Revisar el celular antes de dormir, actualizar una red social de manera permanente, saltar de un video a otro o sentir la necesidad de responder inmediatamente a una notificación son conductas cada vez más habituales. En muchos casos, incluso cuando generan cansancio, ansiedad o culpa, resulta difícil interrumpirlas.
El fenómeno puede explicarse, en parte, por la manera en que funciona el sistema de recompensa del cerebro. Según explica el doctor Enrique De Rosa Alabaster, médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista especializado en salud mental, la dopamina no debe entenderse simplemente como la “hormona de la felicidad”, sino como un neurotransmisor estrechamente relacionado con la motivación y la anticipación de una recompensa.
Durante miles de años, ese mecanismo ayudó al ser humano a buscar aquello que necesitaba para sobrevivir: alimento, agua o refugio. El problema aparece cuando un sistema desarrollado en un contexto de escasez se enfrenta a la actual hiperabundancia de estímulos digitales.
La trampa está en la anticipación
Una de las claves del fenómeno es que la respuesta dopaminérgica no depende exclusivamente de obtener una recompensa. La expectativa de conseguirla también puede resultar altamente estimulante.
Por eso, el atractivo de una red social no necesariamente está en el contenido que finalmente aparece, sino en la expectativa de encontrar algo nuevo: un mensaje, un “me gusta”, un video interesante o una noticia. El desplazamiento infinito de las pantallas facilita que esa búsqueda continúe sin un punto claro de finalización.
A este mecanismo se suma el llamado error de predicción de recompensa, concepto desarrollado a partir de investigaciones del neurocientífico Wolfram Schultz. Cuando existe una diferencia entre lo que el cerebro espera recibir y lo que finalmente obtiene, se modifica la respuesta del sistema de recompensa, favoreciendo la repetición de la conducta.
Un mundo diseñado para reducir la “fricción”
Otro elemento central es la facilidad con la que actualmente podemos acceder a los estímulos. Comprar, jugar, mirar contenido, comunicarse o recibir información requiere apenas unos segundos y, en muchos casos, un solo movimiento del dedo.
Esta denominada “fricción cero” elimina los momentos de pausa que antiguamente existían entre el deseo y la recompensa. Las plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención y ofrecer estímulos de manera rápida y permanente.
El resultado puede ser un círculo repetitivo: estímulo, recompensa, caída y nueva búsqueda. Con la exposición constante, el cerebro puede adaptarse a esos niveles de estimulación y disminuir su sensibilidad, un proceso conocido como regulación a la baja o downregulation de los receptores de dopamina.
Cuando el estímulo deja de alcanzar
La adaptación puede generar tolerancia: la persona necesita cada vez más tiempo o estímulos más intensos para obtener una sensación similar. En lugar de utilizar el celular, jugar o consumir determinado contenido para sentirse bien, puede terminar haciéndolo simplemente para dejar de sentirse mal.
Otro concepto asociado es la anhedonia, es decir, la dificultad para experimentar placer con actividades que anteriormente resultaban satisfactorias. Leer un libro, mantener una conversación, caminar, realizar actividad física o desarrollar una tarea manual pueden parecer menos atractivas frente a la inmediatez de los estímulos digitales.
De esta manera, pueden aparecer estados de ansiedad, irritabilidad, impaciencia e insatisfacción, especialmente cuando se intenta interrumpir el consumo habitual.
Cómo recuperar el control
Frente a este escenario, la estrategia no debería depender únicamente de la fuerza de voluntad. El planteo central es modificar el entorno para recuperar espacios de pausa y aumentar la dificultad de acceder automáticamente a los estímulos.
Entre las alternativas mencionadas se encuentran:
-Mantener el celular lejos de la cama durante la noche.-Desinstalar aplicaciones que generan un uso compulsivo.
-Utilizar dispositivos con menos funciones cuando sea posible.
-Establecer momentos del día sin interrupciones digitales.
-Recuperar actividades de menor estimulación inmediata, como leer en papel.
-Realizar ejercicio físico y tareas manuales.
-Generar espacios de contacto con la naturaleza y conversaciones sin dispositivos.
También se menciona el denominado “ayuno de dopamina”, una estrategia basada en limitar temporalmente determinados estímulos. Más allá del nombre, el objetivo es recuperar la capacidad de tolerar actividades menos intensas y reducir la exposición permanente a recompensas inmediatas.
En definitiva, el desafío de la era digital no consiste solamente en aprender a utilizar mejor la tecnología, sino en rediseñar nuestros hábitos y entornos para que el próximo clic no sea siempre la respuesta automática. La clave está en recuperar la capacidad de elegir cuándo conectarse y, especialmente, cuándo desconectarse.
Fuente: Infobae







