La cosecha no tiene caminos

La cosecha récord prevista para este año se enfrenta a la falta de una logística vial. Las rutas 10, 11 y 25 siguen sin ser reparadas para contener a más de 1 millón de camiones.


La próxima cosecha de soja está estimada en unas 50 millones toneladas, lo que constituiría un nuevo record para el país. Sobre esta base, las aceiteras y agroexportadoras del Cordón Industrial basan su año productivo, que con tales cifras, asoma muy alentador. Incluso, las previsiones balancearían el mal período por el que atravesó el sector durante 2012.

Ahora bien, como viene ocurriendo desde hace tiempo, la logística vial no condice con una proyección de semejante envergadura.

Es que las rutas y caminos de acceso que desembocan en el complejo sojero local no están adaptadas para contener semejante cantidad de granos, y como también sucede desde que la zona se convirtió en una de las terminales portuarias más importantes del planeta, los sucesivos gobiernos no invierten para que tal cuadro se revierta.

Si se cita que este año se cosecharán unas 50 millones de toneladas, y que el 80 por ciento de ese total se trasladará a esta zona, por lo que la cifra se confirma en 40 millones de toneladas de soja.

Ahora bien, de ese total, el 15 por ciento arribará por tren, mientras que el 85 por ciento restante será por camiones, o sea, 34 millones de toneladas transitarán las rutas y caminos de acceso.

Entonces, ¿de cuántos camiones se está hablando? Si cada rodado pesado, con acoplado, contiene 30 toneladas, en promedio, se especula con el arribo de más de 1 millón de camiones.

Un 20 por ciento ingresará a las terminales portuarias y fábricas aceiteras situadas en San Lorenzo, otro 20 por ciento lo harán a las enclavadas en Timbúes, y el 60 por ciento restante, a las radicadas en Puerto San Martín, lo que significa, para esta última localidad, unos 660 mil a 700 mil camiones.

Este número final es el que deberá circular, mayormente, por el denominado Camino de la Cremería, la ruta provincial 25, que en la actualidad se halla en una gran parte destruida. De no mediar una urgente reparación de su traza, bien podría decirse que la cosecha que se avecina podría colapsar, a razón de una adecuada logística vial.

Esta traza, habilitada en 2007, posee hoy 11 mil m2 de pavimento destrozado, y su reparación demandaría una suma de 8 a 10 millones de pesos. Para un negocio multimillonario como el agroexportador, que representa uno de los ingresos de divisas más importantes para el país, una inversión de tal monto no significaría mucho, pero aun así, sigue sin hacerse. Ni la Nación ni la Provincia se hacen cargo.

Bien podría pensarse en ejecutar alguna cláusula de garantía que, por lo general, los contratos suelen tener y que promedian unos 10 años. Acá, no debería ni dudarse, pues apenas pasó un lustro desde su habilitación.

Pero este camino no es el único conflctuado, ya que el tramo de la ruta provincial 10, desde el puente sobre autopista hasta su cruce con la ruta nacional 11, está igual o peor de deteriorado. Tampoco en este caso se han cristalizado inversiones, aunque también se podría recurrir a ejecutar a un tercero para su reparación. Al menos, así surge en el contrato de concesión suscripto entre el gobierno provincial y Arssa, la concesionaria de la autopista, que impone que sea esta firma la encargada de su mantenimiento. Lo mismo ocurriría con la reparación del cruce de la ruta 11 y la 10, que está en similar situación, esto es, rota casi por completo. El que debería resolver esta situación es la firma Vial 5, la concesionaria de la cinta nacional. Pero tampoco nadie parece ejecutar esa cláusula.

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