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Cineastas locales filmaron un mediometraje en las islas del Paraná

Los sanlorencinos Emiliano Ovejero y Belén Pagiola, quienes encabezaron el equipo de filmación, cuentan cómo fue el rodaje. Ambos pertenecen al dispositivo pedagógico de cine "Cero en conducta"


Los cineastas sanlorencinos Emiliano Ovejero y Belén Pagiola filmaron el mediometraje de ficción titulado “Las islas” que se filmó íntegramente en ambas costas del río Paraná.

Mirá el teaser:

Entrevista con los creadores:

-¿Cómo surgió la idea?

Desde hace varios años venimos realizando experiencias cinematográficas con niños y adolescentes en diferentes marcos educativos y culturales. Y nos pasa que cuando vemos el potencial de los chicos siempre nos quedan ganas de dar continuidad a la experiencia, de que los participantes puedan seguir desarrollando una cualidad que se revela en ellos, de abrir nuevos caminos. Es muy importante que a temprana edad se pueda descubrir un talento, un valor singular que uno lleva encima, pero para eso es fundamental que haya un campo para poder trabajar y desarrollar esa esencia. Si uno tiene un potencial y tarda en reconocerlo, se puede tornar en una latencia permanente que puede durar muchos años. También pasa que  cuando uno ya se definió, luego es difícil tener espacio dónde desarrollarse. A partir de todos estos cuestionamientos, teníamos ganas de generar una experiencia concreta y pensamos este proyecto de película de mediometraje (actualmente el relato tiene 45 minutos) en el que pudieran participar niños y adolescentes mezclados con técnicos y artistas de la región que también estén buscando espacios creativos. Dos productores culturales de la región, socios de nuestro programa, se interesaron con la propuesta y participan con la producción.

 

– ¿Qué significación tiene el hecho de ser filmado en las islas?

 

Nos interesaba tratar cuestiones propias de nuestro paisaje. En primer lugar, el río Paraná y su imponente presencia. El río como división, como frontera entre lo puramente natural y lo puramente social. Nos interesaba describir de alguna manera el contraste entre las dos costas: la belleza de la naturaleza del lado de las islas, en contraste con este contexto puramente industrial y portuario, que es donde habitamos. Llama la atención cómo en una demarcación precisa puede haber dos mundos tan diferentes. Nos interesaba ver y mostrar lo que este maravilloso entorno natural puede significar para unos y lo que puede significar para otros. El hecho de que estén arrasando sistemáticamente desde hace varios años las islas, y todo su ecosistema, con fuego intencionado es una clara prueba de que este lado ya les queda chico para desmantelar la naturaleza y hacer negocios. En la película se puede sentir esta tensión entre las dos orillas, entre las dos maneras de entender la vida. En cuanto a esta historia puntual, si se quiere, la naturaleza estaría ligada a un estado primitivo, a la infancia, a la inocencia. Pero no como ideal, sino como proyección de algo hermoso que está ahí, frente a nuestros ojos, pero que no podemos terminar de abrazar. Y la edad adulta estaría relacionada con las reglas sociales, los deberes laborales, la rueda del sistema fabril en el que estamos viviendo. El personaje que articula la historia y se mueve entre los dos paisajes, Alicia, dejó la niñez hace ya tiempo pero, al mismo tiempo, no es una persona adulta, por lo que está a medio camino, en un tramo de indefinición personal. Y en esa misión de cruzar de la ciudad a la isla y asumir una responsabilidad propia de adulto social, la acompañamos con sus miedos, cuestionamientos y aprendizajes.

 

– ¿Cómo fue el rodaje?

 

En el verano hubieron unas 8 jornadas intensas en la isla, frente a la altura de San Lorenzo y de Puerto General San Martín. Hubieron también otras jornadas más cortas en estas dos ciudades. La experiencia de filmar es siempre fantástica aunque extenuante por la energía y la organización que lleva, más aún si se hace en un lugar como la isla, sin electricidad, con difícil acceso, etc. La buena energía del grupo y del lugar hicieron que fuera un momento realmente mágico. Filmar en el río, en la isla, en verano, con gente que uno aprecia mucho es un fenómeno que no siempre se puede dar, por lo que es para celebrar. Fue muy interesante porque a los niños (8 y 10 años) que participaron los conocimos en talleres que hicimos en 2019 y demostraron un potencial enorme con la cámara, con la puesta en escena, con la música, entre otros aspectos. Luego, la invitación a participar de la experiencia la extendimos intuitivamente a sus padres que nos revelaron y entregaron una capacidad artística fantástica frente a la cámara. La adolescente que hace el papel de Alicia también era una participante de nuestros talleres de 2019 que había dado muestras de mucho potencial. Y efectivamente, en el momento de rodaje se cristalizó en ella una magia y una fuerza asombrosa.  Cosa que nos alegra porque más allá de la película como objeto artístico, estas son las cosas que nos interesa, que el talento de los niños y de jóvenes se materialice en hechos concretos, que les de cuerda para seguir investigando en ellos mismos. Si bien ya había un hilo narrativo como disparador, los personajes y las relaciones terminaron siendo moldeados por ellos mismos. El equipo de producción se compuso por técnicos y artistas amigos con los cuales trabajamos en diferentes proyectos desde hace muchos años y que por fin pudimos reunir para esta experiencia. A pesar de las diferencias de edades y personales, hubo una unidad muy fuerte y se creó una carga afectiva en el ambiente. Es importante también señalar a los coproductores de este proyecto cinematográfico que confiaron en nuestro trabajo y nos permitieron los recursos necesarios para que la experiencia se concrete. Cosa importantísima a señalar, ya que es una producción completamente independiente.

 

-¿Qué camino de distribución le espera al medio?

 

– Hacia el mes de marzo, cuando faltaba muy poco para una primera versión y una planificación de proyecciones, el confinamiento hizo que el proyecto se pusiera en pausa. Todos estos meses de incertidumbre general y quietud afectaron naturalmente el humor, el proceso y las planificaciones. A medida que nos adaptamos a estos tiempos, adaptamos también el proyecto y nos encontramos naturalmente añadiendo nuevos elementos a la historia. Aprovechamos este momento de inactividad forzosa para reforzar ciertas ideas del relato que este tiempo de pandemia y de incendios en la isla, nos invita a seguir cuestionando. Es una oportunidad que tenemos de poder seguir trabajando, de sentir que la historia está viva, flexible, creciendo con nosotros. Por lo que el camino de distribución va a depender de la forma final, su duración y, esencialmente, del panorama de festivales que está readaptándose a esta situación mundial.

 

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