La desesperación se hizo carne este lunes en las puertas de la empresa IDM en San Lorenzo. Los 120 empleados que sostienen la operatividad de la firma —incluyendo a quienes cumplen funciones críticas en la “ecoisla” dentro de la planta de General Motors— se encuentran en un estado de abandono total tras la venta de las acciones de la compañía a un grupo inversor de Buenos Aires.
Lo que en un principio fue visto como una “luz de esperanza” ante la falta de inversión de los dueños anteriores, se convirtió rápidamente en una pesadilla de silencio y falta de respuestas. Según relataron los propios trabajadores en una asamblea autoconvocada, la comunicación con los nuevos titulares es inexistente de forma presencial. “Nos manejan por WhatsApp, es una risa que después de tantos años brindados a esta empresa nos traten así”, expresaron con indignación.
Familias al límite: sin sueldo y sin obra social
El testimonio de los empleados es desgarrador. La falta de pago no solo ha vaciado sus bolsillos, sino que ha cortado el acceso a la salud. “Tenemos la obra social cortada por falta de pago. Hay compañeros con hijos con discapacidad que hoy no tienen respuesta”, explicaron. A esto se suma el colapso financiero personal: tarjetas de crédito bloqueadas, servicios públicos al borde del corte y la amenaza inminente de desalojo para quienes alquilan.
La situación económica es crítica. Según denunciaron, hace 20 días recibieron apenas un pago de 400.000 pesos, una cifra que calificaron como “migajas” y que ni siquiera saben a qué mes corresponde, dado que los recibos de sueldo presentan irregularidades. “Vivíamos el día a día, no somos ricos. Nadie se preparó para este desenlace”, confesaron ante los micrófonos de SL24.
Un conflicto que llega hasta General Motors
La crisis de IDM no se limita a su planta principal. La empresa presta servicios esenciales en la planta de General Motors, donde un grupo de operarios continúa trabajando para no frenar las líneas de producción, pero bajo las mismas condiciones de precariedad. “Los chicos de allá están en la misma situación que nosotros, la están pasando igual de mal pero no pudieron venir por la distancia”, aclararon sus compañeros en San Lorenzo.
El pedido: una voz oficial y previsibilidad
El reclamo de los autoconvocados es simple pero contundente: quieren que los nuevos dueños den la cara. Los trabajadores denuncian un “pase de facturas” entre la gestión saliente y la entrante, mientras los empleados quedan como rehenes en el medio.
“Necesitamos una voz oficial que nos dé claridad sobre cómo vamos a seguir. No podemos tomar compromisos de pago de nuestras deudas porque no tenemos nada veraz”, señalaron. Por el momento, la incertidumbre reina en los portones de IDM, mientras 120 familias del Cordón Industrial hacen “magia” para llevar un plato de comida a la mesa, esperando que el diálogo cordial que proponen sea escuchado por una patronal que, hasta ahora, solo responde con el silencio o mensajes de texto.







