Marín en la Bolsa de Rosario

Luces apagadas, sin GPS y rezando al Papa: la odisea secreta en el Estrecho de Ormuz que salvó USD 1.000 millones para YPF

Luces apagadas, sin GPS y rezando al Papa: la odisea secreta en el Estrecho de Ormuz que salvó USD 1.000 millones para YPF

Horacio Marín rezando para pasar las mono bollas por el estrecho de Ormuz foto creada con IA
Ante 800 empresarios en la Bolsa de Comercio de Rosario, el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, reveló una historia digna de una película de espías. Para no retrasar el oleoducto de Vaca Muerta y evitar un freno que le costaba al país USD 15 millones diarios de exportaciones petroleras, la compañía contrató un buque de bandera internacional para trasladar dos monoboyas estratégicas. La nave apagó los radares, cortó las luces en plena zona de conflicto bélico y desapareció de los satélites durante 24 horas hasta cruzar con éxito.
16-10-2026 06:24 PM
Ante 800 empresarios en la Bolsa de Comercio de Rosario, el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, reveló una historia digna de una película de espías. Para no retrasar el oleoducto de Vaca Muerta y evitar un freno que le costaba al país USD 15 millones diarios de exportaciones petroleras, la compañía contrató un buque de bandera internacional para trasladar dos monoboyas estratégicas. La nave apagó los radares, cortó las luces en plena zona de conflicto bélico y desapareció de los satélites durante 24 horas hasta cruzar con éxito.

Entre gráficos de producción, proyecciones financieras y debates sobre el financiamiento privado de infraestructura, la disertación de Horacio Marín ante más de 800 ejecutivos en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) tuvo un momento que atrapó la atención absoluta del auditorio. El presidente y CEO de YPF dejó de lado los tecnicismos para narrar una trama de alta tensión logística y geopolítica ocurrida apenas dos semanas atrás, determinante para garantizar la viabilidad del nuevo oleoducto exportador de Vaca Muerta.

La puesta en servicio del ducto troncal y sus puntos de amarre en altamar exige plazos rigurosos: cada jornada de retraso en su construcción representa una pérdida directa de 15 millones de dólares diarios en exportaciones de crudo que no pueden salir de los yacimientos. Frente a una traba de provisión que amenazaba con paralizar el proyecto y generar un costo global cercano a los 1.000 millones de dólares, YPF debió ejecutar una arriesgada operación de transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz, el punto neurálgico del comercio petrolero mundial y foco de severos enfrentamientos militares en Medio Oriente.

La misión a ciegas por el estrecho más caliente del planeta

El desafío consistía en trasladar hacia Argentina dos monoboyas gigantescas —estructuras flotantes indispensables para cargar el crudo en los buques tanque mar adentro—. Las piezas debían salir del Golfo Pérsico atravesando el estrecho paso vigilado por fuerzas militares y milicias armadas.

“Contratamos a un barco de bandera de las Islas Marshall. El que lo contrató es un semigenio. Lo que sabíamos era lo siguiente: cuando el buque fuera a pasar por el Estrecho de Ormuz tenía que hacer dos cosas: apagar las luces, apagar el GPS y rezar en todas las religiones”, relató Marín, graficando el nivel de sigilo que requería la maniobra para no convertirse en blanco de hostilidades o confiscaciones en aguas internacionales.

Seguimiento en el celular a las 6 de la mañana y la plegaria a Francisco

A lo largo de varios días, la incertidumbre se apoderó de la cúpula de la petrolera. Para sortear el estrecho sin quedar en medio de bombardeos o inspecciones militares, la embarcación debía aguardar la ventana meteorológica y de seguridad precisa, manteniéndose a la espera en alta mar mientras los equipos de operaciones monitoreaban cada movimiento en tiempo real.

Marín confesó la intimidad de esas horas de desvelo: “Yo todos los días me levanto tipo 6 de la mañana para ir a YPF y teníamos en los celulares el seguimiento del barco. Y el barco siempre estaba parado. Tenía que encontrar el día exacto para entrar en la línea de flujo. Cuando vimos que finalmente encaró, sabíamos que quedaba rezar en lo que creas. Me levanté a las seis, fui al baño, miré la pantalla y dije: ‘Que no sé, que se acuerde el Papa Francisco de nosotros, por favor'”.

Desconexión satelital y el alivio de los mil millones

Apenas el buque ingresó en la boca del estrecho, la tripulación cumplió a rajatabla el protocolo de seguridad extrema: desconectó el sistema de identificación automática (AIS), apagó todas las luces de cubierta y navegó en la más absoluta clandestinidad visual y digital. Durante una jornada completa, el barco se convirtió en un fantasma: desapareció de los radares públicos, de las imágenes satelitales y de las pantallas de seguimiento en Buenos Aires.

El desenlace llegó al día siguiente, devolviendo el pulso a la conducción de la compañía. “A las 6 de la mañana siguiente prendo el teléfono y apareció el barco después del Estrecho de Ormuz, ya navegando en aguas seguras. Zafamos de perder muchísima plata y aseguramos generar valor para la Argentina rápidamente”, concluyó Marín ante el aplauso cerrado del recinto rosarino.

La insólita travesía naval no solo salvó las dos monoboyas clave para la infraestructura offshore de Vaca Muerta, sino que destrabó el cuello de botella logístico que amenazaba con postergar la llegada de divisas energéticas decisivas para la balanza comercial del país.