El peronismo santafesino atraviesa una crisis que ya no puede disimularse detrás de consignas vacías ni de alianzas coyunturales. En la última elección provincial, el movimiento decidió entregar su conducción política a un armado claramente identificado con la izquierda, llevando como principales candidatos al matrimonio Juan Monteverde – Karen Tepp, fundadores del espacio Ciudad Futura, una fuerza que nació y se desarrolló bajo referencias ideológicas vinculadas al chavismo venezolano y al castrismo cubano.
Esa identidad no fue nunca un secreto. Por el contrario, fue reivindicada públicamente durante años, incluso a través de acciones simbólicas que exaltaron la figura de Hugo Chávez, a quien consideraron un modelo político. Ese corrimiento ideológico del peronismo provincial no fue gratuito: implicó resignar su tradición histórica, su vocación mayoritaria y su anclaje popular, para quedar atrapado en una lógica de militancia ideologizada, ajena a la realidad social y productiva de Santa Fe.

Ese mismo proceso tuvo su correlato local en San Lorenzo. La conformación de la lista de concejales encabezada por Esteban Aricó, con Jazmín Petrillo como segunda candidata, consolidó un bloque que hoy responde mayoritariamente a expresiones del Movimiento Evita, una fuerza política alineada históricamente con el kirchnerismo duro, el chavismo y Ciudad Futura. Ese armado desplazó a los sindicatos, debilitó a los dirigentes territoriales y dejó al peronismo local sin capacidad propia de construcción electoral.
La pérdida de peso de las organizaciones sindicales, sumada al retiro progresivo de dirigentes históricos por razones generacionales, terminó de allanar el camino para que la izquierda se convierta en fuerza dominante dentro del peronismo sanlorencino. No se trató de una renovación virtuosa, sino de un reemplazo ideológico que vació al movimiento de su identidad original.
Esta semana, ese corrimiento quedó expuesto de manera explícita. Los concejales Petrillo y Martín Cerdera utilizaron sus redes sociales para condenar acciones internacionales vinculadas a Venezuela, en una línea discursiva que evitó cualquier mención a la naturaleza autoritaria del régimen de Nicolás Maduro, responsable de persecuciones políticas, exilios forzados y una crisis humanitaria sin precedentes en la región.

Lejos de asumir el costo político de ese posicionamiento, Esteban Aricó optó por victimizarse. A través de un video con un discurso de manual kirchnerista, intentó desacreditar a este medio asegurando que SL24 responde a órdenes del intendente. Esa reacción no solo fue una falta de respeto a la libertad de prensa, sino una muestra más del ADN autoritario que caracteriza a este nuevo peronismo de izquierda, que concibe al periodismo como un enemigo y a la crítica como una conspiración.
Conviene recordarle al concejal Aricó que no todos somos iguales. Pensar que el periodismo actúa por órdenes políticas revela una lógica propia de quienes están acostumbrados a confundir militancia con información y poder con obediencia. El peronismo que armó listas con sectores que relativizan o niegan la dictadura venezolana no fue el periodismo, fue usted.
San Lorenzo asiste hoy a una paradoja inquietante: un peronismo que habla en nombre de los pobres mientras justifica modelos políticos que empujaron a más del 55 por ciento de su población a la pobreza estructural. Un peronismo que se dice popular, pero abraza experiencias autoritarias fracasadas. Un peronismo que perdió su columna vertebral y ahora pretende disciplinar a quienes señalan ese desvío.
El costo de ese corrimiento ideológico ya empezó a pagarse. Y no lo paga la dirigencia. Lo paga la ciudad.






