“Pedro Rodríguez tenía información clave para detener a Manuel Casado”

El juez Otmar Paulucci reveló cuáles fueron los testimonios en los que se basó para condenar a represores de San Lorenzo.


El Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) de Rosario condenó, el 8 de agosto, a ocho años y seis meses de prisión a los tres acusados en el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura en San Lorenzo contra Manuel Casado, quien falleció en junio luego de declarar en el juicio oral. Las condenas recayeron sobre Cervera y Maderna, quienes fueron jefe y subjefe del Batallón 121 de Arsenales de Fray Luis Beltrán, y sobre Rodríguez, asesor legal del municipio en aquellos años. Los tres fueron condenados por los delitos de privación ilegítima de la libertad, calificada por su carácter de funcionarios públicos y por mediar violencia y amenazas, en concurso real con la aplicación de tormentos, calificado por ser la víctima un perseguido político. En los casos de los militares retirados, estos fueron condenados en su condición de coautores de esos delitos, mientras que Rodríguez fue encontrado “partícipe necesario” de los mismos.

El breve diálogo que encabeza esta nota fue revelado a LaCapital por quien fue presidente del TOF1, el juez oral federal Otmar Paulucci, entre otros testimonios que lo impresionaron o conmovieron durante todo el juicio.

En una extensa charla con este diario, Paulucci explicó que la causa de San Lorenzo fue distinta a otras en las que le tocó intervenir (ver nota vinculada), no sólo porque se trabajó sobre el caso de una sola víctima que sobrevivió a los tormentos —aunque no al juicio—, sino por la especial participación del abogado Rodríguez, alguien que trabajaba en el mismo ámbito de la víctima y que decidió por voluntad propia ponerse del lado de los represores y entregar al sindicalista.

Secuestro. Casado el 25 de marzo de 1976 fue secuestrado en la calle y llevado a la Intendencia, hasta que lo alojaron en el batallón. Un mes y medio después fue liberado, antes fue torturado y cesanteado del municipio. Su secuestro se produjo en Urquiza y San Martín de San Lorenzo, en pleno día, y fue Rodríguez quien lo apuntó.

“Puede preguntarse por qué a Rodríguez se le dio la misma pena que a los que ordenaron la detención y la tortura. Porque su colaboración fue más importante; porque era el que realmente tenía la información clave para detener a Casado. Era la llave. Si él no decía nada, no encontraban a la víctima. Y no era un empleado que se asustó y colaboró por miedo a que le pasara algo a él. Sabía lo que hacía, y es más; después obtuvo un ascenso en la Municipalidad”, razonó Paulucci.

Los militares buscaban colaboración interna dentro del mismo municipio. El primero en ser tentado fue el entonces intendente de la ciudad, Luis Reynaldo Vivas, quien también prestó testimonio en el juicio. Vivas contó que la madrugada del golpe de Estado fue sacado de su casa por un grupo del ejército que lo llevó hasta la Intendencia, donde lo esperaban Cervera y Maderna.

Testimonio. El intendente estaba en funciones cuando se produjo el golpe. Había sido elegido en elecciones democráticas y como tal, ejercía. Hasta que brindó su testimonio en la causa no había declarado ni denunciado nada. En su testimonio contó que Cervera y Maderna le dijeron si quería colaborar con ellos, y que preguntó por la presidenta; le dijeron que no estaba y entonces les respondió: «Yo no tengo nada que hacer acá. Esto es un golpe de Estado, a mí me eligieron por el voto. Me voy a mi casa». Se fue y al otro día lo “chuparon”, lo llevaron a la Jefatura de Policía y lo tuvieron detenidos algunos días.

Según el juez Paulucci, “cuando a Vivas le preguntamos por Rodríguez nos contestó que era su asesor y que compartía la militancia en una unidad básica con ellos. «Hubo algunos que volvimos a nuestros lugares y otros que colaboraron», dijo tranquilo, sin estridencias. Le preguntamos de qué manera consideraba que habían colaborado. «Y, bueno, Cervera y Maderna recién llegaban; Rodríguez conocía a todos los militantes. Era el que sabía quién era cada uno», respondió entonces el ex mandatario. De hecho, el abogado fue ascendido después de eso”, insistió el juez.

“Por supuesto, Vivas no volvió a tener más ninguna relación con Rodríguez. Para el ex intendente, el letrado era «un traidor, no sólo a la causa, sino a las personas», y nos dijo que no podía verlo de nuevo en la actividad política”, contó Paulucci, quien guarda una especial sensación: “A mí Vivas me sorprendió mucho. No era un tipo que venía a pedir una indemnización por los días que estuvo preso; era un hombre resignado que en un momento no quiso colaborar y sencillamente se fue a su casa. Por eso lo fueron a buscar al día siguiente, lo que muestra cómo era el sistema. ¿Quién lo podía ir a buscar a Vivas al otro día a la casa sino los que lo habían convocado a colaborar? El se negó, pero Rodríguez no, y marcó al primero y al único, que era Casado”.

Otros relatos. Ese fue el testimonio de Vivas; lineal, tranquilo, después hubo otros como el de la hermana de Casado que contó lo que dijo Rodríguez. “Venía un grupo de soldados, a eso de las cuatro de la tarde en San Lorenzo, y dijo «aquél es Casado». Lo levantaron, lo llevaron a la Municipalidad (hay testigos de que estaba golpeado). Le pidió a Rodríguez, le dijo, porque eran conocidos de la Municipalidad: —Pili, por favor, decile a esta gente que yo no hice nada.

—No… ésta es la última tuya.

De ahí fue trasladado al batallón (donde se pierden los testigos). Ahí fue golpeado de acuerdo a lo que se prueba, después torturado y llevado a la Jefatura de Policía, donde fue interrogado nuevamente por Cervera, en presencia Maderna y de Rodríguez. Ese fue el derrotero de Casado.

Los condenados seguirán en libertad hasta que quede firme la sentencia. “Supongo que apelarán al Tribunal de Casación y cuando quede firme, tendrán que cumplirla. Generalmente, cuando llegan a la mitad de la condena y su conducta y concepto son buenos, empiezan con salidas transitorias”.

 

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