Correr durante apenas 10 minutos, incluso a un ritmo muy suave, podría generar beneficios inmediatos para el cerebro. Así lo determinó un estudio publicado en la revista Imaging Neuroscience, realizado por investigadores de la Universidad de Tsukuba, en Japón.
El trabajo analizó a 24 adultos jóvenes y sanos que realizaron dos sesiones en días diferentes: una permaneciendo sentados sobre una cinta sin correr y otra trotando durante 10 minutos. La intensidad fue muy baja, equivalente al 35% del consumo máximo de oxígeno (VO2 máx), con velocidades de entre 3 y 6 kilómetros por hora.
Antes y después de cada sesión, los participantes realizaron el test de Stroop, una prueba utilizada para medir funciones ejecutivas como la capacidad de controlar respuestas automáticas y procesar información.
Después del trote, los participantes mostraron menores tiempos de respuesta en la prueba, lo que los investigadores interpretaron como una mejora en la velocidad del procesamiento cognitivo. También informaron un estado de ánimo más positivo respecto de la sesión de descanso.
Los estudios realizados mediante espectroscopía funcional de infrarrojo cercano (fNIRS) mostraron además una mayor activación de la corteza prefrontal lateral izquierda, una región cerebral relacionada con el control cognitivo, el lenguaje y la regulación de las emociones.
Otro de los hallazgos fue que el movimiento vertical de la cabeza durante el trote se relacionó con la mejora del estado de ánimo. Los participantes que registraron una mayor aceleración de la cabeza tendieron a mostrar cambios más marcados en su humor.
El estudio amplía investigaciones anteriores del mismo grupo de científicos, que ya habían observado beneficios cognitivos y emocionales después de realizar 10 minutos de carrera a una intensidad moderada. En este caso, los investigadores comprobaron efectos similares incluso con un esfuerzo considerablemente menor.
Sin embargo, los autores remarcaron que los resultados deben interpretarse con cautela. La investigación incluyó solamente a 24 personas y se realizó bajo condiciones controladas de laboratorio. Además, no permitió determinar cuánto tiempo permanecen los efectos después del ejercicio ni si los mismos resultados se producen en adultos mayores o en personas con problemas de salud.
El principal aporte del trabajo es que los beneficios cerebrales del ejercicio podrían aparecer incluso con una actividad física breve y de muy baja intensidad, sin necesidad de realizar entrenamientos exigentes.







