En una Argentina atravesada por la discusión sobre la cultura del trabajo, los planes sociales y la deserción escolar, en el corazón del Alto Bariloche se consolidó una experiencia que rompe todos los esquemas tradicionales: una fundación y escuela de gestión social convertida en una verdadera cooperativa productiva con más de 700 obreros y estudiantes trabajadores.
Se trata de la Fundación San José Obrero (“El Sanjo”) y su dispositivo “Fábrica de Futuro”. Durante su paso por el programa Up River, conducido por Nicolás Carugatti y Jorge Metz, la física e investigadora del CONICET María Luz Martiarena y el director educativo Matías Fernández Herrero detallaron la magnitud de un proyecto que pasó de contener a 100 personas en 2021 a conformar un ejército productivo de 700 integrantes, recibiendo el respaldo y la bendición formal del Papa Francisco.
Más fuerza de trabajo que una industria pesada
El volumen humano y productivo que mueve diariamente la fundación en el barrio Malvinas supera a la nómina de muchas industrias medianas y pesadas del país. A través de la figura del “estudiante trabajador”, la institución resolvió la brecha entre la capacitación y el sustento económico diario.
“La persona llega, aprende uno de los más de 20 oficios que dictamos y, cuando adquiere destreza, se integra a un grupo cooperativo. Fabrican, venden, calculan costos y se reparten la ganancia. No es asistencialismo: es una maquinaria de integración donde el trabajo, la educación y la familia son inseparables”, remarcó Fernández Herrero.
Con talleres de herrería, mecánica, carpintería, textil, diseño gráfico, orfebrería, chocolatería y construcción, la fundación ya actúa como proveedora formal de empresas privadas locales, como la confección de indumentaria de trabajo para el personal de reconocidas firmas gastronómicas y turísticas de Bariloche.
Fábrica de Casas: de amenaza forestal a hábitat de alta eficiencia
El proyecto de mayor impacto industrial de la cooperativa es su Fábrica de Casas, desarrollado en articulación con el INTA, el CONICET y el programa FONTAR.
La materia prima base es la madera del pino ponderosa, una especie exógena implantada en los bosques patagónicos que, por falta de manejo silvícola, suele ser el combustible principal de los devastadores incendios forestales. La fábrica transforma ese residuo de riesgo en soluciones habitacionales concretas:
- Pórticos triarticulados: Estructuras de madera para galpones, salones comunitarios y naves de grandes luces.
- Módulos de emergencia (“Sanjo Crece”): Diseñados para familias que pierden casillas en incendios urbanos. Se construyen en un solo día con 22 m² iniciales y son ampliables a 35 m² con cocina y baño a costo social (alrededor de 14 millones de pesos).
- Casas modulares listas (“Sanjo Lista”): Viviendas de 39 m², totalmente terminadas en taller con aislamiento térmico extremo para la Patagonia, listas para ser trasladadas en carretón a cualquier punto del país por unos 24.000 dólares.
El sueño de la nave industrial: producir una casa por día
Con un predio de 10.000 m² cedido por unanimidad por el Municipio de Bariloche y la declaración de interés estratégico por parte de la Legislatura de Río Negro, la cooperativa se encuentra ante su mayor salto de escala: construir bajo techo para que las intensas nevadas invernales no frenen la producción.
“El gran objetivo es construir una nave industrial de 1.825 metros cuadrados para montar una línea de ensamblaje seriada similar a las ‘Tiny Houses’ de Estados Unidos. El sueño es producir una casa por día. Esto resuelve la falta de 10.000 viviendas en Bariloche y puede abastecer a las comunidades de todo el país vinculadas al petróleo y la minería”, detalló Martiarena.
Para completar el polo industrial y educativo, la fundación busca captar inversiones privadas y de Empresas B por 2 millones de dólares, ofreciendo esquemas de padrinazgo, balances auditados externamente y beneficios de desgravación impositiva provincial y nacional.
La institución —que además sostiene un comedor comunitario con 350 raciones diarias junto al PNUD— demuestra que la articulación entre el rigor científico, el cooperativismo y la cultura del esfuerzo puede transformar la exclusión social en una verdadera potencia productiva.






