De la mano de proyecto inmobiliario rememoran el viejo Cine San Martín

El emprendimiento que un grupo de inversores anotició al Concejo Municipal sanlorencino, que reciclará la fachada del ex cine, impulsó una corriente de nostalgia


La repercusión que tuvo en la opinión pública sanlorencina el proyecto inmobiliario que contempla la remoción del ex cine San Martín, fue tal, que la gran mayoría imagina la vuelta de esta tradicional sala tal como se la recuerda funcionando décadas atrás. Aunque ello no será viable y quede en la consciencia colectiva de un pueblo nostálgico, necesitado de identificarse con aquella arquitectura casi desaparecida para una ciudad que se jacta de histórica, el sueño del regreso del cine, es un deseo irrechazable.

A continuación, agenda reproduce un texto enviado a esta redacción que reproduce esa imagen colectiva.

“Existe en la vida de cada ser, cosas y momentos maravillosos que vuelven, algunos lo hacen parcialmente y otros, la mayoría, que no vuelven nunca más y quedan alojados en la memoria, simplemente, como un grato momento. La noticia de la restauración del otrora emblemático cine San Martín, a través de un proyecto de remodelación, trajo a mi memoria toda su historia y aquel emocionante acontecimiento de nuestra vida pueblerina que fuera su inauguración y que mi mente lo tiene registrado de esa forma”.

“Yo vivía a cien metros  y veía como su construcción avanzaba día a día, dando la sensación de convertirse en un castillo. Así, hasta que sus puertas se abrieron y hacia allí fuimos, con nuestras mejores galas. Asistir a esa inauguración , junto a todos mis amigos y a toda la ciudad, a aquel edificio esbelto, hermoso y más moderno, por entonces, del país, me parecía irreal, un sueño, que me hacía participar de ese orgullo que invadía mi pecho y ser un poco dueño de ese verdadero monumental edificio que nos recibía con un gran cartel luminoso, que con letras de neón anunciaba su nombre: Cine Teatro Gral. San Martín”.

“Era la noche del viernes 26 de octubre de 1956. Lo recuerdo perfectamente, es más difícil de olvidar, con esos entonces 16 años, un acontecimiento como ese. Mi sola palabra puede ser discutida por otras, pero se torna indiscutible ante ese elemento que en aquel momento era la prueba máxima de su existencia: el programa de las películas a exhibir. Con ese rectangular papel en nuestras manos, y luego de abonar los $5,80 pesos de entrada, ingresamos por primera vez a la enorme sala, y nuestros asombrados ojos se encontraron con mil finas butacas de cuero color marrón, en la planta baja, y otras seiscientas en el balcón superior. El escenario con gran pantalla, foso para orquestas y un gran telón rojo, al igual que su cortinado de ingreso y las alfombras, a las que se sumaban las luces embutidas y un equipo de aire acondicionado frío-calor, conformaban el lujo de ese palacete”.

“Dos enormes y modernísimos proyectores, de casi dos metros de altura. De origen holandés, se encontraban en lo más alto del piso superior. Tuve la suerte de verlos muy de cerca, pues durante algunos meses fui ayudante del operador, el maestro Soro. Si señor, era el mejor, el más lujoso, el más amplio, el más todo de nuestro país, y desde ese día se convirtió en el punto de referencia de la zona”.

“¿Para cuantas parejas esa sala fue el living a media luz de sus noviazgos? Luego, ya con sus familias, la salida rigurosa del sábado a la noche o el domingo a la tarde, donde nada raro era encontrarse con largas colas o con la desolación de enfrentarse al catel Entradas Agotadas. Así funcionó durante 34 años, hasta que el video hogareño hizo que el sueño fuera muriendo poco a poco”.

“Creo que todos quienes vivimos aquella época sentimos un poco de reminiscencias y tristeza cada vez que pasamos frente a ese gigante, hoy caído. De pronto, una noticia inunda la ciudad y corre como un reguero de pólvora. Los corazones palpitan aceleradamente y los recuerdos fluyen: vuelve el Cine San Martín”.

“Pues bien, esa es la noticia, escueta, simple, pero que nos hace retrotraer medio siglo en nuestras historias. Inaugurado en 1956…hace 56 años. Solo nos resta que se haga realidad. No interesa que sea aquella grandilocuente sala, nos alcanza con volver a ver el frontispicio vidriado que nos deslumbró cuando fuimos por primera vez. Es símbolo es también parte de nuestro acervo ciudadano. Que Dios, las autoridades y los autores del proyecto arquitectónico, así lo quieran”.

Juan Carlos Cruz

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