Para el dueño de La Rosa, “en Rosario no hay trata”

Eso dijo el Indio Blanco en la declaración indagatoria que le tomó la jueza Rodenas.


Explotación económica y facilitamiento de la prostitución. Eso sospecha y cree haber probado la Justicia de él y por eso desde la madrugada del 25 de mayo está detenido en una celda carcelaria. El Indio Blanco, apodo del dueño del cabaret La Rosa Juan Cabrera, negó todos los cargos ante la jueza Alejandra Rodenas, ensayando una defensa todo terreno de su actividad comercial. “Tengo todo en orden como cualquier otro negocio de Rosario. Ahora que está en boga el tema de la trata, sé de las nuevas leyes nacionales y provinciales. Trato de hacer el trabajo lo mejor posible. No soy un kamikaze”, se defendió.

El testimonio del acusado resulta el único detalle que va contra la corriente del fallo. “Sólo gano dinero del ingreso a La Rosa, el consumo de bebidas y el 50 por ciento de lo que beben con las alternadoras. También gano dinero alquilando la habitación del hotel. No participo en la negociación entre las relaciones sexuales de las chicas y sus clientes, de eso me desentiendo”, dijo ante la atenta mirada de la jueza.

Con las actas de la Dirección de Trata, donde efectivos disimulados entre clientes, y otras pruebas como los videos de las cámaras de seguridad y testimonios de prostitutas y sus acompañantes, la jueza lo procesó por los cargos mencionados porque cree en principio probada el vinculo económico. Pero además Rodenas debió escuchar parte de la historia de vida del imputado que, siempre tentado a contar su derrotero por el mundo marginal de la prostitución, encendió su locuacidad frente a un auditorio novedoso.

“Había dos personas que nos decían Indio, el indio Negro era el dueño de un boliche llamado Indian y yo, que para diferenciame me decían el Indio Blanco”, dijo.

Sin desperdicio el detenido dejó un listado de frases en su defensa que por el momento mucho no sirvieron. Desde agosto del año pasado la Dirección de Trata trabaja con el fin de transparentar si el hombre de 52 años, nacido y criado, según le confesó a la jueza, en un prostíbulo de la ciudad, se quedaba con la mitad de lo que recaudaban “sus chicas”.

“Yo veo que se desconoce la idiosincrasia y la mentalidad de las chicas que se prostituyen, se desconoce mucho sobre el tema, en particular en los legisladores o los policías. Yo creo que se largan a legislar sin conocer un ápice lo que es el mundo de la prostitución. ¿Por qué un legislador cree que una prostituta no puede comprar una Nike a su hijo o mandarlo a la Dante Alighieri?, ¿porque es puta?”, le dijo el Indio a la jueza Rodenas.

Pegado a La Rosa hay un hotel. Las chicas lograban pactar con sus clientes y se iban al lado a consumar el trato. El hotel, inscripto a nombre de su ex pareja, era administrado por el Indio. Y, según lo que surge de la investigación, aparentemente solo se permitía el ingreso de parejas formadas en el cabaret. Esto le consta a la Dirección de Trata que buscó corroborar su funcionamiento intentando que una pareja de oficiales que simulaban ser amantes, se hospedaran en esas habitaciones. No se lo permitieron: “el hotel es solo para las parejas que salen de La Rosa”, les dijeron.

“Al hotel lo administro porque me es conveniente y porque está dentro del rubro”, le dijo Cabrera a la jueza. “Si pudiese fabricaría preservativos o consoladores o ropa erótica”, graficó.

El dueño de La Rosa confió en la indagatoria que tenía inspecciones municipales, que estaba todo en regla, que no explotaba mujeres, que ellas tenían un contrato de locación de servicios firmados ante el API, que es “lo que se pide para funcionar una whiskería y cabaret, de eso mandan copias a la Municipalidad, porque lo primero que hacen es constatar que cada chica tenga su contrato”.

En La Rosa contrataban a un agente de la Dirección de Tránsito como servicio adicional, tenían seguridad y encargados. Y por las dudas también pagaban un servicio médico de Urgencias, que aseguraban la salud de las chicas y sus clientes.

Cabrera finalizó su descargo haciendo una semblanza de su actividad, manifestando que es “un laburante”, que 30 familias dependen de su negocio, que todas “las chicas” lo quieren, que él las adora –les ha comprado televisores, les ha salido en garantía por sus casa, las ha defendido ante maridos que las maltrataban–, que las defiende “a muerte”, que su parte obsesiva con ellas no es de “fiolo”, que “colabora para que ellas trabajen más”.

Sin embargo más allá de su defensa el juzgado afirma que eso “se desvanece frente al material probatorio”, a saber: “Las constancias del trabajo de encubierto llevado a cabo por personal policial de la Dirección Especial de Prevención y Sanción del Delito de Trata de Personas del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Santa Fe, las constancias del allanamiento practicado en el local La Rosa y el Hospedaje contiguo, y los dichos relacionados con el funcionamiento expresados por los empleados del local, por algunos de los clientes que se encontraban allí al momento del allanamiento y por todas las víctimas allí rescatadas.”

Por ultimo y más allá de la defensa del imputado, según la jueza puede darse por “probabilizada la efectiva posesión y administración por parte de Cabrera del local “La Rosa” y el “Hospedaje” contiguo a él, así como sobre los negocios y actividades comerciales que se llevan a cabo allí, dentro de los cuales habrá de incluirse el de los servicios sexuales onerosos prestados por las alternadoras que allí trabajan, con pleno conocimiento, facilitamiento y activa participación del imputado en su cobro, administración y usufructo (percibiendo el 50% de dichos servicios), todo lo cual hace lucir al descargo de Cabrera como un mero artilugio defensivo tendiente a mejorar su situación procesal”.

“En Rosario no hay trata. Tal vez sí en los pueblos. Muchas chicas vienen de un privado y piensan que comparten la ganancia. Yo solo les cobro el alquiler de las piezas. No me quedo con nada de ellas”, intentó defenderse.

https://youtube.com/watch?v=pEgmUddAAT0

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