Mediocridad dirigencial y negocio para pocos “vivos”

Centros de Salud Sindicales ahondan la crisis en el sistema de salud del Cordón Industrial

Varios gremios en la región tienen clínicas propias que sindican como la “solución” para sus afiliados y no son más consultorios externos ¿Por qué no aunar esfuerzos para un único y gran sanatorio sindical y/o privado?


La exposición de centros médicos propios que varios sindicatos de la zona hacen en alusión al compromiso de sus dirigentes para con sus afiliados, no son más que una blasfemia.

La mayoría de ellos no ofrece más que consultorios externos o algún que otro aparato de vieja tecnología o acotado uso, tales como rayos x o ecógrafos; ergo, lo que cualquier clínica médica privada tiene también.

Lo mismo sucede para los que promocionan “laboratorios”. ¿Qué tiene de novedoso o distinto de cualquier otro de las decenas que en la actividad privada ya existen? Nada.

Estos dirigentes sindicales siempre se refieren al compromiso que asumen sus conducciones y recurren a un libreto berreta en defensa de la salud ¿Y qué hacen? Habilitan consultorios externos con el dinero de sus afiliados saliendo a competir con los profesionales de la salud privada, asumiendo un rol que claramente no les cabe y con lo ayudan a deteriorar aún más la precariedad de la medicina privada en el Cordón Industrial.

No son responsables directos de esa situación, pero habrá que evaluar en cuánto incidieron para que hoy exista apenas un solo sanatorio equipado con internación y algo de diagnóstico por imágenes.

La falta de un complejo equipado con la tecnología que demanda una zona como el Cordón Industrial es consecuencia del cambio de las variables en el negocio, de la mezquindad e inoperancia de varios de los empresarios de la salud privada local, pero también de los dirigentes sindicales.

Estas organizaciones obreras concentran un volumen importante de cápitas, por lo que bien podrían hacerlas valer para convenir un pago acorde a mejores prestaciones, acordando más beneficios para sus afiliados en un probable futuro sanatorio modelo local y/o en los más prestigiosos de Rosario.

Para el caso bien cabe la política que desarrollan los aceiteros, que acaban de inaugurar un centro de salud propio con 14 consultorios, una sala de rayos X y una zona específica para traumatología. Y también un laboratorio.

¿Qué tiene de diferencia con cualquier centro médico privado y laboratorio bioquímico de San Lorenzo, Puerto San Martín o Capitán Bermúdez? Poco y nada.

¿Qué tiene de extraordinario otros centros de salud sindicales como SOEPU, SMATA, Portuarios, Sitram San Lorenzo, Papeleros o  Ceramistas? Nada. Ninguno posee quirófano, salas de internación, terapia intensiva o equipamiento de alta tecnología para diagnóstico por imágenes.

Por el contrario, cada uno construye su propia estructura para habilitar consultorios externos que son atendidos por los mismos médicos que prestan sus servicios en cualquier otro centro privado. Y no mucho más.

En algunos casos incluso alquilaron esas estructuras edilicias que se erigieron con plata de sus afiliados, como los Ceramistas y los Papeleros. En otros, hasta llegaron a equipar un nuevo lugar y habilitarlo directamente como clínica privada, como lo hicieron y siguen haciéndolo los Portuarios.

Además, muchos suelen atender a personas que no están afiliadas a sus gremios e incluso también a los abonados a empresas de medicina prepaga.

¿Por qué se empecinan en entrometerse dentro de un campo que le es ajeno? ¿Para qué privar a sus afiliados de un servicio mejor y más profesionalizado que podría ofrecerle la salud privada? ¿Cuál es la verdadera intención de estos sindicatos al detentar estructuras sanitarias con servicios básicos que no suman valor agregado alguno a lo que desde hace años ya existe en el Cordón Industrial? ¿Por qué no gestionan acuerdos con los principales sanatorios de Rosario y de Buenos Aires o de cualquier otra parte del país en vez de gastar recursos y esfuerzos en clínicas con consultorios externos?

Quizás haya que interpretar esto como una mezquindad o inoperancias de estos dirigentes, o peor aún, sólo para sostener un negocio para unos pocos, ya sea para los profesionales que atienden en esos consultorios o los directores de cada centro que, no por casualidad, son siempre cuatro o cinco que alternan o alternaron sus tiempos con cargos en la función pública.

Quizás algún día estos u otros dirigentes gremiales se decidan a construir una única y gran clínica médica sindical para todos los trabajadores del Cordón Industrial que disponga de la última tecnología que asegure una excelentísima prestación para sus filiados.

Quizás alguna vez se entienda que el esplendor que otrora dispuso el Cordón Industrial con la existencia de varios sanatorios como el Instituto Médico Regional, la Clínica Moreno o el Climpa de Capitán Bermúdez fueron resultado de la pujanza de las obras sociales sindicales, y ese mismo esquema, pueda repetirse.

Recursos monetarios, es evidente, que no les faltan, aunque sí un compromiso dirigencial más firme y creativo.

Por si no quedó en claro, la destrucción del negocio de la medicina privada en la región no es culpa exclusiva de los sindicatos. Lejos de ello, los principales responsables son esos mismos empresarios, pero otros actores de la sociedad también participaron para que hoy San Lorenzo y la región con cuente con un nosocomio de alta tecnología.

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