Un presidente luego de 26 años

Milei eligió San Lorenzo para dar una batalla cultural y política con la historia como arma

Milei eligió San Lorenzo para dar una batalla cultural y política con la historia como arma

En el Campo de la Gloria, donde hace más de dos siglos comenzó la gesta libertadora de José de San Martín, Javier Milei no solo encabezó un acto conmemorativo: dio un discurso de alto voltaje político, cargado de definiciones ideológicas, pases de factura históricos y un mensaje directo a sus adversarios. El regreso del sable corvo al Regimiento de Granaderos a Caballo fue el disparador de una intervención que buscó reordenar símbolos, sentidos y relatos.

Estamos en WhatsApp: Podés seguirnos acá

En el Campo de la Gloria, donde hace más de dos siglos comenzó la gesta libertadora de José de San Martín, Javier Milei no solo encabezó un acto conmemorativo: dio un discurso de alto voltaje político, cargado de definiciones ideológicas, pases de factura históricos y un mensaje directo a sus adversarios. El regreso del sable corvo al Regimiento de Granaderos a Caballo fue el disparador de una intervención que buscó reordenar símbolos, sentidos y relatos.

Desde el inicio, el Presidente dejó en claro que no se trataba de una ceremonia más. San Martín fue presentado como el emblema máximo de la revolución liberal que, según Milei, rompió con un “mundo estancado, injusto y dominado por privilegios”. El mensaje fue claro: la independencia no fue solo militar, fue económica, política y cultural. Y ese espíritu —dijo— es el que su gobierno pretende recuperar.

El punto más explosivo llegó con la decisión de devolver el sable corvo a los Granaderos, una medida que Milei defendió como un “acto de justicia histórica” y que utilizó para confrontar de manera directa con el kirchnerismo y sectores del peronismo. Sin eufemismos, recordó que el sable fue robado dos veces en los años 60 por la juventud peronista, calificando esos hechos como “actos de terrorismo contra el patrimonio nacional”. La referencia no fue casual: el Presidente construyó un hilo histórico para señalar a un mismo espacio político como responsable de la manipulación del pasado y del vaciamiento simbólico de la Nación.

Milei fue más allá. Cuestionó abiertamente la decisión tomada en 2015 por Cristina Fernández de Kirchner de retirar el sable de la custodia de los Granaderos y llevarlo nuevamente al Museo Histórico Nacional. “No sorprende que quienes lo robaron hayan sido invitados a su inauguración”, lanzó, en una frase que tensó aún más el clima político y dejó en evidencia que el acto en San Lorenzo fue también un escenario de confrontación nacional.

En ese marco, el Presidente rechazó las acusaciones de “vende patria” y “colonizado” que le llegaron desde sectores de izquierda y del peronismo duro. La respuesta fue directa: acusó a esos espacios de empobrecer al país, desfinanciar a las Fuerzas Armadas, desprestigiar la defensa nacional y exprimir al interior productivo durante décadas para sostener un modelo concentrado en el Gran Buenos Aires.

San Lorenzo, lejos de ser un decorado, fue el lugar elegido para ese mensaje. Milei habló de soberanía, de ríos interiores, de la defensa del territorio y del rol histórico de San Martín al legar el sable a Rosas como símbolo de resistencia frente a las potencias extranjeras. Todo en un contexto donde el Presidente volvió a reivindicar la autoridad, el mando y el orden como pilares de la Nación.

El cierre fue contundente: el sable corvo no es un objeto de museo, es una reliquia viva, un símbolo de poder, de identidad y de misión histórica. Su custodia por parte de los Granaderos fue presentada como una señal política concreta: la recuperación de una Argentina que, según Milei, dejó de pedir perdón por su historia y volvió a plantarse frente al mundo.

Así, en el mismo lugar donde San Martín derrotó a las tropas españolas, Milei buscó librar su propia batalla: la del sentido, la memoria y el relato. Y eligió hacerlo sin medias tintas, en clave de confrontación, con San Lorenzo como caja de resonancia nacional.