#RecambioDeAutoridades El peronismo de San Lorenzo sigue sin hallar el timón opositor

Desde 2007, los ediles del PJ mantienen una tibia actitud, agudizada en los últimos dos años con el ingreso de Reynaldo Díaz, quien llegó al cuerpo criticando esa “pasividad” y terminó tomándola como insignia de su gestión.


Por Alejandro Romero. El justicialismo sanlorencino sigue sumido en una profunda crisis dirigencial. Así lo demuestran los últimos resultados electorales en los que los candidatos propuestos perdieron una y otra vez a manos del oficialismo; algunas elecciones con más votos que otras, pero siempre resultaron perdedores.

Es más, en la última contienda provincial, donde se puso en juego la intendencia y cuatro bancas del Concejo Municipal, apenas si logró sostener la única que ponía en juego; respecto a la intendencia, su candidato, Hugo Bruscaglia, obtuvo uno de los peores resultados de los últimos años, llevando su “techo” a bastante menos de lo que conseguido por la ex mandataria Mónica de la Quinta.

Precisamente, De la Quintana, tan “criticada” y “apuntada” desde el interior del partido, sigue siendo la dirigente que más votos cosechó desde 2007 a la fecha; o sea que durante ocho años y no menos de cinco procesos electorales (más sus correspondientes internas partidarias), nadie aún superó esta barrera.

Ahora, bien, para concentrarnos en la actuación del peronismo en el Concejo Municipal, está bien decir que se registra un panorama similar, no solo por su crisis electoral (en 2009 el PJ no pudo incorporar un solo edil, en 2011 renovó una sola banca, y lo mismo en 2013 y 2015), sino también representativa.

Es que hace largo tiempo que sus referentes no son “rivales”, o más bien, mantienen una muy “tibia” oposición.

Para centrarse desde la última elección (2013), María Claudia Mariani mantuvo su postura, distante del PJ ortodoxo del traferrismo y compañía, y planificó su labor legislativa a base del unipersonalismo.

En el caso de Reynaldo Díaz, surgido del seno traferrista, prometió un rol opositor que jamás cumplió. La tibieza con la que abordó cada temática legislativa lo hacía parecerse más a un miembro del oficialismo que al de la oposición. Con un bajo perfil, prefirió mantenerse distanciado del discurso partidario y ello quedó evidenciado este año en las PASO, donde fue categóricamente derrotado para el cargo de intendente. Ahí pagó su factura.

Tal es esta crisis representativa que, desde 2007 a la fecha, los ediles más opositores no fueron peronistas; Pedro Rodríguez, durante el poco tiempo que detentó su banca,  y Rubén Bazzani, su compañero de fórmula, fueron los que asumieron ese rol, al que luego se integró una mujer que llegó de la mano del raimundismo, como lo fue Marcela Lozano.

Si para la militancia o el electorado peronista el rol desempeñado por María Claudia Mariani no fue satisfactorio, a entender por su “restringida oposición” demostrada en sus ocho años de concejal, la de Reynaldo Díaz es menos digerible: el hombre que llegó al cuerpo criticando esa pasividad, en poco menos de un par de meses, se decidió por tomarla como insignia de su gestión.

Este 10 de diciembre, el Concejo renovará sus bancas y el peronismo, en particular, deberá resolver si Alejandro Cabral o Soledad Chiodín, discusión mediante por cupo femenino, será el próximo edil que represente sus intereses. Experiencia mediante, el partido debería debatir  concienzudamente para evitar caer en errores similares.

La falta de un liderazgo en la oposición es cada vez más evidente y hasta casi asfixiante para la vida democrática de la ciudad. Mientras tanto, el oficialismo, saca provecho.

 

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