«La Rosadita»: así es por dentro la financiera que salpica al poder político

nfobae reconstruyó paso a paso cómo se accedía a las oficinas. Ascensores internos, puertas corredizas, cámaras de seguridad. La ruta de la "cueva" más famosa de la city


No es una “cueva” cualquiera. Es la “cueva” del poder. Para operar con Southern Globe Investments (SGI) Argentina sólo se accede mediante referidos. Hay que tener un contacto adentro.

El cliente avisa, telefónicamente, a su financista de confianza para concertar la cita. La comodidad del estacionamiento que posee en Madero Center es un atractivo para pasar completamente desapercibido.

Pero el cliente tiene que pasar previamente un par de datos: su nombremodelo del vehículo y patente. Esa información la tiene el financista al cual va a ver el cliente, como también el guardia de seguridad del estacionamiento. Si esos datos no concuerdan, la persona no pasa.

Tan es así que un cliente decidió a último momento ir con otro vehículo (el de su mujer y no el suyo) y al no haberlo informado previamente, no pudo entrar. Estuvo más de media hora en la puerta entre que llamó a su contacto en la financiera, éste la pasó y chequeó la información con seguridad. Recién después pudo entrar.

Luego de dejar el auto en un espacio ya asignado por SGI a sus clientes, el mismo sube directamente desde el estacionamiento al 7º piso C. Previamente, la persona de seguridad anuncia a recepción sobre el arribo del cliente. El ascensor interno hace que nadie sepa dónde va, ni con qué motivos.

Llegado al séptimo y saliendo a la derecha, se llega al departamento C donde se ve en la puerta la chapa que dice “SGI”. Se toca el timbre, se da el nombre, y recién ahí se abre la puerta de madera. Pero no se llega aún.

El cliente queda en un cuarto encerrado entre dos puertas, la de entrada y esta nueva que lo separa de la recepción. Hasta ese momento, no se topa con ninguna persona. En ese especie de hall hay que volver a esperar a que le abran la segunda puerta. No hay sillas ni nada. Es un cuarto “pelado”.

De ahí, finalmente, se ingresa a la oficina. Rápidamente la primera imagen es la de una recepcionista y otra persona de seguridad. Se detecta la cantidad de cámaras por toda la oficina. Todo queda registrado. Inmediatamente después de anunciarse se espera ahora así al “contacto” para realizar la operación deseada.

Mientras se espera, uno puede ojear algunas de las revistas que están para calmar la ansiedad. En su mayoría, las de autos importados como Audi, Mercedes Benz, BMW, etc. La segunda opción es mirar televisión por el LED que tienen en la sala de espera.

Pasado eso, quedan dos alternativas. Una, que lo atienda su “oficial” o “contacto” o que directamente le avisen que esta vez no puede atenderlo y que irá directamente a realizar la operación financiera. Como es sabido, lo que más se hace es la compra venta de moneda extranjera sin pasar por el circuito formal.

Comprar o vender dólares en el mercado informal es una operación más que habitual en la financiera. Ya todo está aceitado para ese entonces. Se sabe cuánto el cliente va a comprar y a qué precio.

Se pasa a otro “cuarto” después de transitar por dos puertas de vidrio corredizas. Se va a una sala mínima donde está el “cajero” como si fuera un banco. Ahí, con la máquina que cuenta billetes, el tesorero cuenta los pesos que el cliente le entregó y realiza la misma operación para entregar los dólares, euros, o moneda que sea la determinada.

La oferta de billetes verdes que tenían era abundante, no tan así de euros o reales, que había que solicitarlos con anticipación.

Los billetes, curiosamente, se entregan en sobres que tienen el logo de SGI (ver imagen). Todo el trámite, si el cliente no se cruza con su financista de “confianza” y se queda a charlar 5 minutos, dura muy poco tiempo. Más tiempo no le dedican al cliente, obviamente “el tiempo es dinero”.

Así era hasta la semana pasada, ya que ahora no opera más la denominada “La Rosadita”. Infobae pudo reconstruir este tour virtual en base a varias fuentes que iban a esta financiera a realizar operaciones.

Las mismas fuentes contaron haber visto a Fabián Rossi, el marido de Iliana Calabró, quien tenía una oficina o box en SGI. Era, según relataron fuentes a este medio, “un empleado” más que ofrecía los servicios financieros a sus clientes. Infobae llamó, sin resultados, en varias oportunidades al celular de Rossi para que aclare sobre este tema.

Básicamente, los negocios que ofrecían en “La Rosadita” eran la compra y venta de divisas, apertura de cuentas en el exterior, crear sociedades en Panamá y otros paraísos fiscales y operaciones para que el cliente subfacturara exportaciones.

En este último caso, la compañía ofrecía –según comentaron clientes que pidieron el anonimato– actuar como vehículo para declarar menos exportaciones de las que realmente se hacían. La diferencia la depositaba esta financiera en el exterior en una cuenta del cliente o la traía a Buenos Aires, cobrando un porcentaje obviamente.

Fuente: Infobae

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