Palometas atacaron a 60 bañistas en la costa rosarina

El caso más grave fue el de una nena de 7 años que sufrió la amputación de una de las falanges de un dedo de la mano izquierda. Derivada al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, la chiquita fue dada de alta luego de curaciones y la aplicación de antibióticos.


Desde las 9.30 hasta alrededor de las 13, personal del Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (Sies) apostado en el lugar atendió sin parar a los heridos (el 30 por ciento jóvenes y siete niños). Salían a los gritos y ensangrentados del agua, en un área delimitada por los bares del lugar donde, supuestamente, se produjo un cebadero de palometas. El paramédico Gustavo Centurión dijo que era «la primera vez» que se daba ese fenómeno en la temporada y que «esta vez había sido muy agresivo». La aclaración marcó la diferencia con un hecho similar ocurrido en 2008, cuando también un ataque masivo de palometas en la rambla dejó como saldo a 40 personas heridas en sus talones, pies y manos.

Los guardavidas advirtieron a los bañistas de la situación y por unas horas la gente salió del agua, pero el público se renovó y se siguió zambullendo. Por eso hubo que apelar a la ayuda de la Guardia Urbana Municipal (GUM) y la policía apostada en un destacamento de la zona para controlar la situación.

¿Por qué atacan masivamente esos peces y en esa playa en particular? Hay varios argumentos en danza: especialistas ambientales aducen que la pesca indiscriminada alteró la cadena alimentaria y, por tal motivo, la palometa, un ejemplar de la familia de las pirañas, sale a comer «lo que puede». Otra explicación refiere a que el pez es atraído por los restos que dejan los pescadores en la orilla. Una más sostiene que en ese punto del río se produce una curva que lentifica el curso de las aguas. El fenómeno, más el calor que incentiva la actividad biológica de las especies y la bajante de la cuenca del Paraná (2,71 metros, cuando su nivel habitual es de unos 4), crearían un escenario propicio para que esos peces naden y mastiquen a sus anchas.

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