El real se abarata y obliga al dólar a una suba más rápida

La moneda brasileña se debilita y presiona para que el peso también lo haga y no pierda competitividad ¿Movimiento aislado o nueva política cambiaria?


Apenas seis días hábiles. Ese es el plazo que necesitó el Banco Central para mostrarle al mercado cambiario y financiero local que decidió apretar el acelerador y hacer subir al dólar un poco más rápido en el mes que acaba de iniciarse.

Así, el cansino ritmo que venía mostrando el billete verde en la plaza local -con un desplazamiento promedio de 2,5 centavos por mes- se vio alterado por un cambio en la política de la entidad.

En efecto, en lo que va de mayo, el tipo de cambio pasó de $4,42 a $4,445, lo que implica una devaluación del 0,57%.

Una cifra que si bien puede parecer exigua, supera cómodamente al promedio mensual de los últimos tres años, que fue apenas del 0,48 por ciento.

Es más: de mantenerse el ritmo establecido en estos últimos días, el mes culminaría con una depreciación del peso del orden del 2%, lo que representaría la devaluación más alta desde marzo de 2009, cuando se registró un pico de 4,2%, en plena crisis financiera global (ver infografía a continuación):

¿Por qué ocurre esto? Está claro que en esta política que ya tiene muy poco de “flotación” y cada vez más de “administrada”, quien tiene la iniciativa y la palabra final para determinar cuánto y cómo se mueve el dólar es el Banco Central.

Esto es así dado que es el principal comprador del mercado y, a lo largo del año, pudo adquirir nada menos que u$s6.600 millones -si bien buena parte de esta cifra no quedó plasmada en reservas-, lo cual evidencia su elevadísimo poder de fuego para controlar el precio de la divisa.

La entidad dirigida por Mercedes Marcó del Pont interviene a través del mercado mayorista. Es decir, aquél en el que la demanda se conforma básicamente por los compromisos de pago de los importadores, por las necesidades de las entidades bancarias para abastecer al segmento minorista y por la de aquellas empresas que deben girar divisas al exterior.

En tanto, la oferta está conformada por los fondos provenientes de las exportaciones, básicamente lideradas en esta parte del año por el complejo sojero.

Lo raro de la actual situación es que hasta hace algunas semanas la expectativa reinante era que, justamente por el ingreso masivo de dólares procedentes de la exportación agrícola, el Gobierno tendería a “planchar” aun más la divisa. Pero ocurrió lo contrario.

Algunos analistas, como Lorenzo Sigaut (h), economista jefe de Ecolatina, creen que el mayor ritmo de suba impuesto al dólar se debe a las crecientes necesidades en el plano fiscal.

“Se acerca la liquidación de los exportadores y entonces se deja correr el tipo de cambio un poco más, porque los impuestos sobre esas operaciones se cobran en pesos y elevan la recaudación”.

También se ha mencionado en los últimos días cierta inquietud del Gobierno en el sentido de que dicha liquidación viene algo más lenta de lo previsto, y que esta medida ayudaría compensar la situación.

Pero la realidad es que, más que bucear en los “asuntos internos”, la mayoría de los economistas ponen la lupa sobre el escenario internacional, donde muchas divisas que se habían fortalecido frente al billete verde iniciaron ahora un camino de devaluación.

Al respecto, la moneda seguida con mayor interés por la Argentina es el real brasileño.

“La suba generalizada del dólar a nivel mundial y, fundamentalmente, en Brasil -en donde llegó a niveles de 1,94 reales por unidad- plantean una opción que el Banco Central no sólo convalida sino que además no desprecia”, argumenta Carlos Risso, director de ZonaBancos.com.

“El motivo de su accionar es muy sencillo: busca no quedar atrapado en una caída del tipo de cambio que le reste competitividad”, sostiene Risso.

En la misma línea, Aldo Pignanelli, ex presidente del Banco Central, afirma que “tenemos que tener en cuenta la fuerte interrelación comercial con Brasil, en materia de producción de bienes industriales y eso, por supuesto, repercute en el grado de competitividad de cada una de las economías”.

En ese país, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina, la variable que el Central controla en forma prioritaria es la inflación, lo cual lleva a que el tipo de cambio pueda sufrir variaciones muy bruscas, como ya ha quedado demostrado con las grandes devaluaciones y posteriores apreciaciones ocurridas desde 2008 en adelante.

¿Será esta una carrera devaluatoria que obligará al peso argentino a acelerar su depreciación o se trata sólo de un “salto” de la moneda brasileña?

Si bien resulta una pregunta difícil de responder, los analistas argentinos creen que, con una economía mundial estancada, si hay algo que Brasil no permitirá es que su moneda se aprecie más de la cuenta.

“Dilma Rousseff está tratando de terminar con el ‘súper real’, un factor importante para la competitividad argentina que se ha ido erosionando”, advierte Sigaut.

En tanto, Diego Coatz, asesor de varias empresas industriales, observa “una intención devaluatoria del Gobierno brasileño, producto de la inestabilidad de la zona euro”.

Para este economista, el país vecino está tomando medidas defensivas contra el atraso cambiario “pero no es un cambio estructural, sino un acomodamiento de corto plazo y que también depende del flujo de capitales internacionales que reciba”.

En todo caso, como ocurre cada vez que la moneda del país vecino, y principal socio de la Argentina, comienza a moverse, surge entre los industriales locales la inquietud sobre si sobrevendrá una mayor pérdida de competitividad.

En este sentido, los analistas remarcan que hay que prestarle particular atención a lo que suceda de ahora en más con el real.

Y sostienen que, dado el nivel de apreciación que ha tenido el peso argentino, esta nueva aceleración no es lo suficientemente contundente como para compensar la devaluación del país vecino.

“Es cierto que la aceleración devaluatoria de estos últimos días parece fuerte en comparación con el virtual estancamiento que venía mostrando el tipo de cambio. Sin embargo, la realidad es que el movimiento que hemos visto sigue siendo muy marginal”, señala Mariano Kestelboim, economista asesor de la fundación textil ProTejer.

No obstante, destaca que esa agremiación no centra sus reclamos en una mayor devaluación, dado que existen otras medidas de protección comercial que permiten sostener la competitividad.

Una disyuntiva difícil

Ante lo sucedido en estos últimos días, la pregunta que surge es si este ritmo devaluatorio, del 2% mensual, es apenas una reacción circunstancial o si se está ante un punto de inflexión que marca el inicio de una nueva política cambiaria.

A juzgar por el mercado de futuros, la expectativa es que de aquí a un año el dólar se ubique en los $5,07.

Ello implicaría una devaluación anual del 13,8%, algo así como una suba de la divisa estadounidense de cinco a “centavitos” por mes.

Sin embargo, no hay que confundir lo que indica este mercado en el que se pacta dólar futuro con lo que el Gobierno efectivamente esté dispuesto a hacer.

Los expertos creen que, en todo caso, la devaluación será gradual para no generar inquietud social.

A fin de cuentas, como dice Fernando Marengo, economista del Estudio Arriazu, “el dólar en la Argentina es el único bien donde no se aplica la ley de oferta y demanda: cuando sube el precio la gente pide más”.

En ese sentido, Risso, de ZonaBancos, considera que “es evidente el deseo del Banco Central de contemplar un dólar más alto, y que el mismo sea acompañado por movimientos cautelosos, apenas visibles y que no arrastren una corriente compradora que le pueda terminar generando un dolor de cabeza”.

Así, los economistas perciben que el Gobierno está enfrentándose a uno de sus dilemas clásicos. Es decir:

• Seguir “pisando” la cotización del billete verde para que funcione como ancla de la inflación, de modo que la suba de precios no se acelere aún más.

• O dejar que el tipo de cambio se deslice para recuperar competitividad de la economía, aunque ello implique perder estabilidad económica.

“El peso se ha apreciado frente a todas las monedas en términos reales, es decir considerando el efecto de la inflación, diagnostica Gabriel Caamaño Gómez, del Estudio Ledesma.

Y agrega: “Contra el real, en un año se fortaleció un 24%; contra el dólar, un 10% y contra el euro, un 19 por ciento”.

Caamaño destaca que, en el actual entorno inflacionario, el margen de acción del Central no es grande: “A lo sumo podrá pasar de un plan de devaluar 7% a hacerlo un 10%, porque ya perdió el resto de las anclas contra la inflación”.

El panorama que pinta este economista no es optimista: “Este equilibro no es sostenible y en algún momento se va a terminar. Cada vez faltan más dólares y el público quiere atesorarlos. Así, seguirá el déficit fiscal o deberá haber una mayor emisión monetaria”.

En la misma tónica, Pignanelli destaca que el problema de fondo que lleva al Gobierno a acelerar la devaluación es la escasez de divisas.

“De no ser así, no se hubiesen llevado a cabo todas las medidas que se vieron en este último tiempo, tales como el control a las importaciones y los límites a la compra de dólares”, señala Pignanelli.

En su visión, “esto hace que el paralelo siga subiendo, y que se sigan aplicando nuevas restricciones como la que tuvo lugar esta semana, que establece un límite de compra de divisas de hasta el 25% del ingreso de las personas”.

En tanto, el analista internacional Jorge Castro enfatiza que la motivación de todas las recientes medidas del Gobierno apuntan a frenar la salida de capitales, algo en lo que se ha tenido apenas un éxito parcial.

“Pese a sus esfuerzos, los dólares siguen yéndose. Si tenemos en cuenta las operaciones de contado con liquidación, hay que recordar que si en octubre de 2011 se iban u$s3.400 millones, hoy siguen saliendo entre u$s1.500 y u$s2.000 millones mensuales”, agrega Castro.

¿Cómo sigue el panorama? Los analistas no se animan a pronosticar la política devaluatoria, pero sí se muestran absolutamente convencidos sobre dos aspectos.

El primero es que la inflación seguirá alta y ello constituirá un elemento de presión adicional sobre el tipo de cambio. “Se suman, en materia de expectativas, los ajustes salariales que se van a concretar de aquí en más”, apunta Pignanelli.

El segundo punto es que, aun con la aceleración de los últimos días, luce improbable que se cierre la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

Más aun, las recientes medidas restrictivas implementadas por la AFIP, tendientes a reducir la capacidad de compra de divisas, serán un factor adicional que hará que esa diferencia tienda a incrementarse.

Fuente: iProfesional

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