Por Nicolás Carugatti
En la alta política, las imágenes no solo muestran acuerdos: destruyen relatos. La reciente fotografía que reunió al gobernador Maximiliano Pullaro y a la vicegobernadora Gisela Scaglia con Diego Santilli y la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, resonó con fuerza en las oficinas de la Casa Rosada y en los despachos de la ciudad de Santa Fe. Sin embargo, en el Cordón Industrial provocó un auténtico terremoto que dejó al descubierto la incomodidad estratégica de una de las organizaciones sindicales más poderosas de la región: el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA).
El armado político conducido por el secretario general Daniel Succi quedó, literalmente, en fuera de juego.
De la alianza con Pullaro a los dardos a Balcarce 50
Para entender la encrucijada del SOEA hay que repasar el mapa territorial. La conducción aceitera tejió una estrecha alianza política con el gobernador Pullaro, estructura desde la cual impulsaron y financiaron la candidatura a intendente de Luciano Mandón en Puerto General San Martín. Hasta allí, una jugada de inserción territorial tradicional.

El problema radica en la inocultable esquizofrenia del discurso. Mientras por lo bajo los dirigentes sindicales nutren su “sueño húmedo de poder” participando del armado político de Unidos, en la esfera pública Daniel Succi no pierde oportunidad para disparar munición gruesa contra el modelo económico y las políticas del presidente Javier Milei. Un doble juego que resiste poco cuando la política nacional reordena las fichas.
El trampa de las “colectoras”
La discusión por la reforma electoral en el Congreso Nacional, que avanza hacia la suspensión de las PASO y la habilitación del sistema de listas colectoras, convierte la foto de Pullaro con Karina Milei en una trampa perfecta para los aceiteros.

Si Unidos decide no llevar candidato presidencial propio y “enganchar” sus listas provinciales y locales a la boleta presidencial de Javier Milei, los candidatos territoriales del SOEA —que caminan las calles bajo el paraguas del oficialismo santafesino— terminarán compartiendo espacio de manera directa con la figura del Presidente libertario. Dicho de otro modo: el gremio que denuncia la “destrucción del país” en los portones fabriles terminará pidiendo el voto en la misma boleta que encabeza el propio Milei.
Dos sillas y un costo para los trabajadores
Históricamente, el movimiento obrero argentino ha mostrado un comportamiento harto conocido: silencio y contención durante los gobiernos de cuño peronista, y combate frontal frente a administraciones de otro signo. Sin embargo, el fenómeno actual en el Cordón Industrial nos enfrenta a una anomalía inédita: la emergencia de un verdadero “gremio con peluca”.
Intentar sentarse en dos sillas simultáneamente —la de la rosca política junto al oficialismo provincial alineado con la Casa Rosada, y la de la intransigencia sindical en la puerta de las plantas— termina generando una distorsión peligrosa. Cuando las ambiciones personales de los dirigentes priman sobre la coherencia estratégica, la falta de previsibilidad y la confusión de roles terminan afectando la capacidad real de defensa de sus representados.

El pragmatismo político es una herramienta válida, pero exige hacerse cargo de las consecuencias. En el nuevo tablero que trazó la foto de Karina Milei y Pullaro, el SOEA quedó atrapado en sus propias contradicciones: militando en el espacio de la “Libertad” mientras en los micrófonos intentan convencer a los trabajadores de lo contrario.






