 y menor aún, el 6,3 por ciento, en 2016.

Cabe señalar que entre los riesgos el organismo multilateral advierte la posibilidad de mayores dificultades en la transición en China hacia un nuevo modelo (menos dependiente de las exportaciones y más centrado en el consumo interno) como lo ilustran “las recientes turbulencias en los mercados financieros”.

Teniendo en cuenta que China sigue siendo uno de los principales mercados a donde están dirigidas las exportaciones de granos y productos, el dato no es menor para observar el futuro de la agroindustria y sus implicancias regionales.

Así y todo, el mercado de granos resistió mejor que el petrolero la sacudida de precios originada por la reciente crisis de Grecia y la volatilidad bursátil en China, pues el barril de crudo cayó 13% en las últimas cuatro semanas.

El país asiático, siendo el mayor comprador de soja del mundo y a pesar del análisis del FMI, aceleró las importaciones de la oleaginosa al considerar bajas las cotizaciones gracias a la provisión abundante de los países sudamericanos.

Las importaciones de junio fueron las más altas de este año: crecieron 26,6 por ciento interanual y saltaron 32 por ciento respecto de mayo, para poner un tranquilizador piso al mercado. En el primer semestre de 2015 las compras chinas de soja aumentaron un 2,8 por ciento interanual.

 

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