Dijo que había sido secuestrado y casi asesinado para faltar a la escuela

Tiene 16 años y fingió estar secuestrado para no ir a la Escuela. Según su relato, había sido abordado por dos motociclistas y llevado al río, donde los maleantes debatieron si lo mataban o no. Llorando confesó luego que todo era una mentira.


Un adolescente de 16 años, alumno de la Colegio “De La Plaza” de Capitán Bermúdez ubicado en la esquina de Jujuy y Florida, contó que había sido secuestrado y abandonado cerca del río Paraná, donde sus captores habían amenazado con matarlo.

Según el relato del joven, llamado Josué cuando iba al Colegio este lunes, a las 7.30 de la mañana, fue abordado por dos motociclistas jóvenes, uno de ellos con un arma de fuego, y secundado además por otra motocicleta ésta por un solo masculino. “El chicho dijo que el delincuente armado lo redujo, obligándolo a subir a la motocicleta en la cual se movilizaba en solitario, siendo a la vez intimado de muerte por el armado que les puso a la par y en custodia”, explicó el Crio. Sebastián Urundez, subjefe de la Comisaría 2° de Capitán Bermúdez.

Una vez “raptado” por los tres malvivientes, el chico marcó que fue llevado a la esquina de Lugones y Dorrego, en el corazón de la zona denominada “El Zanjón”, en el límite entre las ciudades Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez.

El menor contó además que “los malhechores lo llevaron luego a la bajada al río Paraná de calle Chocón”, donde lo hicieron descender de la motocicleta y uno de ellos, que no portaba arma de fuego sino un cuchillo, intentó apuñalarlo, “acción que fue impedida por uno de los delincuentes que convenció a su compinche de que no lo hiciera”, destacó el Crio. Urundez.

Seguidamente, según lo dicho por el joven, los rufianes se dieron a la fuga sin dar explicaciones, dejándolo sólo en una especie de paseo costanero que hay en esa zona.

Una vez enterado de los hechos, efectivos policiales recorrieron junto al denunciante y su padre los distintos lugares donde había estado el joven; y fue allí “donde empezamos a notar algunas contradicciones en el relato del joven”, dijo el uniformado. “El chico no podría explicar por qué si había sido atacado con un cuchillo no tenía heridas, y hasta dijo que al momento de recibir el ataque se había quebrado la hoja del arma”, contó el Crio. Urundez y razonó: “Si hubiese pasado eso igual la piel del chico tendría marcas”.

Y fue mientras el policía le marcó esas contradicciones que imprevistamente el adolescente irrumpió en llanto, manifestando que todo lo expresado había sido un invento suyo. “No quería concurrir mas a la escuela, y terminó reconociendo que los efectos escolares robados (mochila, carpeta y demás útiles), habían sido arrojados al rio Paraná por él mismo”.

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