La investigación por el brutal asesinato de José Omar Rendón Ramírez ha ingresado en una etapa de definiciones judiciales determinantes. Tras el hallazgo del cuerpo en un descampado de Roldán, los elementos probatorios recolectados perfilan una acusación que no dejaría margen para penas menores: los dos detenidos enfrentan la posibilidad concreta de ser condenados a reclusión perpetua. Para los investigadores, no se trató de un hecho fortuito ni de un robo que “salió mal”, sino de un crimen premeditado, diseñado milimétricamente para emboscar a una víctima a la que creían poseedora de una importante fortuna en efectivo.
WhatsApp: el señuelo de una trampa mortal
El eje de la traición se habría gestado a través de una pantalla. Según la reconstrucción judicial, la mujer detenida, Agustina E., mantenía un contacto frecuente y fluido con Rendón. Los investigadores detectaron una serie de mensajes de WhatsApp en los que ambos pactaban encuentros que solían concretarse en el domicilio de la mujer o en locaciones alternativas. Esta confianza previa fue el cimiento de la trampa; el jueves del crimen, Rendón acudió a una cita de la que nunca saldría con vida.
Los encuentros se daban habitualmente en la propiedad ubicada en calle Echeverría 105, en la ciudad de San Lorenzo. Se trata de un inmueble con características de viejo conventillo, compuesto por varias habitaciones independientes que comparten espacios comunes. Fue en este escenario donde el plan criminal terminó de cerrarse: en una de esas piezas residía el otro sospechoso, Ezequiel R., quien según la fiscalía compartía largas horas de “sociedad” delictiva con la mujer para concretar el asalto al chofer colombiano.
El móvil del “dinero fácil” y un golpe fatal
La hipótesis más firme que maneja la fiscalía es que la motivación fue estrictamente económica. Ninguno de los dos detenidos cuenta con un trabajo formal o medios de vida lícitos conocidos. En ese contexto, centraron su atención en Rendón, de quien varios testigos aseguraban que era una persona que solía manejar grandes sumas de dinero en efectivo producto de sus diversas actividades comerciales y su trabajo en aplicaciones de traslado.
Cuando Rendón ingresó a la habitación de calle Echeverría aquella tarde de jueves, fue sorprendido por la espalda. No hubo oportunidad de defensa. Los peritajes forenses confirmaron que la causa de muerte fue un fuerte golpe con un martillo a la altura de la nuca, una ejecución mecánica y letal que buscó el silencio inmediato de la víctima. El objetivo era el robo, pero la decisión de matar estuvo presente desde el primer momento para garantizar la impunidad de los agresores.
La caída: cámaras de seguridad y una confesión por desesperación
El descarte del cuerpo fue el inicio del fin para los asesinos. Tras consumar el homicidio, los acusados trasladaron a Rendón hasta un camino rural paralelo a la Ruta AO12, en cercanías del Parque Industrial de Roldán. Aunque intentaron borrar sus rastros, los investigadores aseguraron contar con imágenes de cámaras de seguridad de Roldán donde se ve claramente a los dos implicados dirigiéndose al descampado para abandonar el cadáver.
Finalmente, el cerco sobre los sospechosos se cerró cuando la propia Agustina E., en un intento por despegarse de la autoría material y evitar la pena máxima, aportó el dato preciso de la ubicación del cuerpo. Sin embargo, para la fiscalía, el grado de participación y la premeditación para concretar el robo y el crimen sitúan a ambos en la misma escala penal. Con el martillo secuestrado, los rastros de sangre detectados con luminol y los videos del traslado, el camino hacia la prisión perpetua parece ser el único destino posible para los protagonistas de este oscuro episodio que conmocionó al Cordón Industrial.






