La producción de soja en Estados Unidos atraviesa uno de sus ciclos más difíciles de las últimas décadas. Según datos publicados por la Asociación de Productores de Soja de EE.UU. (ASA), para la presente campaña 2025/26 se proyecta una pérdida promedio de 220 u$s/ha. Este escenario marca el tercer año consecutivo de rentabilidades negativas, una situación que hoy solo es contenida gracias a los generosos subsidios estatales del gobierno estadounidense.
Costos récord y el “efecto Trump”
El informe técnico de ASA identifica una combinación de factores internos y externos que han disparado los costos de producción. El aumento en los valores de la tierra, la maquinaria, las semillas y los fertilizantes ha creado una estructura de gastos difícil de sostener.

Un punto central del análisis recae sobre las políticas proteccionistas de Donald Trump. El sector agrícola de ese país depende de importaciones de insumos por un valor aproximado de 33.000 millones de dólares anuales. La aplicación de elevados aranceles a fertilizantes y fitosanitarios incrementó el costo efectivo de las importaciones y provocó una suba en los precios internos, afectando especialmente al segmento de los fosfatados.
Si bien la Orden Ejecutiva 14257, firmada el pasado 14 de noviembre, eliminó aranceles a productos clave como el DAP, MAP y la potasa, el alivio llegaría recién para el ciclo 2026/27. Mientras tanto, siguen vigentes aranceles compensatorios sobre Marruecos —principal exportador mundial de nutrientes— y una oferta restringida por parte de China, lo que mantiene la presión sobre los costos logísticos y de suministro.
La trampa de los insumos: Precios que suben pero no bajan
Uno de los fenómenos más preocupantes descritos por la ASA es el desacople de precios iniciado en 2021. Históricamente, los valores de los agroinsumos y de los granos fluctuaban de manera conjunta. Sin embargo, en el escenario actual, los costos de los insumos tienden a mantenerse en niveles elevados incluso cuando el precio de los commodities agrícolas baja.

Este comportamiento ha provocado márgenes negativos para la soja durante los últimos tres años. Mientras la oferta internacional de soja continúa creciendo, impulsada principalmente por los productores sudamericanos, controlar los costos internos se vuelve una cuestión de supervivencia para los agricultores estadounidenses.
Un final de ciclo incierto
El documento de la ASA advierte que, de no mediar un aumento significativo en los ingresos durante el próximo ciclo 2026/27, el negocio enfrentaría su cuarto año de pérdidas sustanciales. Esto marcaría el periodo de crisis más largo para la soja estadounidense desde el lapso comprendido entre 1998 y 2002.

En un mercado global altamente competitivo, la capacidad de EE.UU. para mantener su cuota de exportación dependerá de cómo logre desarmar esta estructura de costos rígida que hoy castiga a sus productores a pesar del auxilio oficial.






