Cuando lo único importante es impedir

El ecosistema de la suciedad: cuando defender a las palomas se vuelve una trampa contra el vecino

El ecosistema de la suciedad: cuando defender a las palomas se vuelve una trampa contra el vecino

Foto utilizada por el concejal Aricó
En su denuncia de 2022, el concejal Esteban Aricó justificó su rechazo a la poda de la Plaza San Martín destacando "el rol de las aves en el ecosistema". Hoy, con el espacio público cubierto de desechos y olores nauseabundos, aquel argumento ambientalista parece haber ignorado la realidad de una plaga que hace imposible la convivencia en el centro cívico.

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En su denuncia de 2022, el concejal Esteban Aricó justificó su rechazo a la poda de la Plaza San Martín destacando "el rol de las aves en el ecosistema". Hoy, con el espacio público cubierto de desechos y olores nauseabundos, aquel argumento ambientalista parece haber ignorado la realidad de una plaga que hace imposible la convivencia en el centro cívico.

La política local suele ofrecer capítulos donde el idealismo choca de frente con la gestión de los problemas cotidianos. El 14 de marzo de 2022, el concejal opositor Esteban Aricó llevó a la justicia la poda de la Plaza San Martín, calificándola de “tala indiscriminada”. Sin embargo, más allá de los tecnicismos legales sobre la altura de los troncos, el corazón de su argumento fue la defensa de las palomas como un actor clave de la naturaleza urbana.

¿Aves o plaga urbana?

En su presentación, el edil remarcó que “no podemos olvidar la importancia de las aves y su rol en el ecosistema”, asegurando que controlan insectos y polinizan. Si bien esta premisa es válida en entornos naturales, en el centro de San Lorenzo la realidad es distinta: las palomas han proliferado de forma descontrolada gracias al excedente de cereal de los puertos y los accesos viales, convirtiéndose en una plaga que pone en riesgo la salud pública.

Oponerse a la poda bajo el romántico argumento del equilibrio ecológico ha demostrado ser, a cuatro años de distancia, una postura irracional. Mientras la denuncia de Aricó pedía proteger el hábitat de las aves, los vecinos y padres de la escuela Martín M. de Güemes quedaban rehenes de un ambiente insalubre, con veredas intransitables y un olor fétido que el lavado con hidrolavadoras —propuesto por el concejal— nunca logró solucionar.

Aricó reveló en su momento en medios locales “ante el reclamo de vecinas y vecinos por la acción que se está llevando a cabo en la plaza principal de nuestra ciudad, desde al área de prensa municipal respondieron que se trató de una poda por la presencia de las aves que producen excrementos en las veredas. Pero, evidentemente, existen otras maneras de manejarlo. Por ejemplo, se podrían haber utilizado ahuyentadores de aves ecológicos y una hidrolavadora de alta presión, aplicando desinfectantes y eliminado los desechos, pero nunca extraer la parte aérea de los árboles que está expresamente prohibido”, expresó el edil y reiteró: “no hay fundamentos para hacer lo que hicieron”. 

El costo de una oposición ideológica

La demanda solicitaba que el municipio fuera sancionado con la plantación de mil árboles y campañas de concientización. No obstante, al no prosperar la denuncia, quedó en evidencia que la prioridad de la gestión debe ser la higiene urbana. Defender la “sombra refrescante” y el “hábitat de las aves” suena bien en un comunicado de prensa, pero en la práctica significó intentar frenar la única herramienta efectiva (la poda) para erradicar el foco de infección que generan miles de palomas en el corazón de la ciudad.

Hoy, la Plaza San Martín sigue pagando las consecuencias de aquella judicialización que intentó anteponer el bienestar de una plaga por sobre el derecho del ciudadano a disfrutar de una plaza limpia.