El colapso de parte de un silo histórico de la ex Junta Nacional de Granos en el puerto de Quequén no fue un hecho aislado ni imprevisible. Por el contrario, expuso crudamente una situación que, según reconocen quienes pasaron por la gestión portuaria, se conocía desde hacía décadas y nunca se resolvió: la ausencia de una licitación tras el vencimiento de la concesión.
Así lo explicó José Luis De Gregorio, ex presidente del Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén, durante una extensa entrevista en el programa Up River, conducido por Nicolás Carugatti y Jorge Metz, donde trazó un diagnóstico severo sobre la actualidad del puerto.
Una concesión vencida y sin pliego
De Gregorio recordó que la concesión de los silos de la ex Junta Nacional de Granos venció en 2022 y que hacía más de 30 años que se sabía cuándo expiraba. Sin embargo, el proceso llegó a esa fecha “con una improvisación muy grande” y sin un pliego licitatorio elaborado.
“Todos quienes pasamos por el consorcio sabíamos que esta concesión vencía en 2022. Ese era el punto donde había que dar los últimos toques a un pliego de licitación que no se hizo y no se hizo nunca”, afirmó.
Desde entonces, se sucedieron al menos cuatro prórrogas, sin reglas claras ni horizonte de largo plazo. El resultado fue previsible: cero inversiones, falta de mantenimiento y deterioro acelerado de la infraestructura.
“Hace cuatro años que no hay ningún tipo de inversión y es razonable que no la haya, porque no hay expectativa hacia adelante”, sostuvo.
Politización y falta de conducción profesional
Uno de los ejes centrales del análisis fue la excesiva politización del consorcio portuario, que para De Gregorio terminó condicionando la gestión técnica y operativa.
“Así como la actividad del puerto es absolutamente positiva para la ciudad, es absolutamente negativa la politización del consorcio”, señaló.
En ese marco, apuntó directamente contra la gestión que debía encarar el proceso licitatorio y no lo hizo, a la que calificó como “absolutamente amateur”, marcando un punto de inflexión negativo en la administración del puerto.
“Le correspondía hacer ese pliego claro, público y debatido, pero no se hizo. El amateurismo llevó a la improvisación y a prórrogas sucesivas de las que no se salió nunca”, explicó.
El derrumbe del silo: síntoma, no accidente
El derrumbe parcial del silo —que ocurrió de madrugada y sin víctimas— fue interpretado como una consecuencia directa de este escenario. Según De Gregorio, la falta de licitación derivó en ausencia de mantenimiento, exceso de operaciones y un contexto donde primaron operaciones políticas y mediáticas por sobre decisiones técnicas.
“Improvisación lleva a falta de inversión, falta de mantenimiento y a la vez a un exceso de operaciones políticas y periodísticas. Y se llega a este punto”, advirtió.
También cuestionó la rapidez con la que se limpió el lugar y la falta de peritajes exhaustivos, lo que deja más interrogantes que certezas sobre el estado real de la infraestructura.
Un puerto clave para completar cargas
Quequén cumple un rol estratégico en el sistema portuario argentino, especialmente como puerto de completamiento de carga que llega desde el Paraná, una función central para reducir costos logísticos y mejorar la competitividad exportadora.
“Somos un eslabón clave. Dificultar esa función es perjudicar los costos del país”, remarcó.
A pesar de la crisis institucional, De Gregorio destacó que el puerto sigue operativo gracias al compromiso de los trabajadores —SUPA, SOMU, camioneros y fleteros— y a contratos de dragado de largo plazo, incluso en contextos críticos como la pandemia.
Un pliego que todos quieren, pero nadie firma
Para el ex titular del consorcio, lo más llamativo es que nadie se opone a la licitación. Por el contrario, todos los actores —trabajadores, operadores privados y técnicos— reclaman reglas claras para invertir y avanzar.
“No es algo descabellado. Es un pliego que todos queremos. Es insólito que no se haga”, afirmó.
Incluso sostuvo que los equipos técnicos locales están plenamente capacitados para elaborarlo en poco tiempo.
“Hay gente preparada para hacer ese pliego en una semana. En una semana, después de pasar cuatro años”, enfatizó.
Un problema que se repite en otros nodos estratégicos
En el cierre, De Gregorio vinculó la situación de Quequén con otros procesos inconclusos a nivel nacional, como la hidrovía o el puerto de Buenos Aires, sugiriendo que no se trata de casualidades, sino de una lógica que atraviesa la infraestructura logística del país.
“El futuro de nuestro país depende de los puertos y de las vías navegables. Y esto no se está entendiendo”, concluyó.
El derrumbe del silo fue apenas el disparador visible de un problema mucho más profundo: cuatro años sin licitación, sin reglas claras y con decisiones postergadas que hoy se pagan con infraestructura colapsada y competitividad en riesgo.







