Lucía, madre del alumno, contó que las primeras señales aparecieron cuando el nene empezó a negarse a usar el guardapolvo escolar. “Me decía que los demás no lo usaban”, explicó. Con el tiempo descubrió que no era cierto y que detrás de esa actitud había cargadas y apodos que recibía por parte de algunos compañeros, quienes lo llamaban “garrafa” y “heladero”.
Sin embargo, el momento que más la impactó ocurrió mientras organizaban el cumpleaños del chico. El festejo del año pasado había sido suspendido por cuestiones de salud y la familia pensaba reutilizar la lista de invitados que ya tenían preparada. Pero el niño se quebró emocionalmente y les pidió invitar solamente a tres compañeros de los 22 que figuraban en la lista original.
“Los chicos no me quieren”, le dijo entre lágrimas a su mamá.
Según relató Lucía, fuera del ámbito escolar su hijo tiene una personalidad completamente distinta. “Es sociable, tiene amigos, juega, pero dentro de la escuela cambia totalmente”, sostuvo.
Tras escuchar la confesión del niño, la mujer decidió escribir en el grupo de madres y padres para pedir que hablaran con sus hijos sobre el respeto y el trato hacia los demás compañeros. Algunas respuestas le sugirieron trasladar el planteo directamente a las autoridades escolares.
La madre aseguró que luego mantuvo conversaciones con docentes y directivos, donde pidió especialmente que se preste atención a las situaciones de exclusión verbal y a los comentarios que ocurren durante los recreos o momentos de juego. “No pasa solamente por golpes o agresiones físicas. Muchas veces las palabras hacen mucho daño y eso no se está viendo”, cuestionó.
Después de hacer pública su experiencia, Lucía afirmó haber recibido mensajes de otras familias que también relataron situaciones de burlas relacionadas con la ropa, las zapatillas o el aspecto físico de distintos alumnos.
Incluso recordó un episodio que terminó de alarmarla: una compañera saludó a su hijo en la puerta de la escuela diciéndole “chau fiero”.
Por último, la mujer reflexionó sobre las dificultades que, según considera, se profundizaron en los vínculos escolares después de la pandemia y remarcó la importancia del acompañamiento familiar. “La empatía y el respeto empiezan en casa”, concluyó.







