La reciente flexibilización del corte de biocombustibles anunciada por el Gobierno Nacional —que permitió elevar voluntariamente la mezcla de bioetanol del 12% al 15%— reabrió el debate sobre el potencial de la bioenergía en la Argentina. Desde Córdoba, principal polo productor de bioetanol de maíz, la respuesta fue clara: celebran la medida pero advierten que es insuficiente si no se acompaña de una ley nacional que brinde previsibilidad a largo plazo.
Mariano Santillán, director de Biocombustibles y Bioenergías de Córdoba, fue el encargado de formalizar la propuesta técnica de la provincia mediterránea. El objetivo es ambicioso: elevar el corte de forma escalonada hasta alcanzar el 20% y, finalmente, el 30%, siguiendo el exitoso modelo implementado por Brasil. Según el funcionario, este incremento es la llave para desatar una ola de inversiones privadas que hoy se encuentran frenadas por la falta de un marco regulatorio estable.
El reclamo por una Ley de Biocombustibles
Para Córdoba, las medidas de emergencia por resolución administrativa no bastan para consolidar a la “Vaca Viva”. La industria requiere una ley nacional construida por consenso que reemplace o reforme el marco actual. “Es fundamental tener reglas de juego claras para que el sector privado se anime a realizar inversiones de gran envergadura”, señalaron desde la cartera cordobesa, subrayando que la capacidad de producción nacional está lista para responder a una mayor demanda.
Estabilidad de precios y valor agregado
Uno de los puntos centrales de la propuesta es el beneficio para el consumidor. Santillán aclaró que un mayor corte de bioetanol no necesariamente implica subas en el surtidor. Por el contrario, en contextos de alta volatilidad del precio internacional del petróleo, el biocombustible de producción local actúa como un amortiguador, ayudando a estabilizar los costos internos de los combustibles.
Además del impacto económico, la propuesta de elevar el corte al 30% tiene un fuerte componente ambiental y de desarrollo regional. Permitiría avanzar en la descarbonización del transporte y, al mismo tiempo, generaría miles de puestos de trabajo calificados en el interior del país, transformando el grano de maíz en energía limpia y con valor agregado en origen.







