El periodista y escritor Germán de los Santos analizó la mutación del fenómeno criminal en la región y describió un escenario de degradación que trasciende las estadísticas oficiales. En diálogo con Marcelo Fernández en Radio Fisherton, el autor del libro “Niños Sicarios” compartió un relato que ilustra la deshumanización total en los eslabones más jóvenes de las organizaciones: en el barrio El Tanque, tres menores de 10, 12 y 13 años asesinaron a un hombre prendiéndolo fuego, siendo el niño de apenas 10 años quien roció la nafta. La impunidad es tal que, mientras el periodista entrevistaba a la viuda, los mismos menores atacaron la casa con una bomba molotov.

Para De los Santos, este nivel de violencia no siempre está ligado al consumo de sustancias, sino a una búsqueda de pertenencia donde el sicariato se vuelve un oficio descartable. Los chicos operan con una frialdad absoluta, ejecutando a trabajadores desconocidos por apenas 300 mil pesos, dinero que luego gastan en zapatillas o cortes de pelo, alternando su vida de adolescentes con madrugadas de verdugos.
La “UTE” narco y el control de la hidrovía
Más allá de la precariedad de los gatilleros, el periodista advirtió que el negocio ha escalado hacia una sofisticación empresarial. Hoy el mercado no está en manos de bandas primitivas que se tirotean por una esquina, sino de estructuras como “Los Menores”. Esta organización funciona como una verdadera Unión Transitoria de Empresas (UTE) criminales; una alianza estratégica que ha dejado de lado las disputas territoriales para monopolizar la logística del narcotráfico a gran escala, aprovechando la salida estratégica al río y la hidrovía.
Esta profesionalización del delito se traduce también en un poder de fuego inédito para la zona. De los Santos alertó sobre el reciente secuestro en Roldán de fusiles Colt 556, armas de asalto utilizadas por los marines norteamericanos. Este armamento, capaz de perforar blindados, marca un salto de calidad en los recursos de las organizaciones que ya no solo operan en la balacera barrial, sino en la protección de un negocio regional e internacional mucho más robusto.
El Estado y la baja de imputabilidad
Respecto al debate nacional sobre la baja de la edad de imputabilidad, De los Santos se mostró a favor, pero no como una solución mágica al crimen, sino como una herramienta de intervención: “Hoy los chicos de 14 a 16 años están fuera del radar. Al ser imputables, el Estado puede identificarlos antes de que se conviertan en un problema mayor o en profesionales del delito”.
Finalmente, el autor advirtió que el negocio narco en la región sigue activo y que la aparente calma en las calles responde a un cambio de estrategia de las organizaciones, que ahora miran hacia el mercado regional e internacional, utilizando a Rosario como un nodo logístico clave.






