¿Dónde están las autoridades?

Por qué la Nación mantiene un sorprendente silencio en torno a la huelga de los aceiteros

Con los puertos parados y la pérdida de miles de millones de dólares por falta de exportaciones, más la parálisis casi completa de la cadena de comercialización de la soja, nadie parece dispuesto a mediar para superar diferencias y encauzar esta estratégica actividad económica


Es curioso que el gobierno nacional deje librado a la suerte el conflicto surgido en el complejo sojero, corazón del andamiaje económico del país y centro neurológico para el financiamiento de la Estado argentino.

Hace semanas que la  mediación trazada por el Misterio de Trabajo de la Nación acabó en la nada y en consecuencia la cartera laboral se resignó a continuar interviniendo; desde entonces los sindicatos que proclaman reivindicaciones salariales se declararon en huelga y las plantas fabriles y las terminales portuarias están paralizadas.

Hoy no carga un solo grano en los buques, ni se produce aceites o harinas, ni se deja ingresar un sólo camión o vagón ferroviario a las terminales; ergo, todo está parado.

Los barcos anclados en rada a la espera de sus cargas ya superan al centenar y los camiones que trasladan las cosechas, miles.

Los productores agropecuarios alzaron sus voces de preocupación y también los empresarios nucleados en las cámaras que participan en la comercialización de esos productos.

Los sindicatos en lucha piden recomposiciones salariales diversas y las agroexportadoras aseguran que son desmedidas e imposibles de satisfacer.

Todos participan, exponen, reclaman y opinan, menos el gobierno nacional que, mientras el conflicto recrudece por la cantidad de días de inactividad y las pérdidas económicas se acumulan por millones, prefiere apostar por el silencio.

Está claro que no quiere mostrarse apostando por algún sector. No desea enfrentarse con los gremios afín de mantener su postura “ideológica” y tampoco con los empresarios que son lo que generan el grueso de dinero para sus arcas. Pero la falta de conducción provoca un desgaste innecesario y consecuencias graves en el mundo comercial.

Tener varado un barco durante tantos días no sólo provoca una pérdida económica por costos del flete, sino que afecta a la imagen de sus puertos.

¿Cómo hacerle entender a un extranjero que existe una demora que ya data de dos semanas porque un grupo de empleados iniciaron una huelga por mejoras salariales?

Otra de las consecuencias es el resquebrajamiento de toda la cadena comercialización, pues con este paro no trabaja el obrero de la construcción ni es estibador, los camioneros no pueden facturar sus kilómetros de recorrido ni las empresas prestadoras de servicios pueden cobrar un peso porque no hay servicios prestados.

Además, las administraciones locales dejan de percibir uno de sus ingresos diarios y de suma importancia como lo son el tributo por la tasa de tránsito pesado.

La situación es mucho más grave que un grupo de aceiteros protestando. Cabe preguntarse si la omisión del gobierno que encabeza Alberto Fernández no se debe a la impericia de varios de sus integrantes.

No se trata ya sólo de una discusión salarial o de la pérdida o demora en la generación de tributos y/o divisas para el país, sino de conservar la credibilidad externa e interna del complejo sojero local, centro laboral y comercial del Cordón Industrial y enclave estratégico para el funcionamiento financiero del país. Eso es lo que la Nación debe hacer prevalecer y no dejar que una discusión sectorial ponga en peligro a la “gallina de los huevos de oro”.

Alejandro Romero

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