San Lorenzo

La conmovedora historia de dos chaqueños que venden tortas asadas para ganarse la vida

Se llaman Sergio y Nelson y hace cuatro meses instalaron su puesto. Vienieron de Rosario escapando a la inseguridad y se ganaron el respeto y la confianza de vecinos y clientes


En una de las esquinas principales de barrio José Hernández, llegan de lunes a sábado bien tempranito y se quedan hasta la tarde. “Si el día está nubladito y hace frío, vendemos más”, aseguran. Clientes ocasionales o fijos se detienen por el semáforo de Ayohuma y Misiones y aprovechan para encargar una o dos tortas asadas.

Autos y motos estacionan a la espera de que salgan calentitas. Vuelta y vuelta. No más de cinco minutos al calor de las brasas. “¡Las tortas asadas se comen caliente, papá. No son tortas fritas!”, aclara Sergio, el mayor de los chaqueños que atienden el puesto en el semáforo de José Hernández,

Llevan cuatro meses con el emprendimiento en San Lorenzo. Antes lo hacían en Rosario, pero las amenazas y los aprietes de narcos y otros puesteros, llevaron a trasladarse al Cordón Industrial. “Acá trabajamos seguros y sabemos que volvemos a casa. La gente es distinta, mucho más amable”, aseguró Sergio.

Para no movilizar todos los días el parrillero, la mesita y demás equipamiento, buscaron ganarse la confianza del vecindario de José Hernández. “Si no nos ganamos el cariño y el respeto de los vecinos, no tenemos dónde guardar las cosas. Pedimos permiso y accedieron porque vieron que somos laburantes. Llegamos bien temprano y nos vamos a la tarde”, apuntaron.

A cien pesitos la torta asada con chicharrón, van a apareciendo los clientes. Algunos vecinos cruzan la calle y esperan que salgan calentitas de la parrilla, otros detienen la marcha de autos y motos. Nelson, el más chico de los vendedores, contó que llegó hace pocos meses desde San Bernardo, una ciudad del Chaco situada a más de 700 kilómetros al norte de San Lorenzo.

Sergio, amigo de la familia de Nelson, le ofrece techo y un plato de comida en la casita que pudo hacerse en el barrio rosarino de La Cerámica. “Me vine para acá a trabajar y así ayudar a mi mamá y mis hermanitos que se quedaron allá. En esta zona hay más oportunidades de trabajo. Allá hay una crotera bárbara”, graficó el chaqueño de 17 años.

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