Impunidad que nadie persigue

Impunidad en el Coloso: cuatro barras acorralaron a un joven para robarle una camiseta de Central a la vista de todos

Impunidad en el Coloso: cuatro barras acorralaron a un joven para robarle una camiseta de Central a la vista de todos

Un grave episodio ocurrido ayer en las instalaciones del estadio Marcelo Bielsa expuso nuevamente el poder de fuego de los violentos. El accionar a plena luz del día ratifica el control que estas bandas mantienen sobre los clubes y el perímetro de las canchas, reavivando el recuerdo del despliegue de la bandera de "Los Monos".
22-09-2026 07:06 AM
Un grave episodio ocurrido ayer en las instalaciones del estadio Marcelo Bielsa expuso nuevamente el poder de fuego de los violentos. El accionar a plena luz del día ratifica el control que estas bandas mantienen sobre los clubes y el perímetro de las canchas, reavivando el recuerdo del despliegue de la bandera de "Los Monos".

El accionar de las barrabravas en la ciudad de Rosario sumó en las últimas horas un nuevo capítulo que expone la impunidad con la que operan estos grupos dentro y fuera de los estadios. Ayer, en las instalaciones del estadio Marcelo Bielsa del Club Atlético Newell’s Old Boys, tres barras bravas acorralaron y apretaron a un joven para robarle una camiseta de Rosario Central. El hecho, que ocurrió a la vista de todos los presentes, generó un fuerte repudio y dejó en evidencia la falta de control en los espacios que deberían ser de contención social y deportiva.

La escena no hace más que ratificar que las mafias del fútbol siguen activas en la ciudad, moviéndose con una alarmante impunidad y, en muchos casos, bajo la vista gorda o la complicidad directa de la dirigencia. Transitar e intimidar dentro de un estadio con esa soltura es otra clara demostración de poder territorial, un mensaje que remonta a episodios nefastos recientes en ese mismo escenario, como fue el despliegue de una bandera gigante de la banda narcocriminal “Los Monos” durante el partido despedida de Maxi Rodríguez.

Lejos de ser un hecho aislado, para muestra sirve un botón. Estos grupos violentos son los mismos que continúan manejando a discreción todo lo que ocurre en el perímetro de las canchas cada fin de semana, operando en absoluta connivencia con las fuerzas policiales.

La situación deja al descubierto una marcada doble vara en las políticas de seguridad urbana. Mientras la agenda pública y política de la región se enfrasca en discutir la prohibición de los cuidacoches o “trapitos” en las zonas céntricas y de esparcimiento nocturno, el millonario negocio de la extorsión en los alrededores de los estadios de fútbol sigue siendo un tema intocable para las autoridades.

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