Mascherano, otra víctima de la barbarie de los violentos

Como un vecino más, el papá del gran capitán de la selección, apuntó contra los jóvenes que hacen fiestas en el club Libertad y generan disturbios en la cuadra


“En este país ya no sorprende más nada”, se quejó Oscar Mascherano, el padre del futbolista sanlorecnino más famoso, Javier, para resumir lo vivenciado este fin de semana mientras, frente a su casa, se organizaba una fiesta juvenil sin los correspondientes permisos.

El pasado sábado por la madrugada, el Club Libertad de San Lorenzo, sito en calle Alem al 900, fue sede de una reunión bailable juvenil que organizaron un grupo de chicos para, según explicaron desde esta entidad, “reunir fondos” a favor de una agrupación de fútbol infantil barrial.

La diversión pasó pronto a la violencia cuando, en la vereda, se enfrentaron dos banditas que motivaron la intervención policial. Tal fue la vehemencia de estos iracundos que la fuerza del orden necesitó, para calmar la turba, disparar balas antitumultos al aire, no sin antes, sufrir el destrozo de varios móviles policiales.

“Aquí se hace (por el citado club) este tipo de reuniones, pero no se sabe si se tomaron todos los recaudos; no se sabe quién alquila el salón para estas fiestas y menos aún quien es el responsable. Es una joda, porque ahora nadie se responsabiliza de nada, y lo que yo quiero es que alguien lo haga”, resumió Mascherano, tras lo ocurrido.

Si bien el papá del gran capitán del seleccionado nacional fue algo medido con sus declaraciones (formuladas a FM 93.5), otros vecinos aportaron datos que ratifican la preocupación del barrio.

“Si bien esta es la primera vez que ocurre disturbios de esta magnitud, es habitual la realización de este tipo de fiesta y los desmanes que provocan. Se encuentran preservativos tirados en las veredas, cajas de vino vacías, botellas rotas y aberturas orinadas; eso es habitual”, relató.

Y agregó que este fin de semana la violencia escaló porque la pelea entre los chicos fue cruenta y masiva. “Nosotros nos despertamos con los disparos (las balas antitumulto disparadas por la policía), y en un momento de terminado había como cuarenta chicos resguardados en el alero de mi casa; en la calle se escuchaban corridas y gritos, decían que estaban golpeados y cortados, y en la calle se veía gotas de sangre”, concluyó.

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