No fue una frase al pasar ni una crítica genérica. Mauro Piva, CEO y socio de NOVA, describió con nombre, apellido y tiempos concretos lo que significó invertir en la Argentina cuando importar maquinaria era una odisea burocrática. En su paso por La Fábrica Podcast, el empresario relató que llegó a enviar más de 300 correos electrónicos para poder traer desde Europa un equipo clave para una de las inversiones más ambiciosas de la compañía.
“Hubo momentos en los que no podíamos importar, no podíamos comprar una tuerca, el mercado estaba desabastecido”, recordó. El caso más emblemático fue la importación de un homogeneizador, un equipo que solo se fabrica en Europa y que era indispensable para poner en marcha la planta biotecnológica de enzimas que NOVA estaba desarrollando. “Estuve tres años haciendo gestiones. Recién después de más de 300 mails logré que me atendieran, explicar el proyecto y poder importar ese equipo, que era solo uno de los muchos que necesitábamos”, contó.
De un hotel familiar a una empresa industrial
La historia de NOVA no empieza en un laboratorio, sino en un hotel familiar en Cañada de Gómez. Los padres de Piva, inmigrantes italianos, trabajaron durante años en comunidad, sirviendo café, cocinando y atendiendo huéspedes. Ese entorno, lejos de los polos industriales, fue el primer espacio de contactos comerciales.
Su padre, aún sin conocimientos del agro, se animó a distribuir fitosanitarios luego de conocer ingenieros agrónomos y viajantes que paraban en el hotel. Más tarde, junto a un ingeniero químico, comenzaron a formular sus primeros productos en un pequeño depósito con piso de tierra, mezclando insumos en tanques abiertos. “Era todo muy artesanal, pero ahí empezó todo”, recordó Piva.
Esa lógica de animarse, pero con prudencia, marcó el ADN de la empresa. “Trabajar mucho, ahorrar mucho y reinvertir casi todo”, repite como una fórmula heredada de su padre y su abuelo. Durante años, prácticamente no se retiraron dividendos: solo sueldos y reinversión constante.
Invertir incluso cuando todo se traba
Ese mismo espíritu fue el que llevó a NOVA a encarar inversiones millonarias incluso en los peores momentos del país. La planta biotecnológica de enzimas demandó 12 millones de dólares, invertidos a lo largo de casi siete años, financiados íntegramente con flujo propio. A eso se sumó luego una planta de fertilizantes y, más recientemente, nuevos proyectos vinculados a biofertilizantes y nutrición de cultivos.
Pero el contexto macroeconómico no acompañaba. “Teníamos los proyectos, teníamos la decisión de invertir, pero necesitábamos importar equipos y ahí empezaba el calvario”, explicó Piva. En ese marco, reconoció que llegó a sentirse “arrodillado frente a los políticos de turno” para poder avanzar con una inversión productiva. “No estábamos pidiendo subsidios ni ventajas, estábamos tratando de invertir”, remarcó.
Un contraste con el presente
En la misma entrevista, Piva marcó un quiebre. Aseguró que hoy la situación es completamente distinta y que ya no enfrentan trabas para importar insumos y maquinaria. “Cambió en 180 grados”, afirmó, y vinculó ese cambio con un clima más previsible para planificar inversiones.
También comparó la experiencia argentina con Brasil, donde NOVA opera desde hace cinco años. Allí, explicó, la previsibilidad —sumada a la ausencia histórica de retenciones— genera un contexto donde el productor invierte más y la industria acompaña con tecnología.
Una historia que trasciende a una empresa
El testimonio de Mauro Piva expone una realidad conocida por muchas industrias del interior productivo: la decisión de invertir muchas veces existió, incluso en contextos adversos, pero quedó condicionada por reglas cambiantes y trabas administrativas. En ese sentido, su relato no es solo el de NOVA, sino el de un entramado pyme-industrial que aprendió a crecer con prudencia, reinversión y paciencia.
Desde un depósito con piso de tierra hasta plantas biotecnológicas de última generación, la historia de la empresa de Cañada de Gómez resume una idea que atraviesa toda la entrevista: el talento y la voluntad de invertir estuvieron siempre, lo que muchas veces faltó fue un contexto que no pusiera obstáculos a quien quería producir.







